Cortázar en esteroides

Piensa en esto: cuando te regalan un iPhone te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un iPhone, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, de Cupertino con metal de aluminio anodizado; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te meterás al bolsillo y pasearás contigo. Te regalan –no lo saben, lo terrible es que no lo saben–, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo [...]. Te regalan la necesidad de actualizarlo para que siga siendo un iPhone [...]. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu iPhone con los demás smartphones. No te regalan un iPhone, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del iPhone.

Julio Cortázar (y pensar que le atribuía todo esto a un simple y monofuncional reloj de pulsera).

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