Libros de aeropuerto

Hay una o dos estanterías de libros en cada kiosco en los aeropuertos.  No sé quién haga la selección de esos libros, pero sin duda en su mentalidad estará que en tan poco espacio habrá que vender los libros que atraigan al mayor número de consumidores. No por nada, sigue el incombustible Dan Brown vendiendo bestsellers, y también hay libros escritos por famosos: la chica hindú de The Office, el comediante Anzi Ansari , y la actriz de Twilight, pero no la protagonista, la que era amiga de la novia del vampiro. También, como no, había los libros de autoayuda y algún que otro manual para triunfar en los negocios.
No, esto no es una diatriba en contra este tipo de libros, tampoco tengo interés en recalcar la importancia de traer de vuelta la literatura y filosofía clásica, o a autores consagrados por la crítica. ¿Quién soy yo para juzgar un libro por su tapa? A lo mejor Anna Kendrick (encontré su nombre en Google) desea compartirnos esbozos sobre la condición humana que ni al propio Séneca se le hubieran ocurrido. A lo mejor Anzi Ansari pasará al canon occidental como un  individuo no entendido por sus contemporáneos.
Los libros (por así decirlo) que la crítica literaria considera de buena calidad y que estaban en esa estantería eran los libros de los que se había hecho recientemente una película. Silencio, de Shūsaku Endō, ha existido por cincuenta años, pero a los kioscos del aeropuertos no les importó hasta que Martin Scorsese hizo una película. Ya lo había notado.
Sin lugar a duda, muchas novelas trascendentes andarán por algún lugar perdidas solo porque nadie quiso dales su paso a la pantalla grande.

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