Cortázar en esteroides

Piensa en esto: cuando te regalan un iPhone te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un iPhone, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, de Cupertino con metal de aluminio anodizado; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te meterás al bolsillo y pasearás contigo. Te regalan –no lo saben, lo terrible es que no lo saben–, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo [...]. Te regalan la necesidad de actualizarlo para que siga siendo un iPhone [...]. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu iPhone con los demás smartphones. No te regalan un iPhone, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del iPhone.

Julio Cortázar (y pensar que le atribuía todo esto a un simple y monofuncional reloj de pulsera).

Orange County CA, km 4585

Mi nuevo hogar, que aún me es extraño decirlo. Tampoco he tenido mucho tiempo para explorar ya que nada más al llegar nos fuimos de vacaciones con L (este es un post con delay). No estoy seguro como será comenzar una vida aquí, aparte de aquellos idilicos esbozos que Hollywood ha ido forjado sobre la vida en el sur de California. Seguramente no tiene nada que ver con la realidad. O tal vez sí, no lo sabré hasta que comience vivir el día a día. Pero mejor así, cuando uno llega a un nuevo sitio, es mejor no tener ninguna expectativa y así uno se puede dejar sorprender. Página en blanco y de vuelta a empezar.


Las Vegas NV, km 3955

Ni la arquitectura española del siglo XVII es más barroca que Las Vegas. Hasta el tiempo estaba recargado con 40 grados Celsius a la sombra. Por eso pasamos casi todo el tiempo dentro de los casinos; no soy muy de apostar, pero no pude evitar una traga monedas de Game of Thrones, en la que gané la friolera de $0.05 (después de apostar 20 😭) Por suerte L se llevó 90 dólares, y nos fuimos a celebrar con sushi, dumplings y seaweed. También quedé deslumbrado con un juego de pacman de 50 pulgadas, y un poco desilusionado por no ganar un enorme Charmander de peluche en uno de esos juegos de feria. Incluso para los que no apuestan, recomiendo ir, aunque si es posible en invierno.


Santa Fe NM, km 2970.

Fue un conquistador vasco nacido en Zacatecas el que fundó esta ciudad de Nuevo México en 1610 (apenas tres años después del primer asentamiento anglosajón en Norteamérica). Sus calles con casas de adobe, carrozas e incluso banderas del otrora imperio español reflejan que el acento está en la preservación de aquel pasado colonial hispano. En esta ciudad comí chocolate caliente con chile, fuimos al museo de Georgia O'Keeffe, encontramos una librería con ediciones agotadas de libros de Bolaño, y conocimos a Elías, un niño de siete años al que le gusta charlar de mitología griega y nórdica (¡adoptémoslo, L!).

 En fin nuestra estadía terminó celebrando el cumple de L con sus amigas de master. Mañana Arizona.


Oklahoma City OK, km 2298.

No había mucho que ver por Arkansas y Oklahoma, al menos alrededor de la I-40. Sin embargo lo más interesante fue visitar el museo de la mítica Ruta 66. Aunque fue retirada de la “Red de Carreteras de Estados Unidos” el 27 de junio de 1985, la ruta continúa viva en el imaginario colectivo estadounidense en forma de emigración por la gran depresión, moteros, restaurantes de los sesenta y automobiles clásicos entre otras cosas. 
Ahora rumbo a Texas y Nuevo México.


Nashville TN, km. 1074

Llegamos a las 11:30am. L se quedó trabajando en el hotel, mientras yo salí a buscar un café, con la intención de avanzar en un artículo que estoy preparando con Sergio. Sin embargo, no tardé en darme cuenta que Nashville debe ser la única ciudad en Norteamérica cuyo downtown no posee un Starbucks. En su lugar, solo hallé bares con música en vivo, tabernas a pedales, imitadores de Elvis y el museo de Johnny Cash. Aquella mañana no tenía idea lo que significaba la palabra honky-tonk, y a las dos de la tarde ya me encontraba en uno, tarareando "Sweet Child O' Mine" junto a una pareja de sesentones a mi derecha y un grupo de treintañeras de despedida de soltera en frente. Para cuando me di cuenta que mi productividad había sido nula, L llegó y me preguntó para qué había llevado mi portátil a un lugar como ese. En fin Sergio, espero que Oklahoma sea más tranquilo y se pueda avanzar en el artículo.


Washington DC, Km 0

Después de seis años, dejo de ser un vecino en la capital de los Estados Unidos. Extrañaré sus calles de letras, números y estados; el follaje y las calabazas en otoño; las embajadas, Georgetown, los museos gratis, y ese sentimiento de pueblo pequeño en ciudad grande. Para que decir lo mucho que echaré en falta las incombustibles amistades que he forjado durante estos años. Se cierra un capítulo y tengo mucha nostalgia; pero al mismo tiempo estoy muy ilusionado por la nueva etapa que comienza, y por la oportunidad de cruzar este país de costa a costa.


La Tierra Baldía

Me vine a trabajar a la biblioteca de Georgetown cuando me encontré con una copia de La Tierra Baldía (The Waste Land) por T.S. Eliot. Me puse a ojearla y me di cuenta que no era un libro de la biblioteca, no tenía registro, y por dentro estaba lleno de anotaciones y palabras subrayadas y marcadas.

Aparte de la nostalgia que me trajo de mis años de estudiante de filología inglesa, este texto me produjo más interés por la interpretación que le daba el desconocido al que le tocó analizar este poema.

Y más que su interpretación me interesa la forma. utiliza tres colores para hacer anotaciones (¿las hizo al mismo tiempo o fue un trabajo de varios días?) luego subrayó palabras claves con azul y usó un plumón verde para anotar lo que creo que son sus versos más importantes.

Luego utiliza el plumón para marcar palabras importante, y subraya medio verso. Tanta inconsistencia hace que  aunque sea unos versos que hablan principalmente de la muerte, parezcan unos versos profundamente vivos.

Japonés, segunda parte

Errante y perdido terminé en primer periplo, sin embargo, unos años después, he decidido comenzar una segunda salida en el periplo que significa aprender japonés.

El japonés es la primera lengua no romance o inglés que he decidido aprender. Evidentemente ser lingüista ayuda,  el estudio de los universales de las lenguas humanas me ha permitido entender la gramática con mucha más celeridad. Aparte de eso, estoy en pañales como cualquier mortal: miles de palabras que aprender, miles de estructuras que mi cerebro tiene que aprender a procesar, y por último un sistema de escritura completamente diferente con una combinación de símbolos léxicos y silábicos.

Aún así, ya me he lanzado. Puedo escribir oraciones simples como esta:

マクドナルド ハンバーガーべます

makudonarudo-de hanbāgā-o tabemas

Todo eso para señalar que como una hamburguesa en McDonald's (que por cierto no me como una hace años).

McDonald's (マクドナルド ) y hamburguesa  (ハンバーガー) son palabras extranjera por lo que usan katakana (cada símbolo es una sílaba).

Las partículas de localización () así como la de objeto directo () y la terminación del verbo (べます) son morfemas gramaticales por lo que utilizan otro silabario llamado hiragana (aquí también cada símbolo es una sílaba).

Finalmente, nos encontramos con kanji. Kanji son los caracteres prestados del chino, en el que cada símbolo representa una idea, en este caso comer (). Al ser léxicos, cada símbolo puede tener diferentes pronunciaciones.

Poco a poco y dentro de unos años tal vez pueda tener una conversación básica. No me importa. No tengo ninguna prisa.

Libros de aeropuerto

Hay una o dos estanterías de libros en cada kiosco en los aeropuertos.  No sé quién haga la selección de esos libros, pero sin duda en su mentalidad estará que en tan poco espacio habrá que vender los libros que atraigan al mayor número de consumidores. No por nada, sigue el incombustible Dan Brown vendiendo bestsellers, y también hay libros escritos por famosos: la chica hindú de The Office, el comediante Anzi Ansari , y la actriz de Twilight, pero no la protagonista, la que era amiga de la novia del vampiro. También, como no, había los libros de autoayuda y algún que otro manual para triunfar en los negocios.
No, esto no es una diatriba en contra este tipo de libros, tampoco tengo interés en recalcar la importancia de traer de vuelta la literatura y filosofía clásica, o a autores consagrados por la crítica. ¿Quién soy yo para juzgar un libro por su tapa? A lo mejor Anna Kendrick (encontré su nombre en Google) desea compartirnos esbozos sobre la condición humana que ni al propio Séneca se le hubieran ocurrido. A lo mejor Anzi Ansari pasará al canon occidental como un  individuo no entendido por sus contemporáneos.
Los libros (por así decirlo) que la crítica literaria considera de buena calidad y que estaban en esa estantería eran los libros de los que se había hecho recientemente una película. Silencio, de Shūsaku Endō, ha existido por cincuenta años, pero a los kioscos del aeropuertos no les importó hasta que Martin Scorsese hizo una película. Ya lo había notado.
Sin lugar a duda, muchas novelas trascendentes andarán por algún lugar perdidas solo porque nadie quiso dales su paso a la pantalla grande.