Tras las elecciones

Pasé casi toda la mañana del día siguiente haciendo terapia de grupo en dos de mis clases. Varias chicas lloraron. El estado de shock era endémico. No hubo mucho de que hablar, más que un par de dosis de ánimo, y un par de charlas sobre la resiliencia, la lucha y la rebelión.

 Ciertamente yo también estaba impresionado. Antes de las elecciones, pensaba que la estupidez humana ya no me volvería a sorprender.

Y al caer la noche siguiente, me eché en el sofá. Pensé en Isildur (en la película, no el libro) negándose a destruir el anillo arrojándolo al volcán. Luego voz de la narradora lo justifica comentando lo oscuro del corazón humano. ¿Acaso será que necesitamos el mal, solo para poder plantarle cara?, Sí no hubiera por el oscuro corazón de Isildur, no habríamos disfrutado de la trilogía de Peter Jackson.

Tal vez Trump sea un símbolo, como la esvástica. Un símbolo con el que oponerse. Un símbolo al que personas de todo el mundo miraran de frente, se opondrán y se comprometerán en actos de compasión, caridad, valentía y justicia.

Es la misma injusticia, maldad e intolerancia de siempre, diferente rostro.

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