Sobre mis días en el Olimpo

Un vendedor de maría de pelo largo , barba y subido de peso, una camarera de Pennsylvania aspirante a actriz, una playa con máquinas para hacer ejercicio, palmeras secas, parking a 30 dólares, casas de famosos que probablemente no lo eran, un sucio y poco glamuroso paseo de la fama, suvenires made in Singapur...

Esos son algunos de los bosquejos que se retienen en mi memoria después de mi viaje a Los Ángeles, California. Me pareció uno de los lugares con más estímulos audiovisuales por metro cuadrado. Al final, dejé de sacar fotos puesto que parecen imágenes que puede uno sacar de Google y fotoshopearlas con mi rostro. No creo que haya mucha diferencia. Al final, parecía que eso es lo que hacen sus ciudadanos, cambios de brillo y de contraste de la existencia, filtros para los males del alma, sonrisas escalofriantemente reales, biquinis bajo un sol radiante capaz de evaporar cualquier tormenta del espíritu. Da miedo, aquí todos parecen actrices y actores, todo es bello, todo es limpio, y reluce como en la gran pantalla. Este es el Olimpo, y estar tan cerca de los dioses parece que hace que te comportes como estos. Ilusiones de carbón.