Chile, una vez más

 “Creo en Camila, y Michelle todopoderosa”, leí en algún periódico de derecha de la capital. Estuve en Santiago cuando los guanacos se habían cansado de escupir a los pingüinos, y esos verdes uniformados ya dejaban ver. Era la calma después de la tempestad.

“Esa chiquilla es un títere del partido comunista” escuché decir a una señora que vivía de la Plaza Italia para arriba (que es donde en Santiago suelen vivir las clases acomodadas). Hace unos meses no sabía ni quién era ella. Pero cuando la vi con micrófono en mano, marchando en primera línea, denunciando la opresión, con cabellos sueltos y un pirsin en la nariz, me dije: he aquí señoras y señores, mi nuevo amor platónico. Tampoco soy un experto en el tema. Es probable que ella y los demás estudiante hayan cometido errores, ¿quién no?. Pero recuerdo lo que me dijo mi primo: “estés de acuerdo o no con la forma de actuar, es bueno saber que habrá niñas que en el futuro aspiren a ser como Camila Vallejo en lugar de aspirar a ser como Paris Hilton.”

“No sería justo que los pobres financiaran con sus impuestos la educación de los sectores de mayores recursos.”, dicen los líderes chilenos cuando los estudiantes pide educación gratuita. Pero digo yo, ¿acaso es más justo que los ricos se lucren con los intereses que les roban a los pobres para así poder costear una educación que encima suele ser de pésima calidad?

Por eso necesitamos gente como Camila.Espero que sigan brotando más paladines y paladinas que luchen contra los que no se quieren bajar de sus nubes de poder. Por eso, ella y todos los que estuvieron ahí en primera línea este año, se han ganado mi respeto.

Y por eso hoy la saludo.

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