Nueva York

Nueva York. Esa ciudad que llevo escuchando desde antes de aprender lo que Finalmente he estado allí. Central Park, 5th Avenue, Wall Street, Rockefeller Plaza, Ground Zero, son lugares tan familiares para los que ven las películas de Woody Allen, como para los que ven las trillones de comedias románticas que existen en esta metrópoli.

 Recuerdo que cuando niño vi la película del pequeño ratón Fievel, que va junto a su familia de Europa a Nueva York, con la esperanza de una vida mejor sin gatos. Creo que estaba en lo cierto, ya que no vi gatos y creo haberme encontrado con un descendiente de aquel ratón, pasando entre mis piernas en el metro neoyorkino. Es que el metro o Subway de Nueva York es como las catacumbas de la Roma Imperial.

  Sin duda, Nueva York es la nueva Roma. Ahí yacen su largos coliseos de hormigón, con una concentración de poder económico y político superior a cualquier otra urbe actual o pasada.

  Nueva York me confunde. Nueva York tan bien me agobia. Esas torres que intentan llegar a Dios me daban la sensación de asfixia. Pero por sobre todo, fueron las gigantescas pantallas de Times Square las que me dieron la sensación de desconcierto. Capitalismo desenfrenado buscaba mi atención en trescientos sesenta grados. Era de día, a las once y media de la noche.

  Nueva York. No hallo la hora de volver a tus calles infestadas de muchedumbre above the ground y tus metros infestados de roedores below the ground.