Adiós al poeta cuya existencia desconocí hasta que partió al patio de los callados

Ayer murió Gonzalo Rojas, poeta chileno, con 93 años.

Nunca con vida oí hablar de él. Mi padre me dijo que era un poeta de la vieja guardia.

¿Por qué nunca lo conocí antes de que muriese? ¿Acaso vale más la pena hablar de un artista muerto que de uno vivo?

Esta mañana he estado leyendo parte de su obra. Tal vez nunca lo conocí, pero no descarto que me hubiera querido decir algo, como por ejemplo con estos versos:

Ni es tan fácil leer en el humo lo
Desconocido; no hay Desconocido. Abrieron la
tapa del prodigio del
seso, no hay nada sino un poco
de pestilencia en el coágulo del
Génesis alojado ahí. Voló el esperma
del asombro.

A parte de su afición por el encabalgamiento, no tengo idea lo que me quiso decir, ya nunca le podré preguntar. No soy muy bueno interpretando poesía, puedo intuirlo, pero nunca estoy seguro. (En mis clases de poesía paso con la nota justa) Si alguien me puede ayudar, lo agradecería.

Tal vez mi cerebro está atrofiado. O tal vez, me quiso decir: aquí tienes Pablo, placer estético desinteresado.

De todas maneras, QDEP poeta desconocido.

Manifiesto con pistolas de juguete

Soy el ciudadano medio, soy la ciudadana media. Quiero dirigirme a todos ustedes en señal de protesta en contra del gobierno y el sistema financiero. Lamentablemente, no tengo la más mínima idea de política o de economía y no tengo ninguna intención de aprender de esto en un futuro cercano. Solo estoy interesado en quejarme y no en saber por qué las cosas están mal. A parte de tener que trabajar todo el día, faltaría más que las pocas horas que tengo libres las tuviera que dedicar a entender las situación mundial. Para eso tengo medios de comunicación que me dicen lo que tengo que pensar y me entretienen con cosas que me avergüenzo de ver.

Soy de derechas y soy de izquierdas, ya que al final, quiero que el gobierno no se meta en mi vida, pero que a la vez me subvencione la pedicura de mi gato. Quiero que me paguen una buena pensión, quiero mis derechos, los míos, y los de nadie más. Quiero trabajar lo menos posible, quiero dejar de pensar, olvidarme de que enveneno mi cuerpo cada día con BigMacs y somas, quiero sentir solo placer, nunca el dolor, y no quiero que nadie me diga lo que tengo que hacer (a menos que tenga una bola de cristal o un papel y un bolígrafo). Quiero que los medios me aseguren, que todo va a estar bien, y que nunca más tendré que preocuparme de que no tendré trabajo o pensión, aunque la historia a probado que lo único seguro en este mundo es el cambio.

Al final, solo quiero que otros trabajen muy duro para asegurarme un mundo mejor. De esta manera me es más fácil culpar a los demás cuando las cosas van mal. En el fondo, quiero seguir siendo un ciudadano medio, el que nunca tendrá nombre en la tumba, ya que no tengo un nombre y tampoco me alcanza para un número.

Me quejaré y nunca propondré alguna solución estos sesenta, cincuenta o cuarenta años que me quedan de existencia.

El ornitorrinco y las Jornadas de Lingüística

Esta semana se celebró esta conferencia, y aunque pueda parecer extraño la lingüística también levanta pasiones: escuché hasta que un groupie se había ido a meter al hotel de un distinguido lingüista, (pero es un secreto).  Me gustaría, sin embargo, contar algo que aprendí de mi propia competencia lingüística.

Desde pequeño, podemos observar que algunas palabras puede que solo las escuchemos en la TV o en el habla oral, mientras que otras solo las leemos o escuchamos en libros de texto o en el colegio. Entre las palabras que escuché de pequeño predominantemente en el habla oral fueron, por ejemplo, ornitorrinco, que hasta muy tardía edad, pensé que se pronunciaba ornitorringo.

¿Tan mal oído tengo? Pensé la primera vez que tipié estas palabras en Word para darme cuenta que la /g/ era en realidad /k/. ¡Oh, hay de mí! harakiri y castración biológica en castigo pensé...

Pero no, ya que gracias a Dios, el profesor José Ignacio Hualde salió al rescate. En su presentación “Lenición de oclusivas y contraste fonémico”, este doctor de la University of Illinois at Urbana-Champaign  nos explicó que la sonorización de las oclusivas /p/, /t/, /k/ es un proceso natural en castellano tanto sincrónica como diacrónicamente.

Sé que me estoy yendo por aguas muy profundas para el lego, pero explico, la sonorización es un proceso en que una consonante sorda (esto significa que al pronunciarla no vibran las cuerdas vocales: como k, t, p, f, etc..) se convierte en una sonora (las cuerdas vocales vibran al pronunciarla: ejemplo g, d, b, r, etc..).

En mi caso, esto quiere decir que todas las veces que escuchaba ornitorrinco, no era que yo escuchara mal sino que mi interlocutor realmente lo pronunciaba con /g/ sin darse cuenta debido a la gran cantidad de consonantes sonoras y vocales que hay a su alrededor.

¿Todas las veces? No sé, es probable, ya que el doctor Hualde, nos dio un ejemplo muy similar: grabó a muchas personas que decían la palabra política en un contexto natural, en lo posible. El resultado fue que cuando nos ponía toda la frase, todos escuchábamos política, pero cuando nos reprodujo los tres últimos sonidos aisladamente, estaba claro, los hablantes lo pronunciaban /iga/, o sea polítiga.

Así que, desde un punto de vista lingüístico,  no es que no fuese amigo de lavarme las orejas, y es muy probable que las veces que haya dicho ornitorringo muy poca gente se haya percatado que había una vibración de más de las cuerdas vocales.

Panegírico a la señorita Hübner

Para celebrar el cumpleaños de mi querida amiga, la señorita Hübner, quiero dedicarle el poema que estoy por comenzar.

Será un poema de corte juanramonesco, vanguardista de toro y lomo, cargado de la belleza más perenne que unos versos puedan contener, versos libres como las jotas antes de las es y las is.

Además de vanguardista, será un poema de corte clásico, ya que es simple pensar que la ruptura no puedan convivir con sonetos endecasílabos del Petrarcilaso más áureo de la corte de Carlos V. También buscará un placer estético catártico, siempre recurriendo a las fuentes y formas clásicas, así carpeemos el diem para que no nos nementemos que vamos a mori.

Será un poema que hable del amor, pero será un amor onírico, ya que lo prosaico no es digno afear estos versos. También será un amor de miradas, de sonrisas, de intriga, en fin será ultraneoplatónico. También es importante recordar que faltas de otrografía no atentarán, contra la buena moral estética que este texto intenta propagar.

¡Ya está! Por fin he dado con todos los elementos necesarios que necesita un poema para una amiga tan especial.





Después de tres horas con el portátil en frente, lo único que se me ocurre decir es como lo haría, lo cierto es que no sé ni por dónde empezar semejante empresa. A veces se me olvida que de poeta, solo tengo el nombre.

De todas maneras,

¡Feliz cumpleaños! Señorita Hübner.

No tengo tiempo…

… para casi nada. Y eso el lo peor porque cuando hago algo que no es productivo, estoy siempre preocupado de lo que tengo que hacer.

… para leer. Es por eso que ahora me he hecho con audiolibros para sacar más jugo a las horas que paso en la carretera.

… para escribir cosas no académicas. Esto lo escribo mientras desayuno.

… para las redes sociales. Las miro, claro, pero como mucho dejo un “me gusta”,y ya casi no comento nada cuando veo un gato con una trompeta o una naranja con ojos.

… para leer noticias, ayer me acabo de enterar de lo que está pasando en Costa de Marfil.

… para ir a clases. De hecho, últimamente en su lugar me voy a la biblio a estudiar o preparar un trabajo.

La vida moderna me cansa. ¿Por qué no me puedo ir a trabajar a un rancho con vacas, corderos y plantaciones de maíz? ¿Existirá eso todavía?