Penélope

Por fin, está tarde entregué alegremente mi último examen de febrero a la profesora, sabiendo que esta tarde no tendría otra cosa que hacer que tirarme en la cama, dormir, ver la tele y no sentirme culpable porque tengo que estudiar. Antes de volver a casa fui un rato al claustro a esperar a Clara por si quería que comiésemos juntos. Cuando sale del examen me pide que la espere a que fume.

– Tú y el tabaco – le dije – ¿No sabes que los dos momentos en los que más tengo hambre es cuando acabo un examen?

–‘Pera chiqui– me dijo– mira anda y lee este poema que he escrito hace poco, se llama “Penélope”.

– Oye está muy bonito, – le dije aunque me había leído la mitad ya que era muy largo y tenía hambre –se ve que sale del corazón.

– ¡Claro! Es que yo soy una Penélope en este momento, esperando fielmente a mi amado que está luchando en la guerra de Troya

– Pero si solo está de viaje por el curro– le dije – oye, ¿y no habías terminado?

– Sí pero el amor todo lo puede, ¡qué romántico!¿no? y yo aquí esperándola sola, escribiendo poemas y comiéndome los mocos.

– ¿Comiéndote los mocos? Pero si le has sido infiel varias veces…

– ¿Y tú que crees? ¿Que Penélope estuvo veinte años tejiendo?

– Ahí le has dado… venga vamos a comer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario