Me está comiendo por dentro. Es a un secreto un secreto del porte de un cetáceo. Me muero, me muero por contarlo por todos lados. Pero no puedo. No podría contárselo a las autoridades ya que mi secreto podría causar acciones judiciales en mi contra. Tampoco podría contárselo ni a mi familia ni a mis amigos ya que esto me haría víctima del ostracismo y abandono por parte de mis pares. No, ni siquiera podría contárselo a Dios y los ángeles por temor a una reprimenda en las llamas eternas. No, mi secreto, es algo tan escalofriante, algo tan perverso y tan poco tolerable incluso en las sociedades más vanguardistas, que temo perderlo todo si lo cuento.
Y aún así, no hay forma de que me lo pueda guardar más, no puedo seguir viviendo con este secreto, prefiero el destierro y la soledad antes de llevármelo a la tumba. Necesito quitarme este peso, así que señoras y señores aquí va mi gran secreto:
Suelo desconfiar de la gente a la que le gustan los gatos.
(En especial cuando son dueños de dos o más)
¡Oh, vaya! A mí me encantan los gatos...
ResponderSuprimirjajjajaj ¡qué bueno! Reconozco que antes de descubrir el secreto tuve un poco de miedo.
ResponderSuprimir¡¡Saludos!! ;)
Que casualidad! Me pasa exactamente lo mismo...
ResponderSuprimirPero al revés!!