marzo 30, 2010

Goodbye

¿Dónde estás?

Sorry, I think I lost you.

No, no lo hiciste.

Yes I did. Don’t you remember? It was years ago, when we were happy.

¿Por qué me abandonaste?

I don’t know… maybe it was fear…

¡Te odio! Y odio como me siento esta noche.

I hope you can forgive me someday.

¿Acaso no quieres ser feliz?

I wish I could… but that would mean to be vulnerable – that would mean to be on the edge again and I don’t want to suffer anymore, I can’t go that road anymore.

No te entiendo.

Of course you don’t. We speak different languages. We were raise in different lands. My way to interact is different than yours; we act, we breath and we feel in different ways. That’s why our love is so impossible. I wish I could have had this conversation years ago when I was supposed to.

Sigo sin entenderte.

The spell is over. That was the last time we understood each other’s languages. I hope you will be able to be happy someday. We weren’t meant to be with each other. Now it’s time to go.

No quiero que te vayas.

I’m sure your wounds will heal someday. Mines aren’t supposed to for I’m not meant to be happy. Bye my love, I’ll always love you.

!No te vayas!

I’m sorry but I’m already gone.

Goodbye

marzo 22, 2010

El mascarón de proa

Jorge solía sufrir de migrañas cada vez que se encontraba en altamar, por lo que el hecho que tuviese una en ese momento sólo lo atribuía a un efecto placebo. Faltaba poco para que anocheciera. Llevaban unos diez minutos largos dando vueltas y vueltas en aquella diminuta pieza ovalada con techo de madera barnizado. Estaban dado un recorrido con otros turistas. Había un escritorio con una foto de algún difunto amigo del poeta, un globo antiguo color sepia, algunas cartas viejas, y muchos cuadros de capitanes y sus barcos. Jorge comenzaba a darse cuenta del error que cometieron al haberse detenido esa mañana a en Isla Negra. Seguro que llegarían tarde al hotel, no les quedaría tiempo para ir a cenar, además que su reunión en Valparaíso era temprano por la mañana. Raquel, sin embargo, insistió que no podían pasar por ahí sin siquiera visitar el hogar y el mausoleo del poeta, que era ahora un museo localizado a las orillas del mar en Isla Negra. A Jorge no le daba tanta ilusión estar allí como a su novia. El oleaje le mareaba, era como un taladro martillando su cabeza, a pesar que debían encontrarse a más trescientos metros de la orilla. Sin duda este joven arquitecto no entendía qué es lo que tanto le llamaba la atención a Raquel de aquel lugar. Para él, no era más que una colección de ostensiva pretenciosidad de timones, cuernos de narval, anclas y cosas exóticas que la gente pagaba por ver solo por el hecho de que en algún momento alguien se las regalo a un señor que le daba por escribir tonterías cuando estaba aburrido.

– ¿No te parece impresionante que Neruda haya decorado su hogar como si fuese un barco? – dijo Raquel con su delicada sonrisa color carmín – Estar aquí me hace sentir con más poder la intensidad de sus versos.

– A mí me da a entender que aquel que vivía aquí no era más que un pobre vanidoso – dijo Jorge con una sonrisa desabrida – será mejor que nos demos prisa, aún queda para llegar al hotel.

– Pensé que estábamos de vacaciones.

– Celebración de cumpleaños – le corrigió Jorge – recuerda que me prometiste que este viaje contaría como regalo de cumpleaños, ya que por el proyecto que tengo con la empresa, no podremos celebrarlo el mes que viene.

– Nunca estuve de acuerdo con eso – dijo Raquel.

– ¡Dijiste que lo estabas!

– Amor, si vas a casarte conmigo, tienes que aprender a saber cuándo miento.

– ¡Me mentiste!

– Mentira piadosa.

– Igual… no te entiendo.

– Si vas a entender a las mujeres, mejor que te pongas a leer a Neruda, que de todos fue el que más se acercó a ese ideal.

Jorge se impacientaba cuando se aproximaban a una discusión en la que sabía que no iban a ganar. Se quedó callado. Recordó cuando Raquel le dijo que se tenía que reír más; eso también lo irritaba. No sabía que decir, no era una persona aburrida pero es que no le interesaba absolutamente nada de lo que había en ese cuarto. La visita guiada le estaba pareciendo larguísima, el guía hablaba y hablaba con una calma de pueblerino; hablaba de fechas, anécdotas y eventos que no le interesaban en lo más mínimo. Raquel le solía hablar de la profundidad y sensibilidad de la figura del poeta, pero él no se interesaba mucho; la poesía, pensaba, al fin y al cabo eran solo palabras al aire, no hechos. Para él, eran los ingenieros, los médicos, los profesores los que cambian las cosas en este mundo, es decir, profesiones de verdad. Él como arquitecto construía casas y puentes, no como ese Neruda, que aunque no sabía nada de su vida, se imaginaba que seguramente se la pasó en esa casa escribiendo sus poemillas.

No sólo no entendía qué veía Raquel en Neruda, tampoco entendía a Raquel. Mientras la miraba embelesado sin prestar atención al guía o al grupo, se preguntaba cómo había terminado con ella. Era inquieta, unos años menor que él y le gustaba abrir las ventanas de la casa por la mañana. No le gustaba hacer planes a largo plazo. Se aburría con la prensa y las noticias tanto como él se aburría cuando lo llevaba a esas insufribles veladas de Jazz. No podía negar, sin embargo, su atractiva belleza innata; su pelo castaño, su piel canela, sus mejillas color frambuesa, su manera tan curiosa de caminar, todo le fascinaba cuando la observaba; mas al mismo tiempo era como un torbellino – no pasaba día en que no la pusiera nervioso, siempre moviéndose, siempre intentando hacer algo diferente, siempre con ese espíritu de niña pequeña. En este momento la ponía nervioso hasta esa forma tan curiosa que tenía de caminar. Eso combinado con ese ruido infernal de las olas no hacía más que sumirlo en una profunda ansiedad. Jorge, sin darse cuenta, da un largo bostezo que es percibido por casi todos. Raquel se molesta un poco.

– A ver, si vas a estar tan pesado, porque no te quedas aquí, mientras vamos al segundo piso para el resto de la visita – dijo Raquel algo malhumorada, aunque sin borrar esa alegría interna que le manaba de lo más profundo de sí.

– Como quieras – refunfuñó Jorge mientras se sentaba en un piso en la puerta y buscaba una aspirina en el bolsillo de su camisa – pero pórtate bien con la gente, no hagas alguna de tus tonterías.

Jorge se preocupaba de que Raquel siempre esta divirtiéndose y haciéndole bromas a la gente. Raquel le dio un beso en la mejilla con una sonrisa algo sarcástica y se marchó con el resto del grupo. No encontró ninguna pastilla, las había dejado en el auto seguramente. En ese momento Jorge estaba cansado de todo, ni tenía ganas de pensar en la aburrida reunión que le tocaría la mañana siguiente.

Jorge se puso a mirar alrededor para poder distraerse un poco, cuando de pronto le llamó la atención el mascarón de proa más hermoso que había visto en su vida. Estaba al lado de éste, por lo que no entiende como no se había percatado antes. Se llamaba María Celeste, o al menos eso decía bajo esta moza de madera. Era un mascarón de casi dos metros, llevaba un vestido celeste marino y un ciclatón blanco que cubría ligeramente sus pechos. Tenía el pelo castaño, largo y lacio, ojos azules intensos y una tez lechosa. Estaba sentada sobre una roca, como en cuclillas y sus suaves manos intentaban mantener su eterno equilibrio. No entendía el motivo, pero Jorge no podía evitar el dejar de contemplar aquella tan misteriosa musa. El efecto que aquella fémina de madera era algo que jamás había sentido. Casi podía escuchar un susurro que llamaba su nombre, sentía un tibio calor que manaba de sus manos de palo, y ahora las olas rompiendo fuera le sonaban como un murmullo que le calmaba el espíritu. Calma era lo que sentía al lado de María Celeste, una paz que en la vida jamás había sentido, una paz que ciertamente nunca le había ofrecido Raquel Contreras. Su migraña iba desapareciendo lentamente y su paz aumentaba al lado de esta curiosa mujer estática, tan calmada, tan hermosa que todos sus problemas parecían desvanecer. Parecía que lo cegaba con el azul de sus ojos y lo sumía en la más profunda letanía de la que nunca hubiese querido despertarse.

– ¡Jorge Mackenna, que haces mirando la estatua con cara de tonto! – gritó Raquel detrás de él para asustarlo.

Jorge efectivamente se asustó y llegó a dar un salto tan grande que se dio con aquel mascarón de proa, que a su vez, se dio con una estantería rompiendo una colección de porcelana tailandesa de valor incalculable. Al ver a su novio en el suelo, Raquel no pudo evitar reírse hasta más no poder de la situación. Jorge, por su parte, despertó de aquel extraño trance, con la angustia y la ansiedad de costumbre. Viendo semejante desastre, se puso a calcular los de aquella jugarreta que le había hecho. Su enfado no pudo con él y comenzó a dar gritos para que su novia dejase de reírse.

– Deja de llorar por los platos rotos – le dijo Raquel sin dejar de sonreír.

– Pero no te das cuenta que hemos roto la loza de Neruda– replicó Jorge cada vez más enfadado.

– Qué le importa a Neruda sus platos… está muerto, ¿no lo sabías? – dijo Raquel mientras cogía de la mano a Jorge – ¡Ya sé! Arranquémonos, el tour sigue en el segundo piso; si nos apuramos, cuando se den cuenta estaremos camino a Valpo.

– ¡No, no y no!– dijo Jorge ya alzando la voz con enfado – ¡basta! Estoy cansado de ti y tus tonterías. No nos vamos a ir, vamos a quedarnos y asumir los gastos que sean y punto final.

Por primera vez el visaje lleno de vida de Raquel se convirtió en un de espanto y desesperación. Raquel le soltó la mano, y comenzó a dar marcha atrás lentamente mientras lo miraba con angustia fijamente a los ojos. Jorge yacía en el suelo mirándola con unos ojos que parecían ligeramente arrepentidos de su último comentario.

–No…– balbuceaba Raquel tristemente – no puedo, no puedo casarme contigo.

– ¿Qué dices?

– ¡No puedo casarme con alguien que no esté dispuesto a romper algunos platos en su vida! ¡Te odio! – gritó Raquel llorando mientras se daba media vuelta corriendo hacia la salida.

Jorge intentó detenerla, le gritaba mas había salido del museo. Jorge se levantó súbitamente sin mantener el equilibrio, lo que ocasionó que se diese de bruces nuevamente en el bordillo de la puerta.

Mientras se sobaba y gemía por el nuevo golpe en la frente, levantó los ojos encontrándose con un señor sentado en un piso a su lado. Parecía tener unos sesenta años, su rostro era pálido como el de un fantasma, era calvo, llevaba una boina gris, un suéter marrón y fumaba tranquilamente su pipa mientras observaba los torpes movimientos de Jorge.

– Lo siento mucho…– dijo Jorge – prometo pagar…

– ¿Lo sientes? – le interrumpió aquel señor – espero que te refieras al hecho de estar aquí atrás junto a una inanimada mujer de madera, mientras dejas escapar al amor de tu vida por la puerta de en frente. Escúchame bien joven, si tú la dejas ir… ¡mueres! No me digas, que aún no te das cuenta que ese curioso nerviosismo que sientes cada vez que estás con ella, no es más que toda la vida que ella te transmite; esa risa, es el lenguaje de su alma rompiendo poco a poco ese corazón de piedra con que te encontró hace un año.

Jorge se quedó mirando por unos segundos ligeramente espantado, nervioso, con más de mil preguntas que le vinieron a la cabeza en aquel instante; no obstante sus palabras calaron en lo más profundo de su medula, lo que le hizo saltar de un brinco del suelo para partir corriendo hacia la puerta por donde Raquel se había marchado. En la puerta, pudo ver a Raquel a lo lejos ya entrando a la playa. Intentó gritarle, pero con el sonido de las olas no eran más que gritos en vano. Siguió corriendo por la playa, se sacó los zapatos para ir más rápido, y al cabo de unos cuantos minutos se encontraba a unos metros de ella.

Ya era el crepúsculo, Jorge le gritaba pero Raquel seguía corriendo y llorando. Jorge siguió corriendo hasta que pudo cogerla del brazo, la hizo darse vuelta, y con todas sus fuerzas le dio el beso más apasionado que había dado en su vida.

– ¡Perdón, perdón, perdón!… – dijo Jorge mientras la cogía fuertemente entre sus brazos. –Nunca quise hacerte enojar, nunca quise herirte… y perdona que no sea poeta. No tengo palabras bellas que susurrarte a tus oídos, sin embargo tengo algo mejor: te amo – te amo con locura; prometo pasar el resto de mi vida cuidándote y haciendo crecer ese amor que comencé a sentir por ti desde el primer día.

Los ojos de Raquel volvieron a resplandecer como de costumbre –ese ha sido el poema más lindo que jamás nadie me ha escrito– le decía mientras ambos se daban un abrazo apretado cerca de las olas.

– ¿Cuánto crees que nos queda hasta que el guía se dé cuenta del desastre que dejamos? – preguntó Jorge

– Con lo memo que parecía – dijo Raquel – al menos tenemos cinco minutos más.

– Pues será mejor que corramos.

marzo 17, 2010

Tres ciudades

El intinerario de un viaje de hace un par de semanas fue tan corto y tan variado que parece como si todo lo que recordara es un continuo que se projecta en mi cabeza dándome la sensación de que fue una travesía por un solo y extenso camino. Aquí dejo una de las sensaciones que me dejó cada ciudad:


Londres: un poema

To see a World in a Grain of Sand
And Heaven in a Wild Flower
Hold Infinity in the palm of your hand
And Eternity in an hour.

Traducción:
Ver un Mundo en un Grano de Arena
Y el Cielo en una Flor Silvestre
Coge Infinidad en la palma de tu mano
Y Eternidad en una hora.


Encontré este poema en el Underground, y le saqué una foto un poco borrosa, pero lo suficientemente clara para poder transcribirlo aquí.


París: un momento

Vino y queso en las escaleras de Sacre-Coeur. Esto combinado con el ambiente, los amigos, los colores y la música lo hace uno de los momentos más especiales de esta travesía.





Madrid: un menú

Conejo con cabeza al alí-oli. Un extraño manjar que venía en un menú de sólo ocho euros. Por supuesto venía con su cañita, gula del norte de entrada, pan, y de postre sorbete de limón.





Y por supuesto...

Don Quijote, Sancho Panza y yo. 
No podía irme de Madrid sin una foto con uno de mis héroe y un modelo a seguir en esta vida. Ya he visto la casa donde nació en Alcalá. Ahora sólo me falta ir a través de su ruta.


Ha sido un buen viaje.

Etymology: origin of the word "bride"

From German origin, the word “bride” in Present day English means “a woman on her wedding day or just before and after the event”, although according to Shakespeare’s Romeo and Juliet, we can see that it hasn’t always been the case. Consulting the Oxford English Dictionary, it can be found that the word is recorded to be used with this meaning from the 11th century. It is a word which has been used in the language for more than a millennium, so the meaning has not changed significantly over the decades. Nevertheless, it also indicates that during the 15th and 16th century the word also denoted a bridegroom. This is exactly the case in that example for it says “a gentleman to be her bride?” The play is believed to have been written between 1591 and 1595 the time in which the signifier “bride” could mean either a bride or a groom.

The semantic change that this word has undergone during this time is certainly narrowing. Narrowing it is the process in which a word comes to have more restricted applications. As we can see in the 15th and 16th century this word has more than one meaning, not only “groom” but also some other meaning s which were rare such as “a bridle, rein” “to mince” or just simply “a maiden” but most of them were found occasionally. This is why this meaning ended up fading: the meaning “groom” was used until the 16th century; the meaning “a bridle was only used until the 19th century and many other meaning were lost too. In conclusion, in PDE the meaning of this word was narrowed to mean what I said above. There are also some other meanings registered in PDE but they are occasionally used in a specific register or situation.

marzo 15, 2010

Zoe

¿Dónde quedó esa infinita sinceridad que un día recogiste, en aquel olvidado manantial de inocencia?
¿por qué me dices que te gusta leer, si al cruzarte con un texto, te arrancas los ojos con tijeras oxidadas?
¿por qué me dices que sueñas con libertad si no paras de ignorar su llamado?
dime algo, ¿o acaso pretendes, mientras te encuentras en el borde del abismo, ser inmortal?

Pretendes cantar sin aire, oler con la nariz quebrada,
quieres gritar cuando te has arrancado los pulmones de cuajo,
quieres alzar tus manos, (olvidas que nunca has tenido manos)
quieres sentir la vida pero no eres capaz de mirarme a la cara,
intentas volar alto, muy alto, con alas de hormigón,
intentas vivirla masticando hipocrecía, intentas venderla, intentas no verla,
intentas que se acabe...
se acabó.

Me gustaría hablarte del sol, ¿acaso soportas su luz?, ¿su calor?,
Hablemos del dolor, ¿acaso no sientes su agridulce sabor?
Hablemos de esa vida que no sientes y de los sentimientos que no vives,
¿Para qué te regalo estrellas?, si sigues soñando con piedras,
Subamos a este jumento, ¿por qué piensas que es un cerdo?

Ves pero no miras,
oyes pero no escuchas,
tocas pero no sientes,
sientes pero no vives,
estás pero no eres,
no estás.

Y ahora dime, ¿Por qué pretendes correr? (si te has quedado sin piernas)
¿Por qué corres de mi voz?, ¿por qué corres a la colina?
¿Por qué corres de ti mismo?
¿Por qué corres por una vida que no es más que el pretérito de ceniza?

Tienes miedo de la soledad; pero te burlas del amor
Tienes miedo al desaliento; pero rechazas el anhelo,
Tienes miedo a las tinieblas; ¿por qué huyes del amanecer?

marzo 13, 2010

Flor chilena

Me gustó mucho la analogía que se hizo a esta foto de una flor de Pucón en Poemas del río Wang:




El pie de página decía: "Su fuerza y perseverancia resultan ejemplares: sobreponerse a las adversidades, vencer las dificultades del entorno hostil, sin perder –a pesar de tanta lucha– la belleza, frescura y lozanía."

Sin duda, me parece un excelente símbolo de la fuerza y perseverancia del pueblo chileno.

marzo 12, 2010

Inercia

Destino quiso que este blog naciese el mismo día del fallecimiento del gran Miguel Delibes. Aprovecho para dar mi más sentido pésame a su familia. Su persona se extraña y recordará, su legado seguirá tan vivo y fresco en nuestra alma como todos aquellos que dejan huellas en las almas de los que siguen en este largo continuo pasar de almas al que llamamos civilización.

Mas su muerte también debería ser una llamada de atención a todos los que somos de letras (y también por qué no a artistas de todo tipo): ¿Dónde estamos?, ¿adónde vamos? No puedo pararme de preguntarme el porqué hemos perdido nuestro rumbo.

Inercia, esa es la palabra con la que quiero describir a mi generación. ¿Os imagináis lo que Tirso, Darío, Voltaire o Pascal hubiesen hecho con las herramientas que disponemos hoy en día? Tenemos más dinero, más recursos, más medios de comunicación y sin embargo no hacemos nada más que quejarnos. Nos quejamos de los que piensan diferentes; nos burlamos del facha o del rojo, pero no tomamos medidas tangibles para solucionar los problemas más inmediatos de la vida.

Decimos que vamos en contra de la corriente mas ¡cuán fácil es cuando todos van en contra de esta! Tenemos miedo, miedo a no encajar, miedo a estar solos, miedo al ostracismo, por eso prostituimos nuestras ideas y principios para lograr una absurda idea de amor, basada en lugar del respeto al que es diferente, en tratar de amoldarse a las ideas de los demás.

Nos han lavado el cerebro. Nos han dicho nada podemos hacer, y nada debes hacer más que estimular tus sentidos para así tener una triste alusión de felicidad, nos han dicho. ¿Quién nos lo ha dicho? Eso es lo más triste, ¡nosotros mismos! Nadie hay allí, ningún gran hermano, ninguna compañía malvada, somos nosotros mismos los que hemos llegado a este estado en el buscamos la absurda idea de que podemos ser felices a pesar de que media humanidad se encuentra en la más absorta miseria.

¡Oh, el horror!, ¡el horror!, que razón tenía Conrad con estas palabras. Eso es lo que digo cuando veo el mundo literario de hoy en día que no es más que un American Dream pasado por agua. Soñamos alcanzar las estrellas, soñamos con vender millones de obras en un instante, soñamos con el éxito inmediato, con ganar millones la noche a la mañana para así dejar de escribir y vivir en un chalet en Marbella el resto de nuestras vidas. Soñamos con impactar a millones, pero no nos interesa hacer soñar a nuestros padres, amigos o vecinos. Soñamos con ganar el planeta, cuando lo único que necesitas es un portátil e Internet para publicarte a ti mismo.

Así que antes de buscar nuevas formas, nuevas temáticas, antes de que nazca uno de esos Post Postmodernismo, un Neoneoclasicismo, un Rerrenacimiento o un Post Neorrerromanticismo del 98, sugiero que comencemos haciendo una valoración de nosotros mismos. Mirar y aprender del pasado es importante, pero no cuando se convierte en un ídolo de barro. Todos querían cambiar el mundo, ¿Por qué no lo hicieron?, ¿O sí que lo hicieron?, ¿Qué les falto? No basta con que nos hagan soñar, también tienen que hacernos reaccionar.

Antes de renovar nuevamente las letras, renovemos nuestra alma.

marzo 08, 2010

Memorias en ruinas

He pensado mucho a propósito del problema del dolor estos días, acerca del dolor sin sentido. A pesar de que hay muy poco que pensar ya que respuesta se escapa de mis manos. 

Está es una de las imágenes más impactantes del terremoto de la semana pasada:



He estado pensado, sin embargo, lo que realmente me causa ver esta imagen. Christopher Bigsby, un historiador británico, dijo que después de los ataques terroristas del once de septiembre, era palpable un turbulento sentimiento de déjà vu dando vueltas en las mentes de todos aquellos que veían el evento en vivo. Puesto que estas imágenes eran horriblemente similares a películas como Armagedón o 2012. Estamos tan acostumbrados a ver imágenes como esta en la televisión y en el cine que cuando las vemos las reales parece que ya no nos afectan en nada. Ver la miseria tanto en la vida real como en la ficción nos ha insensibilizado. Lo más triste también es que en ambos casos semejantes imágenes venden.


Por otro lado, para mí, estas otras imágenes son de las más perturbadoras que he visto; puesto que son de la iglesia y el centro de la ciudad donde nací y crecí. Innumerables son los recuerdos que atraviesan mi mente por estos lugares, recuerdos de mi niñez y mi adolescencia. Fue cerca de esa iglesia donde aprendí a hablar, donde anduve por bicicleta por primera vez, donde compraba helados en la gelatería italiana, donde tuve mi primer beso. Y ahora están destruidos. Verlo sólo me hace pensar en la fragilidad del mundo en que vivimos.

marzo 03, 2010

¡Fuerza Chile!

Ahora que acabo de volver de un viaje de una semana es cuando me encuentro con las primeras imágenes de mi país en ruinas. Estuve al tanto de lo que pasaba por mis padres, pero después de semejantes imágenes quedé impactado; jamás pensé que el caos fuese tan apoteósico. Mi región no fue de las más afectadas, y mis familiares sólo tuvieron que lidiar con cortes de luz y pérdidas materiales. Por eso sé que no puedo entender el dolor que sienten los que han perdido un amigo o un familiar en el sur; mi solidaridad está con todos ellos.

Mas no me cabe duda alguna que las cualidades del pueblo chileno son capaces de resplandecer por encima de todas las dudas. Nuestra capacidad para conciliar razas, ideas y credos es un ejemplo y una garantía de nuestro propio progreso. Sé que el país saldrá fortalecido de este desastre. Chile lo superará con sus armas de siempre: su tenacidad, su modestia y su solidaridad. Ante el horror y el desastre, solidaridad y esperanza.

marzo 02, 2010

Rubén Darío en Mallorca

Publica su obra más importante Cantos de vida y esperanza en 1905. Es una obra de madurez en la que consigue que su obra adquiera un nuevo contenido. El autor ha superado los cuarenta y ve todo de una perspectiva diferente a la de Azul. El amor y la muerte son vistos de otra forma. El título es contradictorio paradójico al contenido. Canta a la vida desde el lado opuesto, el pesimismo.

En 1906 viaja por primera vez a Mallorca. En la isla hace amistad con la familia Sureda, que trata de recuperarlo de su alcoholismo, aunque sus intentos serán en vano. Quiere deshacerse de su matrimonio con Emelina y se reúne con ella en París. Pero ella no accede y no acabará con este problema hasta su muerte.

Viaja a Nueva York, luego a Madrid, luego a México y sobre 1910 vuelve a estar por Mallorca: su salud se encuentra muy deteriorada. Su estancia en la isla es muy lúgubre puesto que se da cuenta de su alcoholismo y de su situación, su salud es pésima, y aunque la familia Sureda trata de ayudarlo, no puede hacer nada. Se alojó en la cartuja de Valldemosa, en la que muchas décadas atrás habían residido Chopin y George Sand. En esta isla empezó Rubén la novela El oro de Mallorca, que es, en realidad, una autobiografía novelada. Es un intento de novela en el que el autor halla de que esas "2 embriagueces" fuerzan el hilo de su vida: el alcohol y las mujeres que ya aparecen desde su juventud y se refleja en su obra. Ya a los veintitrés años publicó un "Elogio al Vino". Se acentuó, sin embargo, el deterioro de su salud mental, debido a su alcoholismo.