febrero 17, 2010

The Woods

I went to the woods because I wished to live deliberately, to front only the essential facts of life, and see if I could not learn what it had to teach, and not, when I came to die, discover that I had not lived.

“That was beautiful.” said Gabriel. “Did you write that?”

“No I didn’t. But you should know who did”, I said.

“Yes, yes, of course I know” said Gabriel.

“You just asked me if I wrote that.” I said, “It was Henry David Thoreau, by the way. Do you know him? One of the first anarchists in the USA? He refused to pay his taxes and went to jail because he was against the policies of the government at the time”

Gabriel stares at me with a little bit of anxiety for a while and then he said, “Speaking of taxes have you heard that…”

“Really?”, I said, “Are you going to move on just like that? Dude, you have got to learn you can’t be right all the time. Is it too hard to say for instance; ‘I voted for Bush. It was a lousy mistake but I learned the lesson and I certainly won’t do it again.’”

“Shut the fuck up! You know this is not true” he said.

“And what about that time in Reno when you…” I said but he just covered his ears and started to shout.

“You see?” I said. “That’s what I mean. That’s just a silly example, but the truth is that you can’t create the future in a mountain of denial. We all make mistakes. We all need someone else’s hand once in a while. You didn’t know that quote, who cares? I won’t think any less of you, my friend”

“Yes, I mean, I know… but it’s not like that. I thought you knew me better” said Gabriel grumpily.

“Do you even know you?” I asked him “The answer of that question is so big that it doesn’t matter if you know it yet. I’m still trying to figure it out in my own life. And it doesn’t matter anyways, you are not even real”

“What the hell are you talking about? He asked me.

“Frankly, you are just the product of my imagination. I missed so much the real Gabe that I have created you in my head and now I’m just having an imaginary conversation with you.” I said. “I do miss having these stupid arguments with you”

“Dude, that’s lame, you need to hook up pronto”

“¡Cállate! ... yeah, I know”

febrero 03, 2010

La enamoradiza doña Dulcinoa de Alaró

CAPÍTULO CCCLV


QUE TRATA DEL ENCUENTRO DE LA FERMOSA DULCINOA CON SU PROFESOR DE LITERATURA ANDANTE Y DE CÓMO NO FUE CAPAZ DE DIRIGIRLE LA PALABRA, CON OTRAS COSAS DIGNAS QUE SE CUENTAN EN ESTA GRAN HISTORIA.

Aconteció está historia un día de febrero en cierto lugar del campus universitario cuyo ubicación geográfica no recuerdo bien si se escribía Valldemosa o Valldemossa. No ha mucho tiempo vivía una joven estudiante de las que lleva el Pedraza en mano, claustro las mañanas, Cortázar por las más noches, va a la Riera algunas tardes y sale por el Marítimo los fines de semana. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Inoa o Ainhoa, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben. Pero eso no importa a nuestro cuento mientras no se salga un ápice de la veracidad.

Hay que saber que los ratos que estaba ociosa – que eran los más del año – se daba a estudiar filología con tanta afición y gusto, que olvidó de casi todas sus faenas cotidianas. Y de tanto estudiar, de tanto leer a Quevedo y a Góngora y de tan poco respirar aire puro que no fuese el del claustro, que se le secó el cerebro a la pobre moza. En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar con el más extraño pensamiento que jamás dio una dama en el mundo, y que fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su dicha y su servicio a la República, enamorarse del profesor de literatura del Siglo de Oro  con el que no había tenido clases desde 1998. Y con tan agradables pensamientos, comenzó a escribirle cartas y a componer poemas, a meditar en él todos los días. Vino a llamarse Doña Dulcinoa, nombre a su parecer digno de ser reconocido por su amado profesor. Soñaba con el día en el que su Profesor de Literatura Andante la tomara de los brazos enérgicamente, le susurrase cosas sublimes a oído y le dijese:

– Mi soberana y alta señora, dueña de mi corazón, hoy es menester que vengas conmigo al seminario de don Quijote y por la noche a la presentación del libro de Paco y Almudena.

En fantasear con su amor se enfrascó la famosa Dulcinoa, y llenósele de fantasía todo lo que escuchaba de su profesor, mas no osaba dirigirle la palabra.

Uno de estos encuentros ocurrió en la cafetería del Ramón Llull al mediodía. Comía Dulcinoa su croissant de jamón york y queso junto a otras fermosas zagalas; Yolanda Martorell Nicolau y su compi Patribel Simo Borrego. Fue en ese momento en que nuestra moza se levanta a por otro croissant de jamón y queso cuando se da cuenta que su afamado Profesor Andante se encontraba al lado de las maquinas de café. Estaba junto a su famoso escudero, P. Cuadrado. Ahí se los podía ver al alto y delgado Profesor Andante y su regordete escudero enderezando tuertos, emendando sinrazones y ayudando a cada menesteroso con su bolígrafo y sus clases que parecían que nunca acababan. Ella se detuvo y vio a su osado caballero y pronunció en voz alta como si verdaderamente fuera enamorada:

– ¡Oh señor de este cautivo corazón! Oh, dichosa era y siglo en la que saldrán a luz las famosas hazañas suyas, dignas de entallarse en bronces. 

Yolanda y Patribel la miraban descojonadas sin entender que le pasaba a su amiga. Dulcinoa se tapaba la boca, esperando que él no la hubiese escuchado.

¡Ta, ta! – dijo Yolanda – no me digas que él es tu profesor andante.

Por supuesto – dijo nuestra moza – este es el señor de mi corazón y pensamientos al que le debo mi honor y lealtad.

Bien lo conozco – dijo Patribel –, y sé decir que es el profesor más quijotesco que hemos visto pasar por el Ramón. Dicen que es capaz de hablar del Amadís por más de cinco horas sin detenerse a respirar. Sé muy bien decir que un día mató a unos desafortunados alumnos de aburrimiento cuando les leyó La Madonna Fiometa y Cárcel de Amor con comentarios y notas de página. Sé muy bien porque es historia real, que denantes que habló de don Quijote, vino con adarga antigua y rocín flaco a ayudar a los menesterosos alumnos que no se habían leído ni el prólogo.

– Eso da igual – replicó Dulcinoa – por lo que yo quiero a mi Caballero andante, vale más que el más alto príncipe en la tierra. Pero no puedo hablarle. Me da mucha vergüenza, mas le he escrito un poema, ¿queréis que os lo recite? 

Las dos mozas dieron a entender que tenían mucho interés en conocer el poema. Dulcinoa sacó su portátil, se metió a su blog, y comenzó a decir en voz alta:

¿Pues sabes qué te digo?

Que me da igual tu pretendida
Indiferencia.

Que me gustan tus zapatos y
Tu cortado de las doce y cuarto.

Tu bufanda a cuadros rojos y
El tono grave de tu voz.

Tus huellas en los pasillos y
El punto de chulería que tienes al andar.

Que si quieres hago un máster en
Rinocentorología.

Que si quieres te recito a Wang Wei
En Hungría.

Que me aprendo los emblemas, todos,
Del Barroco español

Y

Te los escribo en un examen, así,
Sin más.

Que me matriculo a tu asignatura y
Aparezco un día en tu despacho


Te digo: “que sepa que estoy
Enamorada de usted”

(y no me ha hecho maldito caso.
No tiene corazón.)

– ¡Por la vida de mi madre! – dijo Yolanda en escuchando el poema –, que es la más alta cosa que jamás he oído! Vos, mi fermosa amiga, has de ir en este mismo instante a declarar las grandezas a aquel tan señalado Profesor Andante. 

Mas Dulcinoa no pudo hacer nada y se mantuvo en la mesa terminando su croissant de jamón y queso, imaginándose al que había dado el título de señor de sus pensamientos, mientras su caballero se marchaban en busca de algún otro tuerto. Mientras los veía marcharse, Dulcinoa no parecía afectada. Es más, le pareció peregrino y significativo seguir soñando con su Profesor de Literatura Andante. Y así mientras Patribel y Yolanda volvían a sus faenas puesto que habían llegado a la conclusión de que su pobre compañera se había quedado  sin sesos, nuestra enamoradiza Dulcinoa se quedó bajo el hechizo de aquel distinguido señor.