En altamar (o algo así)

Este es uno de los restaurantes más pintorescos de los que he ido estas semanas con la familia. Fue una velada encantadora con mis tíos. Estaba decorado como un barco; desde en la entrada en que el capitán nos venía a recibirnos, los marinos vestían de grumetes, y un inmenso esqueleto de un cachalote colgaba por sobre nuestras cabezas.

“Qué buena oportunidad”, pensé, “para probar todos los mariscos que no existen al otro lado del mundo: siempre recuerdo con nostalgia las machas, las almejas o los choritos. Así que de primero por supuesto me pedí unas machas a la parmesana: de hecho, considero que probar las machas a la parmesana es tan importante como leerse el Quijote. ¡Y qué buenísimas estaban!  Cuando tocaba pedir los segundos, me acordé de otro marisco que no existe en ninguna otra parte del mundo: ¡los locos! De hecho, por mucho tiempo estuvieron en peligro de extinción, por lo que la última vez que los probé habré tenido unos doce años. Obviamente, no me recordaba de su sabor. Pero siempre mis padres, y todo el mundo en Chile hablan de lo bueno que están los locos, y de cómo se exportan a Japón a precio de oro. Así que probé el chupe de locos que pidió otro comensal (aunque no estaba seguro lo que era exactamente “un chupe de”). Como se puede ver en la foto, se veía buenísimo.

¿Qué me pareció el sabor?

Mmm… creo que me quedo con las machas y las almejas.

2 comentarios:

  1. Amigo Pablo, un placer volver a pasar por tu blog, cosas de la técnica, creia que te tenia en favoritos y que ya no escribías... hoy rebuscando antes de cerrar por fin de año te he reencontrado y me alegro muchísimo, definitivamente te sigo y te iré comentando... aahhhhhhh, mucha envidia es lo que nos has dado a todos los que por estas tierras no podemos probar esas delicias
    feliz año 2011 y un fuerte abrazo (ya nos iremos comentando)

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