¡Tanto mal rollo!

Pronto volveré a clases y estas últimas semanas he tenido que  ir a la universidad algunos días a hacer trámites en secretaria y algún examen rezagado. Lamentablemente, me ha hecho volver a enfrentarme a la realidad que me rodeaba antes de julio. ¡Tanto mal rollo, Dios mío! Ha sido como abrir una página del País después de varios meses sin leer ningún periódico. No sólo son los innumerables problemas que cada ser humano tiene, lo peor es el pesimismo. Sin que te digan nada, puedes ver la desilusión en los ojos de cada ser humano que pasa por tu lado, y la rabia en cada una de las palabras que te arrojan. Lo peor es que el pesimismo conduce al enojo. El enojo siempre conduce a la frustración y al desánimo como el que se ve en nuestra sociedad estos días.

Es verdad, hay razones suficientes para estar furiosos: lo sé, no es normal que la riqueza del 1% más rico de este planeta sea mayor que la del 50% más pobre; no es normal el fraude fiscal que se ve en tantas partes del mundo, no es normal la corrupción, no es normal que la mitad del planeta pase hambre, no es normal que los que arruinaron la economía sean subvencionados por los gobiernos más ricos.

Eso por mencionar algunas cosas. Sí, hay razones para estar enojados.

Mas lo cierto es; ¿sacamos algo con estarlo?

En tiempos de crisis, lo mejor es levantarse del sofá, apagar la tele y el facebook y hacer algo al respecto.

La furia y el pesimismo sólo ayuda a acortar la vida algunos años.

(Pista: siempre nos arrepentiremos mañana de lo que no hicimos hoy)

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