Razones para celebrar un Bicentenario

“Hermoso es septiembre en mi patria”, escribió Pablo Neruda hace cuarenta y tres años. Sí, recuerdo que era hermoso. Hace diez años que no voy a Chile en septiembre. Pero mientras el poeta duerme junto al mar de Isla Negra, completamente ajeno a lo que está pasando en su país, yo sigo mirando desde fuera como el país cambia, y como a pesar de tanto terremoto y catástrofe, la gente aún tiene motivos para festejar el Bicentenario. Ya que en mi última entrada hablé de un asunto negativo de estas fechas, creo me toca ahora reflexionar el porqué este 18 de septiembre Chile tiene mucho que celebrar.

Mis recuerdos del país son muy diferentes a la realidad de hoy en día en muchos aspectos, como por ejemplo, en los libros de historia. Recuerdo el libro de historia de Chile de Walterio Millar, ese típico volumen de bolsillo que te pedían para el colegio. En este había una lámina de don Bernardo O’Higgins, montado a caballo, espada en mano y con una luz a su alrededor que le otorgaba un distinguido talante mesiánico. Hoy en día, veo jóvenes que ponen en su estado del Facebook; “a desfilar celebrando el nacimiento del primer dictador de nuestro país”. No me quiero meter en polémica aquí; sólo quiero destacar que hoy,  al menos ya hemos comenzado a cuestionarnos las versión oficial de la historia, y podemos ir a los archivos (algunos a un click de alcance) para saber muy bien quiénes somos y de dónde venimos.

También recuerdo que en este mismo libro había un apartado títulado “Pacificación de la Araucanía”. Mas hoy podemos encontrar un título ligeramente diferente si buscamos la entrada de este conflicto en Wikipedia: “Ocupación” de la Araucanía. Es sólo una palabra, perola cosa cambia mucho.

También recuerdo que en los noventa las manifestaciones juveniles eran sólo de universitarios. En mis tiempos cuando yo llamaba a la revolución decía a mis profesores: “nosotros pagamos (bueno nuestros padres), por lo tanto tenemos el derecho a llevar el pelo largo” y la profesora me decía: “sí, pero tus padres firman un contrato, y en ese contrato dice que no puedes llevar el pelo largo y tienes que obedecer todo lo que digamos”. Lo sé, abogaba por asuntos baladíes (tenía 16 años ¿qué más quieren?), pero lo más aterrador en ese entonces era lo que me dijo esta profesora: en otras palabras ella nos quiso decir que nos estaban indoctrinado a ser seres sumisos ante nuestros jefes o supervisores, a saber que ellos tenían el poder, a saber callarnos y obedecer y a nunca dar nuestra opinión. Esa era la mentalidad que lamentablemente nos transmitieron nuestros padres los que fueron víctimas de tantas injusticias.

Pero hoy en día, veo que los estudiantes de enseñanza media también salen a las calles y pierden meses de valiosos estudios, (que de todas maneras es probable que en cinco años no recordarán para nada), para pedir demandas que ni ellos ni los mayores saben cómo solucionar. Pero ese no es el problema, puesto que esta generación ya tiene una voz, y sabe que tiene derecho a opinar cuando sepan que algo no están bien. Esta generación está próxima a hacer buenas preguntas, que es el primer paso para encontrar buenas soluciones.

En definitiva, más democracia y más libertad de opinión son elementos indispensables para el correcto funcionamiento de nuestra sociedad. No sé si están sean las mejores razones para celebrar un bicentenario. Pido disculpas, pero es el primero que vivo. Espero que para el próximo lo pueda celebrar en el Chile.

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