La Araucana, Ercilla y la apropiación postcolonial del pueblo mapuche

[Este es un extracto de un trabajo que escribí hace un año, y hoy, en vísperas del Bicentenario de mi querido país y en medio de la polémica que ha ocasionado la huelga de hambre de los comuneros mapuches, espero que pueda servir para ayudar a mirar este conflicto con la perspectiva apropiada]

Es indudable la influencia de La Araucana de Alonso de Ercilla en la elaboración de la identidad nacional. No obstante, es fundamental matizar la ambivalencia que existe en la construcción del acervo cultural y la memoria histórica. Esta identidad se construyó por un lado sobre la base del mito del buen salvaje, donde se da constantemente alabanza a los héroes que lucharon en la epopeya de Ercilla. Mas la historia prueba a través de los siglos que el pueblo mapuche ha sido víctima de constantes discriminaciones y atropellos de sus derechos fundamentales. Aunque se pretenderá profundizar en la realidad literaria de este problema, esta estaría incompleta sin antes identificar la ambivalente relación entre el “mapuche de a pie”, y su visión heroica en la literatura nacional. […]

Chile es un país que cuenta con una epopeya que relata el origen mítico de la nación de la misma manera de La Canción de Roldan francesa o el Cantar de mio Cid español (Lo de “origen” es lamentablemente desde un punto de vista euro-céntrico). La Araucana, ha sido una fuente de inspiración desde la temprana existencia del país. Abraham König, un importante investigador de la obra de Ercilla, nacionaliza directamente al poeta: “que España nos perdone, dice éste, pero [Alonso de Ercilla] es el primer escritor chileno, fundador de nuestra historia nacional”. No es para menos: ya desde que fuese instaurado el estado chileno, se puso en marcha un verdadero movimiento de recuperación de La Araucana en la estatuaria municipal (innumerables monumentos al poeta madrileño han sido levantados en las plazas y ciudades de todo Chile), los sellos postales, no menos que en la iconografía y las apelaciones oficiales. En cuanto a la toponimia, dos departamentos del sur recibirán el nombre de Lautaro y Galvarino (aunque también el conquistador español recibe un trato similar como es el caso de la ciudad de Valdivia). Una localidad de la provincia de Malleco, escenario de algunos hechos narrados en el poema, es bautizada con el nombre de Ercilla, hacia 1885. Los héroes de esta épica son también utilizados para nombrar teatros, universidades, buques etc.

En el siglo XIX, el conocido historiador y escritor argentino, Domingo Faustino Sarmiento, ya estaba consciente de esta onomástica del país vecino:

La historia de Chile está calcada sobre la Araucana, y los chilenos, que debían reputarse vencidos con los españoles, se revisten de las glorias de los araucanos á fuer de chilenos estos y dan á sus más valientes tercios […] y á sus naves [los nombres] de Lautaro, Colocolo, Tucapel, etc. Y creemos que estas adopciones han sido benéficas para formar el carácter guerrero de los chilenos, como se ha visto en la guerra reciente con el Perú (Conflictos y armonías de las razas de América, 1883).

Sin embargo, toda está imaginería ha distado mucho de influir positivamente a este pueblo. El resto de la población (mayoritariamente mestiza o descendiente de europeo) se ha caracterizado a través de los siglos por un fuerte rechazo a aceptar al pueblo mapuche y otras minorías indígenas, lo que ha llevado al racismo y la segregación social por los mismos que cantan las glorias de Lautaro y Caupolicán. Como dice Waldo Rojas, hay una gran diferencia entre el “Araucano ideal” y el “Mapuche terreno”. Esta ambigüedad ya la pregonaba el escritor chileno Alberto Blest Gana:

“La Constitución [de 1828] abolió los títulos, mas no pudo abolir la nobleza por dicha nuestra [...] Bien que muchos pretenden que no es la ilustración ni el brillo intelectual lo que estas familias nobles se han encargado de perpetuar, puede a los tales respondérseles que en cambio han conservado la pureza de la raza, lo que es una base de progreso en todo país sensato, y van transmitiendo a sus herederos la blancura del cutis, sin lo cual cualquiera podría tomarnos por verdaderos indios, sin que nos quedase el derecho de ofendernos por tan insultante equivocación”.

Esta ambigüedad continúo en las siguientes décadas. En la década de 1880, se llevó a cabo un genocidio masivo en contra del pueblo mapuche, conocido como Ocupación de la Araucanía (en su tiempo se le llamó eufemísticamente Pacificación de la Araucanía). Al finalizar este conflicto sus tierras pasaron finalmente a formar parte de Chile. De este triste episodio se conoce un hecho paradigmático de esta ambigua doble concepción mapuche literario/mapuche real:

La última batalla de las guerras de Arauco, librada en 1883, culminó con la derrota de los indígenas y la ocupación de las ruinas del lugar donde más de tres siglos antes, en 1552, Pedro de Valdivia y sus conquistadores habían fundado el pueblo de Villarrica. Entre los vencedores de la jornada aparece el nombre de "Caupolicán". No se trata, evidentemente, del célebre héroe araucano, ni tampoco de algún jefe mapuche que descendiera de él, sino de un batallón del ejército de la República de Chile, formado por veteranos de las campañas fronterizas.[…] El batallón "Caupolicán" no era, ni mucho menos, el único cuerpo armado chileno bautizado en homenaje a los héroes del poema de Ercilla.

Después de este triste capítulo, la historia del pueblo mapuche es la que todos conocemos. Los mapuches sufrieron de la discriminación y estigmatización durante su proceso de integración a la sociedad chilena. Esta ambigua relación ha sido muy similar en otros países donde también hubo genocidio indígena posterior a la época colonial, como en Estados Unidos o Canadá. Este último, sin embargo, ha sabido dar pasos agigantados en cuanto al reconocimiento de los abusos del pasado. El pueblo Inuit (conocidos también como esquimales) hoy en tiene estatus oficial su raza, su lengua y su cultura. Canadá ha dado un paso más allá del del de sólo devolverle sus tierras. En 1999 declaró un territorio completo como perteneciente a al pueblo Inuit. Esperemos que nuestro país sepa emular las buenas ideas para así encontrar soluciones justas con la memoria histórica y el pueblo mapuche. […]

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