Adolescentes

Esta tarde mi madre ha ido a la reunión de padres del cole de mi hermana. Y ha traído un folio titulado “Tenim un adolescent” en el que aconsejaba a los padres como lidiar con estos. Aquí dejo un par de citas que me hicieron mucha gracia:

Crisis oposición: Necesitan autonomía intelectual y emocional, se oponen a los padres.”

Alta emotividad: tienen la sensibilidad a flor de piel, y en otras parece que no tienen sentimientos. Las hormonas les juegan malas pasadas.”

Imaginación desbordada: Sueñan, como mecanismo de defensa para huir de la realidad.

Narcisismo: Se miran por horas delante del espejo.”

“Manifiestan rebelión con el sistema de valores de los adultos.”

“Todo esto provoca en los adolecentes sentimientos de inseguridad, agonía, melancolía, tristeza que pueden alternarse con estados de verdadera euforia.”

Mentir, dejar la habitación desordenada, querer llegar tarde, no hacer nada que mirar la tele, no ayudar en la casa, querer estar solo…”

En conclusión: todos los adolescentes son unos románticos (en el sentido del movimiento literario)

160 o menos

@pablocamus Esta fría mañana de septiembre mientras tomaba mi café desde el sofá mirando como la tormenta desataba su furia sobre el agitado mar pensaba que…

@pablocamus Esta mañana mientras tomaba mi café mirando como la tormenta desataba su furia sobre el agitado mar pensaba que el sentido de la vida era algo tan simple como…

@pablocamus mientras tomaba mi café mirando tormenta desataba su furia sobre el mar pensaba que el sentido de la vida era algo tan simple y a la vez complejo como…

@pablocamus tomaba mi café mirando tormenta su furia sobre el mar pensaba el sentido de la vida era simple y complejo como la vida mientras tomaba mi café mirando…

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(Y esta es la razón por la que no me gusta usar Twitter)

¡Tanto mal rollo!

Pronto volveré a clases y estas últimas semanas he tenido que  ir a la universidad algunos días a hacer trámites en secretaria y algún examen rezagado. Lamentablemente, me ha hecho volver a enfrentarme a la realidad que me rodeaba antes de julio. ¡Tanto mal rollo, Dios mío! Ha sido como abrir una página del País después de varios meses sin leer ningún periódico. No sólo son los innumerables problemas que cada ser humano tiene, lo peor es el pesimismo. Sin que te digan nada, puedes ver la desilusión en los ojos de cada ser humano que pasa por tu lado, y la rabia en cada una de las palabras que te arrojan. Lo peor es que el pesimismo conduce al enojo. El enojo siempre conduce a la frustración y al desánimo como el que se ve en nuestra sociedad estos días.

Es verdad, hay razones suficientes para estar furiosos: lo sé, no es normal que la riqueza del 1% más rico de este planeta sea mayor que la del 50% más pobre; no es normal el fraude fiscal que se ve en tantas partes del mundo, no es normal la corrupción, no es normal que la mitad del planeta pase hambre, no es normal que los que arruinaron la economía sean subvencionados por los gobiernos más ricos.

Eso por mencionar algunas cosas. Sí, hay razones para estar enojados.

Mas lo cierto es; ¿sacamos algo con estarlo?

En tiempos de crisis, lo mejor es levantarse del sofá, apagar la tele y el facebook y hacer algo al respecto.

La furia y el pesimismo sólo ayuda a acortar la vida algunos años.

(Pista: siempre nos arrepentiremos mañana de lo que no hicimos hoy)

Primavera en Chile

"Hermoso es septiembre en mi patria cubierto con una corona de mimbres y violetas
y con un canasto colgando en los brazos colmado de dones terrestres:
septiembre adelanta sus ojos mapuches matando el invierno
y vuelve el chileno a la resurrección de la carne y el vino.
Amable es el sábado y apenas se abrieron las manos del viernes
voló transportando ciruelas y caldos de luna y pescado."
Pablo Neruda

La Araucana, Ercilla y la apropiación postcolonial del pueblo mapuche

[Este es un extracto de un trabajo que escribí hace un año, y hoy, en vísperas del Bicentenario de mi querido país y en medio de la polémica que ha ocasionado la huelga de hambre de los comuneros mapuches, espero que pueda servir para ayudar a mirar este conflicto con la perspectiva apropiada]

Es indudable la influencia de La Araucana de Alonso de Ercilla en la elaboración de la identidad nacional. No obstante, es fundamental matizar la ambivalencia que existe en la construcción del acervo cultural y la memoria histórica. Esta identidad se construyó por un lado sobre la base del mito del buen salvaje, donde se da constantemente alabanza a los héroes que lucharon en la epopeya de Ercilla. Mas la historia prueba a través de los siglos que el pueblo mapuche ha sido víctima de constantes discriminaciones y atropellos de sus derechos fundamentales. Aunque se pretenderá profundizar en la realidad literaria de este problema, esta estaría incompleta sin antes identificar la ambivalente relación entre el “mapuche de a pie”, y su visión heroica en la literatura nacional. […]

Chile es un país que cuenta con una epopeya que relata el origen mítico de la nación de la misma manera de La Canción de Roldan francesa o el Cantar de mio Cid español (Lo de “origen” es lamentablemente desde un punto de vista euro-céntrico). La Araucana, ha sido una fuente de inspiración desde la temprana existencia del país. Abraham König, un importante investigador de la obra de Ercilla, nacionaliza directamente al poeta: “que España nos perdone, dice éste, pero [Alonso de Ercilla] es el primer escritor chileno, fundador de nuestra historia nacional”. No es para menos: ya desde que fuese instaurado el estado chileno, se puso en marcha un verdadero movimiento de recuperación de La Araucana en la estatuaria municipal (innumerables monumentos al poeta madrileño han sido levantados en las plazas y ciudades de todo Chile), los sellos postales, no menos que en la iconografía y las apelaciones oficiales. En cuanto a la toponimia, dos departamentos del sur recibirán el nombre de Lautaro y Galvarino (aunque también el conquistador español recibe un trato similar como es el caso de la ciudad de Valdivia). Una localidad de la provincia de Malleco, escenario de algunos hechos narrados en el poema, es bautizada con el nombre de Ercilla, hacia 1885. Los héroes de esta épica son también utilizados para nombrar teatros, universidades, buques etc.

En el siglo XIX, el conocido historiador y escritor argentino, Domingo Faustino Sarmiento, ya estaba consciente de esta onomástica del país vecino:

La historia de Chile está calcada sobre la Araucana, y los chilenos, que debían reputarse vencidos con los españoles, se revisten de las glorias de los araucanos á fuer de chilenos estos y dan á sus más valientes tercios […] y á sus naves [los nombres] de Lautaro, Colocolo, Tucapel, etc. Y creemos que estas adopciones han sido benéficas para formar el carácter guerrero de los chilenos, como se ha visto en la guerra reciente con el Perú (Conflictos y armonías de las razas de América, 1883).

Sin embargo, toda está imaginería ha distado mucho de influir positivamente a este pueblo. El resto de la población (mayoritariamente mestiza o descendiente de europeo) se ha caracterizado a través de los siglos por un fuerte rechazo a aceptar al pueblo mapuche y otras minorías indígenas, lo que ha llevado al racismo y la segregación social por los mismos que cantan las glorias de Lautaro y Caupolicán. Como dice Waldo Rojas, hay una gran diferencia entre el “Araucano ideal” y el “Mapuche terreno”. Esta ambigüedad ya la pregonaba el escritor chileno Alberto Blest Gana:

“La Constitución [de 1828] abolió los títulos, mas no pudo abolir la nobleza por dicha nuestra [...] Bien que muchos pretenden que no es la ilustración ni el brillo intelectual lo que estas familias nobles se han encargado de perpetuar, puede a los tales respondérseles que en cambio han conservado la pureza de la raza, lo que es una base de progreso en todo país sensato, y van transmitiendo a sus herederos la blancura del cutis, sin lo cual cualquiera podría tomarnos por verdaderos indios, sin que nos quedase el derecho de ofendernos por tan insultante equivocación”.

Esta ambigüedad continúo en las siguientes décadas. En la década de 1880, se llevó a cabo un genocidio masivo en contra del pueblo mapuche, conocido como Ocupación de la Araucanía (en su tiempo se le llamó eufemísticamente Pacificación de la Araucanía). Al finalizar este conflicto sus tierras pasaron finalmente a formar parte de Chile. De este triste episodio se conoce un hecho paradigmático de esta ambigua doble concepción mapuche literario/mapuche real:

La última batalla de las guerras de Arauco, librada en 1883, culminó con la derrota de los indígenas y la ocupación de las ruinas del lugar donde más de tres siglos antes, en 1552, Pedro de Valdivia y sus conquistadores habían fundado el pueblo de Villarrica. Entre los vencedores de la jornada aparece el nombre de "Caupolicán". No se trata, evidentemente, del célebre héroe araucano, ni tampoco de algún jefe mapuche que descendiera de él, sino de un batallón del ejército de la República de Chile, formado por veteranos de las campañas fronterizas.[…] El batallón "Caupolicán" no era, ni mucho menos, el único cuerpo armado chileno bautizado en homenaje a los héroes del poema de Ercilla.

Después de este triste capítulo, la historia del pueblo mapuche es la que todos conocemos. Los mapuches sufrieron de la discriminación y estigmatización durante su proceso de integración a la sociedad chilena. Esta ambigua relación ha sido muy similar en otros países donde también hubo genocidio indígena posterior a la época colonial, como en Estados Unidos o Canadá. Este último, sin embargo, ha sabido dar pasos agigantados en cuanto al reconocimiento de los abusos del pasado. El pueblo Inuit (conocidos también como esquimales) hoy en tiene estatus oficial su raza, su lengua y su cultura. Canadá ha dado un paso más allá del del de sólo devolverle sus tierras. En 1999 declaró un territorio completo como perteneciente a al pueblo Inuit. Esperemos que nuestro país sepa emular las buenas ideas para así encontrar soluciones justas con la memoria histórica y el pueblo mapuche. […]

Razones para celebrar un Bicentenario

“Hermoso es septiembre en mi patria”, escribió Pablo Neruda hace cuarenta y tres años. Sí, recuerdo que era hermoso. Hace diez años que no voy a Chile en septiembre. Pero mientras el poeta duerme junto al mar de Isla Negra, completamente ajeno a lo que está pasando en su país, yo sigo mirando desde fuera como el país cambia, y como a pesar de tanto terremoto y catástrofe, la gente aún tiene motivos para festejar el Bicentenario. Ya que en mi última entrada hablé de un asunto negativo de estas fechas, creo me toca ahora reflexionar el porqué este 18 de septiembre Chile tiene mucho que celebrar.

Mis recuerdos del país son muy diferentes a la realidad de hoy en día en muchos aspectos, como por ejemplo, en los libros de historia. Recuerdo el libro de historia de Chile de Walterio Millar, ese típico volumen de bolsillo que te pedían para el colegio. En este había una lámina de don Bernardo O’Higgins, montado a caballo, espada en mano y con una luz a su alrededor que le otorgaba un distinguido talante mesiánico. Hoy en día, veo jóvenes que ponen en su estado del Facebook; “a desfilar celebrando el nacimiento del primer dictador de nuestro país”. No me quiero meter en polémica aquí; sólo quiero destacar que hoy,  al menos ya hemos comenzado a cuestionarnos las versión oficial de la historia, y podemos ir a los archivos (algunos a un click de alcance) para saber muy bien quiénes somos y de dónde venimos.

También recuerdo que en este mismo libro había un apartado títulado “Pacificación de la Araucanía”. Mas hoy podemos encontrar un título ligeramente diferente si buscamos la entrada de este conflicto en Wikipedia: “Ocupación” de la Araucanía. Es sólo una palabra, perola cosa cambia mucho.

También recuerdo que en los noventa las manifestaciones juveniles eran sólo de universitarios. En mis tiempos cuando yo llamaba a la revolución decía a mis profesores: “nosotros pagamos (bueno nuestros padres), por lo tanto tenemos el derecho a llevar el pelo largo” y la profesora me decía: “sí, pero tus padres firman un contrato, y en ese contrato dice que no puedes llevar el pelo largo y tienes que obedecer todo lo que digamos”. Lo sé, abogaba por asuntos baladíes (tenía 16 años ¿qué más quieren?), pero lo más aterrador en ese entonces era lo que me dijo esta profesora: en otras palabras ella nos quiso decir que nos estaban indoctrinado a ser seres sumisos ante nuestros jefes o supervisores, a saber que ellos tenían el poder, a saber callarnos y obedecer y a nunca dar nuestra opinión. Esa era la mentalidad que lamentablemente nos transmitieron nuestros padres los que fueron víctimas de tantas injusticias.

Pero hoy en día, veo que los estudiantes de enseñanza media también salen a las calles y pierden meses de valiosos estudios, (que de todas maneras es probable que en cinco años no recordarán para nada), para pedir demandas que ni ellos ni los mayores saben cómo solucionar. Pero ese no es el problema, puesto que esta generación ya tiene una voz, y sabe que tiene derecho a opinar cuando sepan que algo no están bien. Esta generación está próxima a hacer buenas preguntas, que es el primer paso para encontrar buenas soluciones.

En definitiva, más democracia y más libertad de opinión son elementos indispensables para el correcto funcionamiento de nuestra sociedad. No sé si están sean las mejores razones para celebrar un bicentenario. Pido disculpas, pero es el primero que vivo. Espero que para el próximo lo pueda celebrar en el Chile.

La Araucana, Ercilla y la apropiación postcolonial del pueblo mapuche

[Este es un extracto de un trabajo que escribí hace un año, y hoy, en vísperas del Bicentenario de mi querido país y en medio de la polémica que ha ocasionado la huelga de hambre de los comuneros mapuches, espero que pueda servir para ayudar a mirar este conflicto con la perspectiva apropiada]

Es indudable la influencia de La Araucana de Alonso de Ercilla en la elaboración de la identidad nacional. No obstante, es fundamental matizar la ambivalencia que existe en la construcción del acervo cultural y la memoria histórica. Esta identidad se construyó por un lado sobre la base del mito del buen salvaje, donde se da constantemente alabanza a los héroes que lucharon en la epopeya de Ercilla. Mas la historia prueba a través de los siglos que el pueblo mapuche ha sido víctima de constantes discriminaciones y atropellos de sus derechos fundamentales. Aunque se pretenderá profundizar en la realidad literaria de este problema, esta estaría incompleta sin antes identificar la ambivalente relación entre el “mapuche de a pie”, y su visión heroica en la literatura nacional. […]

Chile es un país que cuenta con una epopeya que relata el origen mítico de la nación de la misma manera de La Canción de Roldan francesa o el Cantar de mio Cid español (Lo de “origen” es lamentablemente desde un punto de vista euro-céntrico). La Araucana, ha sido una fuente de inspiración desde la temprana existencia del país. Abraham König, un importante investigador de la obra de Ercilla, nacionaliza directamente al poeta: “que España nos perdone, dice éste, pero [Alonso de Ercilla] es el primer escritor chileno, fundador de nuestra historia nacional”. No es para menos: ya desde que fuese instaurado el estado chileno, se puso en marcha un verdadero movimiento de recuperación de La Araucana en la estatuaria municipal (innumerables monumentos al poeta madrileño han sido levantados en las plazas y ciudades de todo Chile), los sellos postales, no menos que en la iconografía y las apelaciones oficiales. En cuanto a la toponimia, dos departamentos del sur recibirán el nombre de Lautaro y Galvarino (aunque también el conquistador español recibe un trato similar como es el caso de la ciudad de Valdivia). Una localidad de la provincia de Malleco, escenario de algunos hechos narrados en el poema, es bautizada con el nombre de Ercilla, hacia 1885. Los héroes de esta épica son también utilizados para nombrar teatros, universidades, buques etc.

En el siglo XIX, el conocido historiador y escritor argentino, Domingo Faustino Sarmiento, ya estaba consciente de esta onomástica del país vecino:

La historia de Chile está calcada sobre la Araucana, y los chilenos, que debían reputarse vencidos con los españoles, se revisten de las glorias de los araucanos á fuer de chilenos estos y dan á sus más valientes tercios […] y á sus naves [los nombres] de Lautaro, Colocolo, Tucapel, etc. Y creemos que estas adopciones han sido benéficas para formar el carácter guerrero de los chilenos, como se ha visto en la guerra reciente con el Perú (Conflictos y armonías de las razas de América, 1883).

Sin embargo, toda está imaginería ha distado mucho de influir positivamente a este pueblo. El resto de la población (mayoritariamente mestiza o descendiente de europeo) se ha caracterizado a través de los siglos por un fuerte rechazo a aceptar al pueblo mapuche y otras minorías indígenas, lo que ha llevado al racismo y la segregación social por los mismos que cantan las glorias de Lautaro y Caupolicán. Como dice Waldo Rojas, hay una gran diferencia entre el “Araucano ideal” y el “Mapuche terreno”. Esta ambigüedad ya la pregonaba el escritor chileno Alberto Blest Gana:

“La Constitución [de 1828] abolió los títulos, mas no pudo abolir la nobleza por dicha nuestra [...] Bien que muchos pretenden que no es la ilustración ni el brillo intelectual lo que estas familias nobles se han encargado de perpetuar, puede a los tales respondérseles que en cambio han conservado la pureza de la raza, lo que es una base de progreso en todo país sensato, y van transmitiendo a sus herederos la blancura del cutis, sin lo cual cualquiera podría tomarnos por verdaderos indios, sin que nos quedase el derecho de ofendernos por tan insultante equivocación”.

Esta ambigüedad continúo en las siguientes décadas. En la década de 1880, se llevó a cabo un genocidio masivo en contra del pueblo mapuche, conocido como Ocupación de la Araucanía (en su tiempo se le llamó eufemísticamente Pacificación de la Araucanía). Al finalizar este conflicto sus tierras pasaron finalmente a formar parte de Chile. De este triste episodio se conoce un hecho paradigmático de esta ambigua doble concepción mapuche literario/mapuche real:

La última batalla de las guerras de Arauco, librada en 1883, culminó con la derrota de los indígenas y la ocupación de las ruinas del lugar donde más de tres siglos antes, en 1552, Pedro de Valdivia y sus conquistadores habían fundado el pueblo de Villarrica. Entre los vencedores de la jornada aparece el nombre de "Caupolicán". No se trata, evidentemente, del célebre héroe araucano, ni tampoco de algún jefe mapuche que descendiera de él, sino de un batallón del ejército de la República de Chile, formado por veteranos de las campañas fronterizas.[…] El batallón "Caupolicán" no era, ni mucho menos, el único cuerpo armado chileno bautizado en homenaje a los héroes del poema de Ercilla.

Después de este triste capítulo, la historia del pueblo mapuche es la que todos conocemos. Los mapuches sufrieron de la discriminación y estigmatización durante su proceso de integración a la sociedad chilena. Esta ambigua relación ha sido muy similar en otros países donde también hubo genocidio indígena posterior a la época colonial, como en Estados Unidos o Canadá. Este último, sin embargo, ha sabido dar pasos agigantados en cuanto al reconocimiento de los abusos del pasado. El pueblo Inuit (conocidos también como esquimales) hoy en tiene estatus oficial su raza, su lengua y su cultura. Canadá ha dado un paso más allá del del de sólo devolverle sus tierras. En 1999 declaró un territorio completo como perteneciente a al pueblo Inuit. Esperemos que nuestro país sepa emular las buenas ideas para así encontrar soluciones justas con la memoria histórica y el pueblo mapuche. […]

Más sobre el libro eléctronico

[Es una mañana de estudio. Estoy en el campus, tomando un café en el claustro mientras converso con Luna]

LUNA: Pues te digo que si hubiera una ley que prohibiese el libro electrónico, yo votaría a su favor.

YO: ¿Qué dices? Pero si acabas de encargar un kindle por internet.

LUNA: Ya, pero es que lo hago únicamente porque es práctico, pero estoy en contra, el libro de papel es sagrado.

YO: ¿Tú crees?

LUNA: mira lo que dijo Octavio Paz; “El fin del mundo será cuando el hombre viaje en primera clase y la literatura en tercera”, y yo creo firmemente que se refería al libro electrónico.

YO: ¿Al libro electrónico?

LUNA: La literatura es algo sagrado, algo a lo que debería poder acceder todo el mundo.

YO: ¿Y no es exactamente eso lo que podría hacer el libro electrónico? Quevedo, Cervantes, Galdós… todas sus obras están bajo dominio público y se puede acceder a estas gratuitamente.

LUNA: Pero el libro, ¡es el libro! Me resisto a cambiar, tú es que eres muy tecnológico y te gustan estas cosas, pero la literatura tiene que ser en papel, ya lo decía Octavio Paz.

YO: No lo sé… ¿No tendría más sentido que se hubiese referido al hecho de que cada vez es menor el interés por el arte y las letras?

LUNA: No sé, no sé… estas cosas me asustan mucho.

YO: Siempre es difícil lidiar con un mundo que está en constante cambio.

[Breve pausa]

LUNA: Ah, ¿Sabes lo qué he soñado anoche?

YO: ¿qué?

LUNA: Que me llegaba el Kindle a casa.

Mi nuevo kindle

“La escritura real se lee en pergaminos” dijo el monje cuando Gutenberg inventó la imprenta.

¡No lo pude evitar! Mi nuevo kindle llegó a casa hace un par de días. Para los que no saben, el kindle es un lector electrónico de libros o e-book. Hace mucho tiempo que coqueteaba con la idea de comprarme uno, pero tanto el precio como el diseño de los modelos anteriores hacían que me desanimase el adquirir uno. Pero el nuevo modelo con un diseño mucho más amigable y un precio que apenas superaba los cien euros terminaron por convencerme. 

Sé lo que algunos pueden estar pensando, no es lo mismo que leer un libro de papel, nunca lo superará. Pensaba lo mismo hasta que vi por primera vez la tinta electrónica: sencillamente parece que las letras estuvieran impresas en el aparato. Tampoco brilla, por lo que no cansa el ojo. 

Sé que no es un aparato para que se lo compre todo el mundo, solo sirve para eso: leer libros, pero para los que se la pasan leyendo como yo, y encima leyendo clásicos (de los cuales la mayoría no tienen derechos de autor y por ende se pueden bajar gratis) lo recomiendo. Sencillamente, estoy enamorándome cada día más.

Tampoco dejaré de leer libros de carne y hueso, eso sí que no, pero si algo que tengo claro, es que ya nunca más compraré libros de tapa blanda. Siempre he tenido una mala relación con estos. Si es muy grande, el centro siempre se termina hundiendo, y en todos los casos se arruga el centro y la tapa termina rompiéndose. 

Los libros de carne y hueso que compraré desde ahora serán sólo de tapa dura, como esta antología de Pablo Neruda que me compré hace unas semanas. Estos son libros de verdad, los que duran para luego leer con tus nietos. Probablemente por ese entonces lo sacaré de una estantería todo empolvado y mis nietos me preguntarán “abuelo, ¿qué es eso?” y les tendré que explicar que antiguamente los libros se leían en papel, y les tendré que explicar también que el papel era una delgada hoja elaborada con pasta de fibras vegetales. Posiblemente lo encontrarán poco práctico, el tener que marcar nosotros mismos la última página leída, o que uno no pueda acceder inmediatamente al significado de una palabra, o que apenas haya espacio para agregar notas.

Probablemente ese será el futuro, pero mientras tanto, estoy seguro que muchos árboles ya nos están agradeciendo.