Sé que algún día encontraré la fábrica de chocolate

Esta semana he asistido a un seminario en el cual se discutía rol del vino y el alcohol en la literatura. Entre otras, tenía mucho interés en una exponente que discutió el papel del alcohol en la literatura infantil y juvenil. Ella defendía que el alcohol es un ritual de paso a la madurez. Aunque haya mucho que debatir acerca de este último enunciado, no me voy a detener en este punto. Lo cierto es que tenía argumentos muy sólidos para defender esta tesis, y fuentes sacadas de obras clásicas como Alicia en el país de las maravillas, o contemporáneas como Harry Potter.

Lo que sí quiero comentar es acerca de una idea que esta estudiante de doctorado defendió, pero no comparto en absoluto: lo que sostuvo (no la pongo entre comillas ya que no recuerdo las palabras exactas), hablando de literatura fantástica, es que los niños SABEN que un mundo como el de Harry Potter no es real y que por lo tanto entenderán aquel universo como una mera metáfora del mundo real.

Hace quince años que ya no soy un niño, pero recuerdo muy bien mi relación con la literatura en ese entonces. ¿Acaso después de leer Alicia no soñamos con caernos también por el agujero del conejo? Yo sí soñé con el agujero, con la fábrica de chocolate, con Narnia, y ya que estamos, también soñé con luchar contra los Lores Sith con mi sable laser y mi R2D2. Concedido, hay paralelos entre estos universos y aquel que llamamos “real”. Está muy bien hacer analogías entre lo que ocurre entre la fantasía y la realidad. Es importante ser conscientes del mundo en que vivimos; la tensión, el dolor, y la complejidad, sin recurrir a la literatura como a una vía de escapismo a falta de sentido de lo prosaico... pero que no nos vengan los adultos a decir qué es lo real, y lo qué no es. Un niño lo sabe muy bien.

Asimismo, deberíamos ir más allá y preguntarnos qué es exactamente lo “real”: ¿Lo empíricamente comprobable? ¿Acaso eso es lo único que merece el título de real? Lo dudo mucho. Es triste pensar que hay muchos que afirman que lo único real es lo que con nuestros sentidos percibimos. Nunca he visto un átomo, pero no voy a negar su existencia sencillamente porque mis ojos no son capaces de percibirlos.

A veces, la fantasía tiene mucho más de real que la mejor ficción realista. Yo por mi parte aún sigo esperando encontrar esa fábrica de chocolate.

De hecho, sé que algún día estaré bañándome en aquel río de chocolate junto a un umpa-lumpa.

2 comentarios:

  1. ¡Ese es mi Pablo!!! Oeeeeoeeeooeee!!!! ¡Re-vo-lu-ción! :D (...)"pero que no nos vengan los adultos a decir qué es lo real, y lo qué no es (...)", ¡toma ya! Totalmente de acuerdo, ¡qué sabrán los mayores! ¡Viva "esos locos bajitos"!

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  2. Por cierto, yo sé que algún día estaré en Fantasía, volando con Fuyur, cenando con Atreyu y paseando con la Emperatriz Infantil ("La Historia Interminable" fue mi gran libro de la infancia y mi hermano y yo búscabamos el Auryn por mi casa :).

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