Douchebag

Como anglófilo, siempre he estado a favor de la inserción de préstamos extranjeros en nuestro vocabulario, siempre y cuando se utilicen para nombrar una realidad o concepto que no tenga equivalente en castellano. Douchebag /'du:ʃ bæg/ (o douche) es una de las palabras del inglés que me encantaría utilizar en nuestra lengua. No puedo ni recordar todas las ocasiones en que me hubiese gustado utilizar esta palabra, para describir el comportamiento de más de un amigo. En el mundo hispanohablante tenemos algunas palabras similares, como “gilipollas”, “boludo”, “pelotudo”, “caraculo”, “huevón”, etc. Es cierto que se aproximan un poco al significado, pero claro douchebag es ligeramente menos malsonante, y se podría utilizar en contextos más específicos, ya que la mayoría de las palabras que mencione con anterioridad, tienen una polisemia impresionante que las hace perder un poco su significado al utilizarse para tantas cosas. Douchebag, en cambio, se utiliza para señalar a un varón, con cualidades negativas que suele hacer estupideces usualmente con un comportamiento irritante, mientras que la mayoría de sus pares lo alaban por ser así. Claro, un calco en español no serviría (ducha vaginal), por lo tanto veo poco probable una posible inserción al español.

Recuerdo hace unos meses, escribí un relato corto que trataba de un joven con estas características: “chico cerca de los treinta, sin trabajo pidiéndole dinero prestado a todo el mundo, tocando la guitarra sin saber tocarla, durmiendo hasta tarde con la barba sin afeitar, etc.” Recuerdo que les pasé el relato a unas amigas para que me dieran su opinión. Mientras lo leían, comenzaron a hacer comentarios del tipo “qué chico más mono”, “mmm, qué misterioso”, etc. Lo que una vez más me llevó a la triste conclusión que hay un gran número de chicas que se vuelven locas con los douchebags. Le echaría la culpa a Crepúsculo, pero ya era así antes de la película o el libro. 

Yo también quiero un verano como el de los anuncios de Estrella Damm



– No lo entiendo, ¿Por qué no soy tan feliz como los chavales del anuncio este? – me decía Migue el otro día.

–A ver, – dije yo– para eso primero tienes que tener una chica guapa a tu lado.


– Eso lo tengo, casado con la más guapa.

– Bueno y también vives en el Mediterráneo, pero tienes que ir a Menorca en la noche de San Juan.

– ¡Es que voy a Menorca en la noche de San Juan!, ¡Voy cada año!

– Pero tienes que ir en yate.

– ¡Tengo un yate! Y siempre voy a Menorca con éste.

– ¿Finca en el campo?

– También.

– ¿Amigos, dinero, tiempo para ir a playas vírgenes?

– Tengo todo eso.

– Pues Migue– concluí – la verdad es que no sé porque no eres feliz…

...ah espera, no entiendo cómo no lo había pensado antes ¡Es la cerveza! Tiene que ser eso lo que te hace feliz, tienes que empezar a comprar la cerveza del anuncio.

– Macho, tienes razón, ¡Jo! ¡Qué pardillo he sido!, como un imbécil bebiendo toda la vida San Miguel pudiendo haber sido feliz.