abril 18, 2010

Cuando el nombrar se confunde con crear

Porque el poeta no es un pequeño dios

Era un poema sin rima y sin ritmo, siendo simplemente un estudio psicológico de cierto joven parisino cuya arrogancia lo llevaba a ingenuamente pensar que era el creador del trigo, y de la semilla, y del sol y del agua; formando del caos, un orden por el mero hecho de nombrar la palabra; como si la palabra fuese materia compuesta de quarks, de átomos, de elementos, de cielos y tierras; como si pudiese crear realidad con su mortal soplo. El estilo era vívido y oscuro, recargado de joyas estilísticas, llenas de argot y arcaísmos, de expresiones técnicas y de parafraseo elaborado, que caracteriza a los artistas de la escuela francesa del simbolismo. Había metáforas tan monstruosas como su falta de sonoridad. La vida de los sentidos era descrita en términos de la filosofía mística. Era un poema venenoso. El pesado olor de incienso parecía atraparte en cada página, enturbiándote el cerebro. La mera cadencia de las oraciones, la suave monotonía de su musicalidad, tan llena de complejos refranes elaborados y llenos de monotonía producían en mi mente, mientras pasaba página, una enfermedad en un sueño, que me hacía inconsciente del día que pasaba y de la lúgubre oscuridad.

¿Acaso el pastelero fue quién creo las fresas y la nata?

¿Y el arquitecto creó con su soplo el metal, o la madera?

¿Acaso Platón creo nuestra capacidad de razonar?

¿Acaso el poeta creo la palabra, el signo, las señales?

La palabra nos hace soñar, pensar, vivir… pero ya estaba ahí, antes del comienzo de este planeta. Walt Whitman tenía razón: el poeta es un veedor: Walt Whitman no tenía razón: el poeta no es un dios, pues es incapaz de crear, como mucho co-crear con elementos que ya estaban: nuestra prepotencia nos ayuda a olvidar que la palabra no existiría sin sonido, y el sonido no existiría sin aire, y sin aire no existiría el poeta, por lo que no pudo crear el aire.

La verdad es que el poeta (y por arrogancia o tal vez ignorancia, Whitman olvidó mencionar al artista, al cocinero, al músico, al pintor y al científico…) quiere ver, ordenar y soñar, y cuando este se consolide y su obra irradie belleza, sinceridad, talento y humildad, te dirá que de tanto ver, de tanto soñar y de tanto nombrar, no sabe absolutamente nada.

(Y es ahí donde comienza la verdadera sabiduría)

3 comentario(s):

  1. Me encantó!!!! nuestra soberbia es muy grande y deja fuera al creador.
    Ani

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  2. lindo :D
    sobre todo para a quienes nos gusta escribir tengamos en cuenta esta reflexión
    Saludos!!!
    Te invito a mi nuevo blog http://mandamientosdementira.blogspot.com/
    Fran

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  3. HOLA BUEN BLOG FELICIDADES

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