Inercia

Destino quiso que este blog naciese el mismo día del fallecimiento del gran Miguel Delibes. Aprovecho para dar mi más sentido pésame a su familia. Su persona se extraña y recordará, su legado seguirá tan vivo y fresco en nuestra alma como todos aquellos que dejan huellas en las almas de los que siguen en este largo continuo pasar de almas al que llamamos civilización.

Mas su muerte también debería ser una llamada de atención a todos los que somos de letras (y también por qué no a artistas de todo tipo): ¿Dónde estamos?, ¿adónde vamos? No puedo pararme de preguntarme el porqué hemos perdido nuestro rumbo.

Inercia, esa es la palabra con la que quiero describir a mi generación. ¿Os imagináis lo que Tirso, Darío, Voltaire o Pascal hubiesen hecho con las herramientas que disponemos hoy en día? Tenemos más dinero, más recursos, más medios de comunicación y sin embargo no hacemos nada más que quejarnos. Nos quejamos de los que piensan diferentes; nos burlamos del facha o del rojo, pero no tomamos medidas tangibles para solucionar los problemas más inmediatos de la vida.

Decimos que vamos en contra de la corriente mas ¡cuán fácil es cuando todos van en contra de esta! Tenemos miedo, miedo a no encajar, miedo a estar solos, miedo al ostracismo, por eso prostituimos nuestras ideas y principios para lograr una absurda idea de amor, basada en lugar del respeto al que es diferente, en tratar de amoldarse a las ideas de los demás.

Nos han lavado el cerebro. Nos han dicho nada podemos hacer, y nada debes hacer más que estimular tus sentidos para así tener una triste alusión de felicidad, nos han dicho. ¿Quién nos lo ha dicho? Eso es lo más triste, ¡nosotros mismos! Nadie hay allí, ningún gran hermano, ninguna compañía malvada, somos nosotros mismos los que hemos llegado a este estado en el buscamos la absurda idea de que podemos ser felices a pesar de que media humanidad se encuentra en la más absorta miseria.

¡Oh, el horror!, ¡el horror!, que razón tenía Conrad con estas palabras. Eso es lo que digo cuando veo el mundo literario de hoy en día que no es más que un American Dream pasado por agua. Soñamos alcanzar las estrellas, soñamos con vender millones de obras en un instante, soñamos con el éxito inmediato, con ganar millones la noche a la mañana para así dejar de escribir y vivir en un chalet en Marbella el resto de nuestras vidas. Soñamos con impactar a millones, pero no nos interesa hacer soñar a nuestros padres, amigos o vecinos. Soñamos con ganar el planeta, cuando lo único que necesitas es un portátil e Internet para publicarte a ti mismo.

Así que antes de buscar nuevas formas, nuevas temáticas, antes de que nazca uno de esos Post Postmodernismo, un Neoneoclasicismo, un Rerrenacimiento o un Post Neorrerromanticismo del 98, sugiero que comencemos haciendo una valoración de nosotros mismos. Mirar y aprender del pasado es importante, pero no cuando se convierte en un ídolo de barro. Todos querían cambiar el mundo, ¿Por qué no lo hicieron?, ¿O sí que lo hicieron?, ¿Qué les falto? No basta con que nos hagan soñar, también tienen que hacernos reaccionar.

Antes de renovar nuevamente las letras, renovemos nuestra alma.

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