noviembre 21, 2009

¡A los peloteros!



Mientras leíamos esta entrada con Desdemona, del blog de mi primo Sebastián, tuvimos la siguiente conversación:

(Desdemona es un nombre que me he inventado, ya que la persona con quién he tenido esta conversación no me ha dejado utilizar su nombre por motivos personales)

Desdemona: ¿Por qué tenemos que aguantarle a él sus estupideces si él no es capaz de aguantar las de los demás? ¿Acaso es dueño de la verdad absoluta?

Yo: Bueno, al menos es divertido. Voy a dejarle un comentario en su blog.

Desdemona: Pero critícalo y dile que no sea tan tonto. No vayas a decirle lo bien que escribe y que es una pobre alma incomprendida.

Yo: ¿Por qué iba a decirle yo algo así?

Desdemona: Porque te gusta hacer la pelota.

Yo: ¿Yo?

Sí, lo soy. ¿A quién voy a engañar? Por eso es que nunca escribo en contra de nadie ni nada. No me mojo la camiseta, quiero estar en buena con Dios y con el diablo. Siempre que puedo evitar conflictos con la gente lo hago, incluso cuando signifique darle la razón a otra persona que no pienso que la tenga. ¿Para qué me voy a complicar más la vida?, si ya es complicada con los problemas que tengo por el mero hecho de existir.

Me doy cuenta que estoy, incluso ahora mismo, haciendo la pelota. Me estoy haciendo la pelota a mí mismo, ya que estoy realzando mi capacidad de autocrítica y mi humildad. También se la hago al Seba, quien sí es capaz de manifestar su disgusto y aborrecimiento por prácticamente todo lo que se mueve bajo el sol. No es algo de lo que este necesariamente orgulloso, pero tampoco es algo que me importe admitir. Sí no sé reconocer mis propios fallos, estoy negando lo más intrínsecamente humano en mí.

noviembre 15, 2009

En la entrada de la Casa Usher

No sé como llegué hasta allí, pero aquella noche no pude evitar sentir una insoportable tristeza invadiendo mi ser al contemplar por primera vez la casa de los Usher. Era un cuadro tan abrumador que me imposibilitaba entender la causa concreta de mi congoja. Era un edificio estancado en el tiempo, con paredes agrietadas y enmohecidas, puertas y ventanas putrefactas y gárgolas que me hacían sentir una mezcolanza de pánico, nerviosismo y escalofríos. Parecía una casa del terror si no fuera porque el miedo era tangible y perturbador, lo que me amargaba cada instante en el que pensaba aventurarme entre esos muros. Intentaba recordar las causas por las que estaba en ese lugar mas no recordaba razón alguna, aunque toda esta escena, no hacía más que traerme una confusa impresión de déjà vu.

Al cruzar el pórtico gótico de la entrada principal, toda esta zozobra fue aun más intensa. Los misteriosos jardines que rodeaban la casa parecían un cementerio sin tumbas, cuervos que por doquier que me lanzaban una escalofriante mirada oprimían aún más mi espíritu. A medida que me acercaba, imágenes confusas y distorsionadas pasaban por mi cabeza; Madeleine – ella es una de las moradoras de este lugar. ¿De dónde la conozco? Su recuerdo era el de una dama fantasmagórica que cruzaba por mi mente y desaparecía. Estaba enferma, o muerta o algo entre medio. Vino a mi imaginación una tumba en la que ella estaba viva. En eso escuché un ruido en los arbustos que casi me mata, pero resultó no ser más que unas ratas. Estaba a punto de llegar cuando recordé a Roderick Usher. El dueño de esta demacrada morada, si bien no estaba muerto, lo veía muy enfermo y débil, con un cuerpo corrupto y una mente perturbada tocando el borde de la demencia. A pesar de esto, no lograba encajar todas las piezas, ni entendía las misteriosas razones que me habían llevado hasta allí. Esto me perturbaba aún más ya que era más inquietante pensar en lo que me podría a encontrar en ese tenebroso lugar.

Estaba solo a unos metros de la puerta principal cuando recorde que un señor sin nombre también era parte de esta historia. Mientras intentaba recordar, súbitamente, desde el interior escuché el grito más aterrador que he escuchado en mi vida. Semejante chillido me produjo un pánico que me paralizó completamente. Sin curarme de aquel espanto, vi que aquella persona la cual no podía recordar salía despavorido por la puerta principal, mientras que un enorme temblor sacudía toda la tierra. Salía tan horrorizado el pobre hombre que no notó mi presencia, y como yo aún no salía de mi espanto nos tropezamos y caímos. Rápidamente me cogió del brazo y ambos huimos despavoridos mientras él me hacía ver una grieta en el techo (la cual no me había percatado antes) se iba ensanchando. De pronto pasó un furioso soplo de torbellino, y ante nuestros ojos se desplomaron los pesados muros y tejados, y hubo un largo estruendo que ocasionó el desplome de la Casa Usher.

Mientras corríamos despavoridos, yo le preguntaba qué significaba todo esto, qué podría haber pasado en esta casa para que se hubieran desencadenado todos estos perturbadores acontecimientos. Entre el ruido que aún producían los escombros, alcancé a escuchar que Madeleine había sido enterrada viva, pero que ahora ella y Roderick estaban muertos. El resto no podía escucharlo bien, pero oí algo acerca de gemelos, endogamia, locura, sangre, muerte, desesperación, para luego escuchar solo un murmullo ininteligible que poco a poco se iba desvaneciendo, ya que me había despertado pero aún estaba en esos segundos en los que aún piensas que los sueños son reales. Abrí los ojos súbitamente y mi corazón seguía latiendo con mucha prisa como suele ocurrir con las pesadillas.

Me di cuenta que me había quedado dormido en mi escritorio.En mi portátil había un documento en blanco con el título; "Comentario de La caída de la casa de Usher" y ese mismo cuento de Poe estaba a mi derecha. ¿Y ahora qué? Perdí la oportunidad de saber si Madeleine mató a Roderick o si murieron con la caída de la casa. Sin embargo, lo que más me decepciona es que jamás sabré por qué la casa cayó en ese preciso instante – no tiene sentido, sólo le da más emoción al final del cuento.

noviembre 10, 2009

La Pija

Esta historia me la contaron un frío lunes por la mañana, cuando tomaba un café en el Antro con unos amigos. El Antro es una especie de santuario para los fumadores en la UIB, un pequeño espacio abierto donde algunos míseros rayos del sol apenas se asoman por el mediodía, y aunque no fume, este año he conocido muchos que sí, por lo que he tenido la oportunidad de sumergirme en este submundo de bohemios y tabaco. Charlaba con Catibel, Yoli e Inoa, cuando llega Patri. Estaba nerviosa, se acercaba con esa forma de pingüino tan graciosa que tiene de caminar y nos cuenta ligeramente enfadada: – ¿Sabéis que este finde le salve la vida a la Pija y no me dio ni las gracias?

Los hechos ocurrieron un sábado por la noche en algún pub o club alrededor del Paseo Marítimo. No recuerdo el nombre, no estoy seguro si es porque ella lo omitió o porque yo estaba pensando en otra cosa en ese momento. El caso es que Patri estaba de juerga, pasando un buen rato con todas sus amigas del barrio: Lapili, Lalola, Lajuani y Latere. Todas estaban felices pasando un buen rato, orgullosas lucían sus tops ajustados y fofis, tatuajes, piercings y faldas extra cortas. Jugaban a una partida de futbolín, sin hacerles daño a nadie, cuando ella aparece de las sombras. La Pija, rodeada de su séquito de lacayas, vestía Tous y Prada. No se aguantan en la semana y las tiene que ver aquí. Patri las ve cada día en clase y aunque alguna vez fueron amigas, diferencias irreconciliables las fueron separando con el tiempo.

Patricia decide ignorarlas, pero La Pija no va a dejarse ser ignorada. Por lo que va y se coloca a un lado del futbolín imposibilitando el juego. Lajuani, que es una chica con mucha paciencia y buenos modales, le pide amablemente que se mueva.

–Pues no me da la gana moverme. Estoy en un país libre. –fue la fría respuesta de la Pija.

Aquí debo asumir que la Pija no tenía conocimientos de ciertos aspectos semántico-sociales que nos hacen inferir que si el nombre de una persona lleva antepuesto un artículo determinado es para advertirnos de los contratiempos que nos supondría interponernos en su camino. Y aunque como he dicho antes, Lajuani se caracteriza por su templanza y buenas costumbres, no iba a aceptar que sus demandas no fuesen satisfechas.

– ¡Yo la mato! ¡Qué la mato a esta zorra! – fueron las amenazas que Lajuani gritaba mientras se aproximaba a la Pija para atentar contra su integridad física.

Como era de esperar, el resto del barrio se unió a Lajuani pidiendo la sangre de la Pija al unísono, mientras esta seguía sin moverse de donde estaba. Patri para evitar un innecesario derramamiento de sangre, intervino a favor de la pija. Al final logró que se moviera, mientras calmaba a su tribu. No hubo ningún tipo de agradecimiento por parte de la pija, lo que enfadó a Patri y juró nunca más defenderla cuando Lapili, Lalola, Lajessi, Lajuani y Latere pidieran a gritos por su vida.

noviembre 03, 2009

Jackson

[New York, year 2027. Andrés and Gabriel hang out in the coffee house] 

Andrés: Certainly I love NYC at this time of the year: the lights, the colors, the snow; it’s just gorgeous, don’t you think?

Gabriel: Sure… I suppose…

Andrés: Man, what’s wrong with you? Why do you look so down? Cheer up!

Gabriel: What are you talking about? I’m fine… life is good, I have a beautiful wife, lovely children and business cannot be better.

Andrés: This is about your son, isn’t it?

Gabriel: For what I recall I have no son, only three beautiful daughters.

Andrés: Honestly, I think you have to let that go; so Jackson wants to dance ballet instead of going to college, I don’t see what the big deal is.

Gabriel: What the big deal is? All my life, I’ve been working so hard, building this landscape company with my own hand so my son will take over eventually, and now he wants to wear tights and dance like a sissy, and you still don’t know what the big deal is? Man! My life, my efforts all will be thrown away and lost. Do you have any idea what it means? Do you?

Andrés: Sorry bro, I guess things didn’t work out the way you wanted…

Gabriel: He has brought shame to me and our family.

Andrés: Shame to you? Get a grip please! And besides, how come you didn’t see that coming? I mean, he was always jumping and twirling around the house.

Gabriel: I thought he was gay or something, I would have perfectly understood that, but this… I don’t get it! We worked together for several years, side by side, we always got along great, and all of the sudden he dropped that bombshell. What did I do wrong? Please tell me! I need to know!

Andrés: Maybe that’s his raison d’être. 

Gabe: Je ne sais pas. But why if you perceived it before, why didn’t you tell me?

Andrés: I thought you knew as well.

Gabriel: I don’t care anymore. And I hope he gets ready to face up with reality for he’s not going to get a dime from me.

Andrés: In that case, he will hate you.

Gabriel: Well, so be it.

Andrés: C’mon, you don’t mean that. You should give him a break. It’s not the end of the world if your son doesn’t take over your company.

Gabriel: This is not about business. This is about my legacy – my legacy! How would you feel if you knew that all your hard-work will be gone some day?

Andrés: As a matter of fact, your business is bound to disappear eventually, just as everything else that exists in this universe.

Gabriel: don’t try to talk me into forgiving my son, I know your evil mind games.

Andrés: I don’t have to talk you into anything. And don’t worry I won’t confuse you with semantics. Because I know that you know that deep down, you care more about your son than your business, I know that everything you have said you said it because you are mad, but sooner or later you will accept the career that your son have chosen, no matter what, won’t you?

Gabriel: (stares at Andrés with anger) Damn you are right! Stupid sons, thinking on their own!

Andrés: And perhaps Rachel, your eldest daughter, might want to run your business.

Gabriel: Yeah right… a businesswoman, don’t make me laugh.