La Diana

DE MONTEMAYOR, Jorge: La Diana; edición, prólogo y notas de Juan Montero; con un estudio preliminar de Juan Bautista de Avalle-Arce, Barcelona, Crítica, 1996.

La novela pastoril es un subgénero narrativo que se desarrolló en el Renacimiento a partir de la aparición de la Arcadia del italiano Jacopo Sannazaro. Los protagonistas son pastores y su tema exclusivo el amor. Se trata de pastores idealizados que viven y cantan sus penas de amor en un marco natural, solidario y acorde con sus sentimientos. Son unos amores honestos, platónicos con celos, enredos amorosos y conflicto entre parejas desajustadas, que se resuelven con una reconciliación y con felicidad. El género tuvo un éxito en España. La primera y mejor novela de pastores en castellano es La Diana, de Jorge de Montemayor, a la que siguieron Diana enamorada de Gaspar Sil Polo y La Galatea de Cervantes.

La Diana es una obra del portugués Jorge de Montemayor. Fue un hombre de armas y letras típicamente renacentista. La primera edición de esta obra se publicó con el título de Los siete libros de Diana de 1559. Obtuvo y mantuvo en el tiempo un enorme éxito, convirtiéndose en la obra que creaba la novela pastoril en toda Europa. Consta de un prólogo con los antecedentes de la acción, y el relato se divide en siete libros que forman tres partes. No existe una acción principal y otras subordinadas, las cuatro historias narradas tienen una importancia similar. La estructura es simétrica, con siete libros en los que el IV es el eje de la historia, marcando un equilibrio, mesura y armonía típica del renacimiento. En dicha estructura confluyen dos tradiciones: los relatos de folklore y la filosofía renacentista.

No todas las novelitas que forman la obra son pastoriles algunas son de ambiente cortesano. Las aventuras son estéticas, sin apenas movimiento o acción. Toda la novela tiene como objeto fundamental de atención los efectos contradictorios que produce el amor. Un amor puro, honesto, virtuoso, encaminado al matrimonio y que lleva aparejado el dolor y la congoja junto al gozo. Las mujeres juegan un papel activo. El amor es el principal motor de todas las historias. En la novela se mezclan elementos mitológicos y de la realidad española, mezcla muy renacentista por mitológica y nacionalista. El éxito de la novela se debe a la originalidad de dos temas: amor platónico y mito pastoril, y a la interpretación que sus contemporáneos hacían de ella como de una obra en clave.

En La Diana se dan dos niveles narrativos diferenciados, que es un esquema que pasó a ser habitual en las novelas pastoriles españolas. Uno es el de los hechos que efectivamente ocurren en el presente de la narración y cuyo relato, en tercera persona, corre a cargo de un narrador primario. Otro es el de los hechos sucedidos en el pasado y actualizados, en primera persona, por un personaje, mientras otros hacen de oyentes de su relato. Ese narrador secundario procede a contar por extenso su biografía sentimental o cuando menos a exponer un resumen de la misma. El narrador primario es omnisciente en lo que atañe a los sucesos del presente narrativo, pero su visión de tales hechos aparece con frecuencia condicionada por el punto de vista de algunos personajes (especialmente el de Sireno). Su manera de proceder, por otra parte, no es homogénea a lo largo de la obra. En los tres primeros libros se ocupa sobre todo de plantear e hilvanar las diversas situaciones del relato, dejando amplio margen tanto para los recitados, soliloquios y diálogos en estilo directo de los personajes como para su actuación en funciones de narradores secundarios. En los tres libros finales, los narradores secundarios pierden terreno mientras que la intervención del narrador primario se hace más decidida y constante, lo que se traduce en una mayor manipulación de la historia mediante técnicas diversas. Los narradores secundarios tiene, pues, especial protagonismo en los tres primeros libros. La perspectiva adoptada en estos casos es la propia del personaje-narrador, aunque en ocasiones se produce un deslizamiento hacia la omnisciencia autorial.

A pesar de sus limitaciones, hay que reconocer la dimensión de novela psicológica de la Diana. Uno de sus objetivos es llevar a cabo “una autonomía del amor verdadero”. Unas veces es la voz narradora la que se encarga de llevar a cabo la indagación o dar la pincelada de carácter psicológico. El estudio de la pasión y sus efectos se plasma en un seguimiento del proceso amoroso y sus consecuencias anímicas por medio de manifestaciones discursivas (conversaciones, poemas y cartas). Por tanto, la tendencia a la tipificación y la fijación del personaje se ve contrastada por otra hacia la individualización diferenciadora. El resultado es un grado mayor o menor de consistencia psicológica en su trayectoria sentimental. Por ejemplo, Selvagia dice que su amor no tiene que ser para siempre; Amarílida y Duarda se muestran plenamente conscientes y dueñas de sus opciones sentimentales, Duarda en un mayor grado de individualización, por su paradigma de belleza distinto al que predomina en el libro, defiende la libertad sentimental.

El importante papel que juegan los personajes de género femenino es lo que más hay que resaltar de los personajes. Las mujeres no sólo aparecen como sujetos de la experiencia sentimental sino que mayoritariamente son ellas las que, asumiendo sus funciones de narradoras, dan cuenta de la misma: Diana, que da título a la obra, tiene menos oportunidades de expresarse, Felismena acapara un mayor protagonismo en la obra, desde todos los puntos de vista. El importante papel estructural y simbólico de Felicia y sus ninfas en el proceso amoroso que viven diversos personajes debe ser resaltado también.

Los personajes se dividen en dos categorías. Unos son los que aman. Son los verdaderos protagonistas de la obra, les toca sentir y sufrir. Su discurso amoroso se ciñe a la expresión de los sentimientos de dolor y desengaño. La experiencia les da un grado importante de conocimiento. Y también están los que no aman. Se trata de Felicia y sus ninfas, que intervienen en función de sus relaciones con los anteriores. Su perspectiva es la de quienes están libres de amor, semejante a la libertad, fruto de trayectorias diferentes. De las ninfas se dice que no tiene experiencia sentimental, mientras que Felicia tiene un conocimiento personal de la pasión en su juventud. La conjunción de ciencia y experiencia explican esa condición de sabia de Felicia, quien se compadece y alivia los sufrimientos de los enamorados. El encuentro amoroso entre ambos grupos se da en el palacio de Felicia (libro IV). Se trata de un mundo caracterizado por el sincretismo entre los elementos sobrenaturales, artísticos, poético-legendarios e históricos; pero a la vez este compendio de lo artificial y artístico aparece como resultado de la sublimación de la natural; lo que con él se representa es un orden ideal.

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