Este año nuevo quisiera mandarle muchos saludos a:


Mi amigo que se fue a Asia, le robaron todo y ahora está perdido y sin pasta; a mi amigo que pasó cincuenta y cinco horas en el hospital esperando que su chica diera a luz (¡felicidades papá!). También envío un saludo a mi amiga que no se decide con cuál de los tres chicos con los que sale quedarse, y a la que no se decide a salir con ninguno. También un saludo muy especial a mi primo que mira las estrellas, a mi primo que le gusta la Guerra de las Galaxias, al que solo le gustan los combos y los misiles y al que le gusta el reggaeton. Un cariñoso saludo a mi compañera de clase que estuvo a punto de salir con un testigo de Jehová y a la que vuelve y rompe con su novio casi cada semana. También un saludo muy especial a mi amiga con la que compartimos el coche y nos reímos de todo (que comencis s'any amb bon peu!), la que me pasa los apuntes cuando no voy, a la que siempre dejo comentarios en su blog, y la que camina como pingüinito con sus tacones de dos metros. También a esa amiga que es guapísima, pero siempre piensa que está gorda y fea. También muchos saludos a mi amigo de la infancia que está a punto de ser padre, y también a mi amigo que va por el segundo hijo. No me puedo olvidar de mi amiga irlandesa que canta y bebe cerveza mejor que San Patricio. También a la inglesa, la francesa, la sueca, la noruega y la finlandesa. También a mis amigos del verano, con los que bebo cañas, me rio, pero no sé más de ellos a parte de lo que pasa cuando vamos de marcha. Un saludo muy cariñoso a mis amigos con los que viajamos a Africa, a los que conocí en los Estados Unidos, en Inglaterra y en Francia, y a los que acabo de conocer hace poco. También envió un saludo a todos esos amigos con los que no tengo contacto hace muchos años y no tengo idea lo que están haciendo. También envió un saludo especial a todos mis enemigos, y a la gente que no le caigo bien. También un saludo a todos los amigos que haré en 2010.Y a todos los demás, que no voy a terminar si me sigo refiendo a cada uno.

Gracias a todos, ¡Feliz 2010, muchos abrazos y besos!

Navidad en el hospital

Hace unos años recuerdo que para navidad, mis primos organizaron una colecta para dar juguetes en navidad para los niños más necesitados. Recuerdo el día que fuimos ese hospital, fue increíble ver la cara de esos niños al ver que esta navidad tendrían algún regalo, a pesar de que eran en su mayoría un montón de juguetes usados y gastados que la mayoría de los niños que conozco te los tiraría por la cabeza.

Recuerdo que mis primos, que tienen el corazón de la madre Teresa, se acercaban, les abrazaban, cantaban con ellos y sus madres. Yo no lo hacía. No sé por qué – bueno si lo sé… por un lado estaba pensado que en la noche tenía una fiesta… y por otro que simplemente me daba vergüenza saludar a madres y niños desconocidos.

Más tarde me avergonzaría y arrepentiría de mi propio egoísmo. Eso es lo que hacemos comúnmente. Siempre hay alguien que necesita de nuestra ayuda, nuestro cariño y nuestro tiempo – y ese alguien no suele estar más lejos que a una calle de distancia, una llamada telefónica, o un correo electrónico – pero estamos tan nublados en nuestro propio egoísmo que a veces nos perdemos la oportunidad de hacer la navidad de otro, un poquito más especial.

Feliz navidad.

Drawing an American (analysis of Practical Exercise)

Today in class we were separated in three groups. One group was made of guys and two of girls. A picture of a statue of a man was given to the groups of girls and a picture of a statue of a woman was given to the group of guys. Then each group had to think and analyze what the American male/female identity mean for each group.

Girls used drawings to define the prototypical man. Among these images we can find: iPod, McDonald, money, surf, beach, the American flag, Harley-Davidson, Hollywood, Levis, baseball, Starbucks etc. The guys, on the other hand, attempted to find key words to define the prototypical women: mother, conservative, hard-working, puritan, liberal, protector, head of the family etc. These images and concepts, however, are nothing more than mere stereotypes.

Why did we use stereotypes? I think the main purpose of this activity was to understand the way in which we, human beings, map the world around us. The whole reality is too vast for us  to ever comprehend its totality. This is why we make use of both images and key concepts to represent certain elements of this universe, and this is what we do with nationalities and cultures that are unknown to us. It is really hard for an average human being to understand or get to know all the cultures of this planet. I think this is why we use stereotypes in this exercise. Regardless the fact that we have been studied North American Civilization, It is still really hard to describe an identity in a sheet of paper, for culture and nationalities are too complicate for being described in a few lines. There are too many nuances, too much complexity only in one single person, not to mention a whole community. I think this was the purpose of this exercise. As Americans say, there is more in the United States than the eye can meet.

Walt Whitman

Era un soleado día de otoño, el follaje comenzaba a caer y los cielos estaban más azules que nunca. Pensé que sería una buena idea parar un momento en un verde llano que hallé camino a la universidad, puesto que tenía que leer un poema para la clase. Aparqué cerca del camino y fui hasta una encina que había a unos metros de ahí. Me senté bajo la sombra de ésta, sobre la hierba y las hojas secas, mientras una fresca ventisca pasaba entre mis dedos. Saqué el libro, su título era, Leaves of Grass de Walt Whitman. El primer poema se titulaba "Song of Myself" y decía:

I celebrate myself, and sing myself,
And what I assume you shall assume,
For every atom belonging to me as good belongs to you.
I loaf and invite my soul,
I lean and loaf at my ease observing a spear of summer grass.
My tongue, every atom of my blood, formed from this soil, this air, […]


¡Qué inmenso poder me hacían sentir aquellos versos! elevaba mi espíritu el sólo contemplar aquellas pequeñas cosas; el sol, la briza, el mirar crecer la hierba. El viento refrescaba mi rostro; mi mente trascendía a través de los parajes más profundos de mi pensamiento, mientras agradecía por aquel catártico momento que la vida me otorgaba.

¡Mierda! Se está moviendo…

No puedo creer que lo haya dejado cuesta arriba y que haya olvidado poner el freno de mano. A pesar de que corrí lo más rápido que pude, no pude evitar que cayera en un pequeño dique al otro lado del camino. No era muy profundo, pero sí lo suficiente para no poder sacarlo sin pdeir asistencia.

Mientras esperaba que llegase la grúa, sentí la impotencia de estar atrapado en ese desabrido llano, sin ningún entretenimiento aparte de mirar cómo crecía la hierba. El viento comenzaba a enfriarme la cara y las manos: el sol se escondía y las nubes se ennegrecían; mas lo peor de todo es que aún tenía que engullirme esos versos de aquel desabrido poema.

La Diana

DE MONTEMAYOR, Jorge: La Diana; edición, prólogo y notas de Juan Montero; con un estudio preliminar de Juan Bautista de Avalle-Arce, Barcelona, Crítica, 1996.

La novela pastoril es un subgénero narrativo que se desarrolló en el Renacimiento a partir de la aparición de la Arcadia del italiano Jacopo Sannazaro. Los protagonistas son pastores y su tema exclusivo el amor. Se trata de pastores idealizados que viven y cantan sus penas de amor en un marco natural, solidario y acorde con sus sentimientos. Son unos amores honestos, platónicos con celos, enredos amorosos y conflicto entre parejas desajustadas, que se resuelven con una reconciliación y con felicidad. El género tuvo un éxito en España. La primera y mejor novela de pastores en castellano es La Diana, de Jorge de Montemayor, a la que siguieron Diana enamorada de Gaspar Sil Polo y La Galatea de Cervantes.

La Diana es una obra del portugués Jorge de Montemayor. Fue un hombre de armas y letras típicamente renacentista. La primera edición de esta obra se publicó con el título de Los siete libros de Diana de 1559. Obtuvo y mantuvo en el tiempo un enorme éxito, convirtiéndose en la obra que creaba la novela pastoril en toda Europa. Consta de un prólogo con los antecedentes de la acción, y el relato se divide en siete libros que forman tres partes. No existe una acción principal y otras subordinadas, las cuatro historias narradas tienen una importancia similar. La estructura es simétrica, con siete libros en los que el IV es el eje de la historia, marcando un equilibrio, mesura y armonía típica del renacimiento. En dicha estructura confluyen dos tradiciones: los relatos de folklore y la filosofía renacentista.

No todas las novelitas que forman la obra son pastoriles algunas son de ambiente cortesano. Las aventuras son estéticas, sin apenas movimiento o acción. Toda la novela tiene como objeto fundamental de atención los efectos contradictorios que produce el amor. Un amor puro, honesto, virtuoso, encaminado al matrimonio y que lleva aparejado el dolor y la congoja junto al gozo. Las mujeres juegan un papel activo. El amor es el principal motor de todas las historias. En la novela se mezclan elementos mitológicos y de la realidad española, mezcla muy renacentista por mitológica y nacionalista. El éxito de la novela se debe a la originalidad de dos temas: amor platónico y mito pastoril, y a la interpretación que sus contemporáneos hacían de ella como de una obra en clave.

En La Diana se dan dos niveles narrativos diferenciados, que es un esquema que pasó a ser habitual en las novelas pastoriles españolas. Uno es el de los hechos que efectivamente ocurren en el presente de la narración y cuyo relato, en tercera persona, corre a cargo de un narrador primario. Otro es el de los hechos sucedidos en el pasado y actualizados, en primera persona, por un personaje, mientras otros hacen de oyentes de su relato. Ese narrador secundario procede a contar por extenso su biografía sentimental o cuando menos a exponer un resumen de la misma. El narrador primario es omnisciente en lo que atañe a los sucesos del presente narrativo, pero su visión de tales hechos aparece con frecuencia condicionada por el punto de vista de algunos personajes (especialmente el de Sireno). Su manera de proceder, por otra parte, no es homogénea a lo largo de la obra. En los tres primeros libros se ocupa sobre todo de plantear e hilvanar las diversas situaciones del relato, dejando amplio margen tanto para los recitados, soliloquios y diálogos en estilo directo de los personajes como para su actuación en funciones de narradores secundarios. En los tres libros finales, los narradores secundarios pierden terreno mientras que la intervención del narrador primario se hace más decidida y constante, lo que se traduce en una mayor manipulación de la historia mediante técnicas diversas. Los narradores secundarios tiene, pues, especial protagonismo en los tres primeros libros. La perspectiva adoptada en estos casos es la propia del personaje-narrador, aunque en ocasiones se produce un deslizamiento hacia la omnisciencia autorial.

A pesar de sus limitaciones, hay que reconocer la dimensión de novela psicológica de la Diana. Uno de sus objetivos es llevar a cabo “una autonomía del amor verdadero”. Unas veces es la voz narradora la que se encarga de llevar a cabo la indagación o dar la pincelada de carácter psicológico. El estudio de la pasión y sus efectos se plasma en un seguimiento del proceso amoroso y sus consecuencias anímicas por medio de manifestaciones discursivas (conversaciones, poemas y cartas). Por tanto, la tendencia a la tipificación y la fijación del personaje se ve contrastada por otra hacia la individualización diferenciadora. El resultado es un grado mayor o menor de consistencia psicológica en su trayectoria sentimental. Por ejemplo, Selvagia dice que su amor no tiene que ser para siempre; Amarílida y Duarda se muestran plenamente conscientes y dueñas de sus opciones sentimentales, Duarda en un mayor grado de individualización, por su paradigma de belleza distinto al que predomina en el libro, defiende la libertad sentimental.

El importante papel que juegan los personajes de género femenino es lo que más hay que resaltar de los personajes. Las mujeres no sólo aparecen como sujetos de la experiencia sentimental sino que mayoritariamente son ellas las que, asumiendo sus funciones de narradoras, dan cuenta de la misma: Diana, que da título a la obra, tiene menos oportunidades de expresarse, Felismena acapara un mayor protagonismo en la obra, desde todos los puntos de vista. El importante papel estructural y simbólico de Felicia y sus ninfas en el proceso amoroso que viven diversos personajes debe ser resaltado también.

Los personajes se dividen en dos categorías. Unos son los que aman. Son los verdaderos protagonistas de la obra, les toca sentir y sufrir. Su discurso amoroso se ciñe a la expresión de los sentimientos de dolor y desengaño. La experiencia les da un grado importante de conocimiento. Y también están los que no aman. Se trata de Felicia y sus ninfas, que intervienen en función de sus relaciones con los anteriores. Su perspectiva es la de quienes están libres de amor, semejante a la libertad, fruto de trayectorias diferentes. De las ninfas se dice que no tiene experiencia sentimental, mientras que Felicia tiene un conocimiento personal de la pasión en su juventud. La conjunción de ciencia y experiencia explican esa condición de sabia de Felicia, quien se compadece y alivia los sufrimientos de los enamorados. El encuentro amoroso entre ambos grupos se da en el palacio de Felicia (libro IV). Se trata de un mundo caracterizado por el sincretismo entre los elementos sobrenaturales, artísticos, poético-legendarios e históricos; pero a la vez este compendio de lo artificial y artístico aparece como resultado de la sublimación de la natural; lo que con él se representa es un orden ideal.

Aliens en la Araucanía

Lo que voy a contar me sucedió hace más de trece años, aunque por ser tan vivos aquellos recuerdos en mi cabeza aún me es posible recordar ese ansioso y nervioso desconcierto que sentí con mis primos, al ser testigos de los fenómenos de aquella noche. Eran los años noventa. Solía ir de vacaciones con mis primos y abuelos a la región de la Araucanía. Ciertamente es una tierra llena de leyendas, magia y prodigios. Por esta razón mis primos y yo, que éramos muy sensibles a lo sobrenatural, manteníamos la viva esperanza de encontrarnos con algún espíritu, fantasma, trauco o caleuche merodeando por aquellos bosques, lagos y volcanes. Algún día, pensábamos, en aquellos montes bajo alguna de esas araucanas de más de mil años estaría el ánima de Lautaro o Caupolicán la cual nos transportaría por los páramos más salvajes de aquellas regiones. Sin embargo, aunque siempre creímos en la posibilidad de encontrarnos con lo fantástico, nunca imaginamos que nos fuésemos a encontrar con extraterrestres.

Rodrigo, Sebastián y yo éramos pequeños, pero sabíamos muy bien de lo que estaban siendo testigo nuestros ojos. No estábamos aterrorizados, pero sí algo nerviosos, aunque a la vez nunca habíamos sentido tanta emoción. El tibio viento estival apenas refrescaba el tenso ambiente de aquella seca noche de febrero. De cerca se sentía el sonido de las olas del lago Calafquén rompiendo las piedras de aquel peñón en el que nos encontrábamos, los pájaros carpinteros hacían sonar aquellos viejos trocos secos y el silencio se adueñó de todos nuestros sentidos. Ningún ruido en el exterior nos distraía, y ya nada nos importaba, ni siquiera el hecho de habernos escabullido de noche sin permiso de los abuelos, o de haber dejado a Juanjo sólo en la cabaña durmiendo. Por ahora, los tres mirábamos al cielo confundidos, temerosos, pero maravillados de lo que podría estar a punto de pasar. Aunque quería barajar la posibilidad de que todo tuviera una explicación lógica, no podía parar de sentir más fuerte que nunca que lo que estaba sucediendo en el cielo era un prodigio nunca visto.

– No podemos quedarnos aquí – les dije a mis primos – hay que avisarles a las autoridades lo antes posible que estamos ante una invasión marciana.

– ¿Qué te hace pensar – dijo Rodrigo – que esas intensas luces en el cielo son seres de otra galaxia? A lo mejor son satélites de la CIA, o tal vez solo son estrellas fugaces.

– ¿Y cómo sabes que son de Marte? – me dijo Seba – odio la gente que mezcla el término marciano con extraterrestre. Obviamente no son marcianos, ya que está comprobado que no hay vida en el planeta rojo. Te agradecería que hablaras con propiedad y los llamases extraterrestres o alienígenas.

– Está bien, perdona – le respondí – les llamaré alienígenas; respondiendo a tu pregunta Rodrigo, eso sería imposible, no pueden ser satélites, que yo sepa nunca van en grupo. No hay otra explicación, son alienígenas.

– Creo que tienes razón – dijo Rodrigo –y tampoco pueden ser estrellas fugaces, ya que nunca se moverían de aquella manera tan aleatoria, dando vueltas de un lado a otro pero en grupo. Es increíble que parezcan los típicos platillos voladores que se ven en la ciencia ficción. Todos brillan casi tanto como la luna. Es increíble la manera en que se mueven: juntos haciendo giros aleatorios para luego todas las naves juntas hacer círculos en el cielo.

– Créeme, estos son alienígenas. – dijo Seba – Sabía que algún día invadirían este planeta… sólo que tenía la esperanza que para entonces ya tuviéramos los medios necesarios para combatir su avanzada tecnología de combate. Esas vueltas tan extrañas son la señal que sus naves están haciendo una danza de guerra, así como las hacen los indios. Y hablando de mapuches, ¿no dije yo que la profecía de la Machi que nos encontramos en la feria artesanal era real?

– Esa no era una Machi – le dije – no era más que una señora mapuche pechugona que se quejaba de la ocupación de sus tierras.

– Sí era una Machi – me respondió Seba – tenía una tienda llenas de pócimas y encantamientos, Juanjo y yo vimos como hacía unos encantamientos para curar a un enfermo.

Fuera verdad o no que la señora fuese un hechicera mapuche (para mí y Rodrigo no era más que la señora que vendía indios pícaros) lo cierto es que es por ella que estábamos allí esa noche. Aquella tarde habíamos estado en la Feria Artesanal de Villarrica con los abuelos. Sebastián y Juan José habían ido a la tienda de la señora mientras yo acompañaba a Rodrigo a comprarse una cortapluma. Según los pequeños, ella les dijo que muy pronto sería el fin del mundo, como estaba pregonado en las leyendas de su pueblo. Y puesto que Sebastián y Juan José apenas tienen 7 y 8 años, para ellos muy pronto significaba esa misma noche, así que estaban seguros que hoy sería el fin del mundo. Yo no podía creer que fuesen tan ingenuos de creer cuentos de brujas, cuando en realidad era sólo la señora arisca que vestía un poncho y de la que ni siquiera estaba muy seguro que fuese mapuche. Al parecer también les había dicho que serían seres de otro planeta los que se encargarían de sembrar el caos y traer el fin, pero yo creo que eso se debe a que los pequeños escucharon lo que querían escuchar, incluso si fuera una machi de verdad, no me la imagino hablando de extraterrestres.

Una vez de vuelta en la cabaña, Sebastián nos insistió tanto a mí y a Rodrigo, que al final accedimos a ir a la península aquella la noche, ya que allí, pensaba, seriamos los primeros en avistar la invasión alienígena. Rodrigo era el que más se oponía en desobedecer a los abuelos, pero luego lo convencimos gracias a su amor por las estrellas, y aunque no viésemos ovnis, probablemente con la poca luz que hay, se verían todos los astros del hemisferio sur. Esperamos que los abuelos y Jimena se durmieran, y cuando al fin lo hicieron nos escabullimos. No llevamos al pequeño Juan José porque dormía como un tronco, y Rodrigo nos dijo que su hermano no tenía buen despertar.

Habían pasado veinte minutos desde que llegamos al mirador de la península, y estábamos atónitos ante los eventos que ocurrían en frente de nuestras narices. Los tres sentíamos un inquietante nerviosismo que nos provocaba desconcierto y emoción a la vez, y aunque no queríamos que los extraterrestres acabaran con nosotros y con el mundo, al mismo tiempo lo que más queríamos era ver el poderío bélico de aquellos seres.

–Tenemos que hacer algo – dijo Rodrigo – huyamos, volvamos a casa al menos para vivir estas últimas horas con nuestros seres queridos.

– Es demasiado tarde – respondió Sebastián – ya parece que han comenzado a atacar. A lo lejos escucho sus rayos desintegradores destruyéndolo todo.

– Sí, yo también los escucho – les dije – es como un rayo electrónico, como los que se ven en las películas, a lo mejor están desintegrando el otro lado del pueblo. Es verdad lo que dices Seba, probablemente no llegaremos a tiempo, antes que todo sea destruido, pero al menos deberíamos intentar volver.

– ¡No! – Replicó Sebastián – a mí nadie me mueve de aquí. Tengo una posibilidad única de ver extraterrestres en mi vida, y no la voy a desperdiciar. Sí, me van a matar, que sea así, pero al menos me iré de este mundo feliz.

– Seba no nos podemos quedar aquí– le regaño Rodrigo – ¿sabes lo que te harán sí te cogen?

–No tengo ni idea, nunca he visto a uno. ¿Y Tú?

– Bueno, tampoco no tengo idea. Pero seguro que no es nada bueno, así que mejor nos vamos.

– A ver será mejor que analicemos la situación – interrumpí – ¿Qué hacemos? ¿Corremos y vemos por última vez a la familia o morimos en manos de los aliens?

– Tenemos que volver – dijo Rodrigo – nuestras familias nunca nos lo perdonarán y además…

– ¡Qué más da! – le interrumpió Seba – Ya no nos van a poder castigar. Además creo que el Tata querrá que nos quedemos aquí y luchemos en lugar de salir corriendo. Es verdad, moriremos, pero al menos moriremos luchando como alguna vez lo hicieron los grandes Toquis que lucharon con tanta valentía en estos montes.

– Sí pero no podemos dejar de…

– ¿Y acaso tú no eres un boy scout? – le volvió a interrumpir Seba – ¿acaso no es tu deber proteger a los necesitados? Pues ahora toda la humanidad nos necesita. A lo mejor no servirá de nada, pero es nuestro deber, y hay que cumplirlo.

Ante las razones del pequeño Seba, Rodrigo no pudo discutirle más. Le ha tocado su vena de explorador, y ante todo él sabía que tenía un deber que cumplir. Era el más ordenado y cumplidor, pero también no se perdonaría jamás el haber huido. Entre todas las historias del Tata, las películas, y los dibujos animados, sabíamos perfectamente que a todos nos llegaba el momento de huir o de enfrentarse al mal.

Nuestro momento había llegado. Rodrigo saco su cortapluma y rápidamente se hizo una lanza con unas rama larga que había en el suelo. Sebastián cogió un pequeño troco redondo y ovalando por un lado, pero con una rama robusta que le salía por otro, por lo que tenía forma de maza. Yo cogí unos piñones que había en el suelo y con una cuerda que encontré en el camino, cree una especie de boleadora, bastante poco efectiva. Salimos del mirador, y fuimos en dirección a la playa chica, ya hasta allí parecía que se aproximaban las brillantes naves espaciales.

Al bajar vimos troncos caídos y mucha vegetación seca que le atribuimos a que los extraterrestres ya habían comenzado sus planes de conquista. Los alienígenas estaban acercándose. Apagamos nuestras linternas rápidamente, salimos de la ruta principal y nos escondimos entre unas araucanas, ya que eran los árboles más grandes y frondosos del lugar. Había un hueco entre las raíces en el cual nos metimos. Mientras tanto, escuchamos a lo lejos una ramita quebrándose, lo que lamentablemente no podía significar otra cosa que había patrullas alienígenas inspeccionando la península. Los pasos se hacían cada vez más cercanos, y a lo lejos una luz comenzó a dar vueltas. Estaban aquí

– Bueno aquí están –Susurré a Sebastián – por fin vas a tener tu encuentro cara a cara.

– ¡Sí! – Exclamó Sebastián con mucho entusiasmo – No se me ocurre otra manera mejor de morir. Aunque siento mucha pena que el Juanjo no esté con nosotros. ¡Qué bien nos los hubiéramos pasado!

Creo que Rodrigo y yo también teníamos mucha curiosidad de ver cómo eran estos seres. Había tantos formas de los que podían aparecer; humanoides, reptiles, gigantes, monstruos etc., que cada uno se estaba haciendo una imagen mental de lo que podía ser.

– A lo mejor no nos matan– dijo Rodrigo– a lo mejor están en fase de exploración y nos llevan cautivos a su planeta.

– ¡Sí! Aún mejor – dijo Seba – sí fuera así me gustaría que me hicieran parte de su circo, así me daría la oportunidad de conocer todo el planeta.

– No recuerdo de ninguna película que los extraterrestres tuvieran un circo – les dije – lo más probable es que te lleven a tus laboratorios a hacer pruebas.

– ¡shh! – dijo Rodrigo– se están acercado. En unos segundos aquella luz, que seguro que sale de su ojo, nos va alcanzar. ¿Esperamos que nos ataquen o atacamos nosotros?

–Atacamos – le respondí – al menos así tendremos el elemento sorpresa. ¿Seba, estás listo?

– He estado toda mi vida listo para este momento.

Los tres salimos de detrás de la araucaria y nos dirigimos hacia aquella extraña luz. Rodrigo era él primero ya que era el único que andaba con un cuchillo. Los tres teníamos nuestras improvisadas armas en posición de combate lanzando gritos de guerra, aunque con nuestras agudas cuerdas vocales de niños parecían los gritos de una mujer cantando con la voz desafinada. Lamentablemente, mientras corríamos hacia aquella luz, me tropecé con un cordón que tenía desabrochado y me caí encima de Rodrigo haciendo tropezar también a Sebastián. La luz estaba encima de nuestras cabezas, mientras yacíamos desilusionados de nuestra mala suerte. Pensábamos en lo vergonzoso que sería morir de esta forma tan torpe. Sin embargo, en lugar de un rayo desintegrador, lo que había detrás de aquella luz era una voz más que familiar.

– Por fin los encontré, estaba seguro que habían venido a la Península.

Era Juan José. El pequeño apenas de siete años nos había estado siguiendo toda la noche. Sebastián se alegro mucho de tener a su compañero de juegos en la lucha contra los alienígenas. Probablemente ya lo sabía, ya que seguro que había visto las luces de las naves espaciales. Sebastián apuntó al cielo y le dijo:

– No vas a creer lo que hemos visto – le preguntó Sebastián – Mira esas luces que hay en el cielo. ¿Sabes lo que son?

– Sí, las luces que salen de la disco que hay en la playa. ¿No te acuerdas que la tía Jimena nos lo explicó ayer?

– Ah, es verdad. Se me había olvidado.