La Pija

Esta historia me la contaron un frío lunes por la mañana, cuando tomaba un café en el Antro con unos amigos. El Antro es una especie de santuario para los fumadores en la UIB, un pequeño espacio abierto donde algunos míseros rayos del sol apenas se asoman por el mediodía, y aunque no fume, este año he conocido muchos que sí, por lo que he tenido la oportunidad de sumergirme en este submundo de bohemios y tabaco. Charlaba con Catibel, Yoli e Inoa, cuando llega Patri. Estaba nerviosa, se acercaba con esa forma de pingüino tan graciosa que tiene de caminar y nos cuenta ligeramente enfadada: – ¿Sabéis que este finde le salve la vida a la Pija y no me dio ni las gracias?

Los hechos ocurrieron un sábado por la noche en algún pub o club alrededor del Paseo Marítimo. No recuerdo el nombre, no estoy seguro si es porque ella lo omitió o porque yo estaba pensando en otra cosa en ese momento. El caso es que Patri estaba de juerga, pasando un buen rato con todas sus amigas del barrio: Lapili, Lalola, Lajuani y Latere. Todas estaban felices pasando un buen rato, orgullosas lucían sus tops ajustados y fofis, tatuajes, piercings y faldas extra cortas. Jugaban a una partida de futbolín, sin hacerles daño a nadie, cuando ella aparece de las sombras. La Pija, rodeada de su séquito de lacayas, vestía Tous y Prada. No se aguantan en la semana y las tiene que ver aquí. Patri las ve cada día en clase y aunque alguna vez fueron amigas, diferencias irreconciliables las fueron separando con el tiempo.

Patricia decide ignorarlas, pero La Pija no va a dejarse ser ignorada. Por lo que va y se coloca a un lado del futbolín imposibilitando el juego. Lajuani, que es una chica con mucha paciencia y buenos modales, le pide amablemente que se mueva.

–Pues no me da la gana moverme. Estoy en un país libre. –fue la fría respuesta de la Pija.

Aquí debo asumir que la Pija no tenía conocimientos de ciertos aspectos semántico-sociales que nos hacen inferir que si el nombre de una persona lleva antepuesto un artículo determinado es para advertirnos de los contratiempos que nos supondría interponernos en su camino. Y aunque como he dicho antes, Lajuani se caracteriza por su templanza y buenas costumbres, no iba a aceptar que sus demandas no fuesen satisfechas.

– ¡Yo la mato! ¡Qué la mato a esta zorra! – fueron las amenazas que Lajuani gritaba mientras se aproximaba a la Pija para atentar contra su integridad física.

Como era de esperar, el resto del barrio se unió a Lajuani pidiendo la sangre de la Pija al unísono, mientras esta seguía sin moverse de donde estaba. Patri para evitar un innecesario derramamiento de sangre, intervino a favor de la pija. Al final logró que se moviera, mientras calmaba a su tribu. No hubo ningún tipo de agradecimiento por parte de la pija, lo que enfadó a Patri y juró nunca más defenderla cuando Lapili, Lalola, Lajessi, Lajuani y Latere pidieran a gritos por su vida.

2 comentarios:

  1. Si es que el Antro es un buen sitio para cazar historias... :)

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  2. jaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajajajajajajajajajajajajaja

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