خرجة


 Garid, vos, ¡ay yermaniellas!,
¿com' contenir el mio male?
Sin el habib no vivreyo:
¿ad ob l'irey demandare?
Durante tiempo, se creyó que la literatura española encontraba sus primeros testimonios en la épica porque no existían testimonios remotos de la írica española como también se pensó, durante algún tiempo, que la lírica románica se habría originado a imitación de la lírica culta provenzal.

Pero en 1948 el hebraísta Samuel M. Stern reveló al mundo veinte jarchas escritas en lengua romance, que figuraban en moaxajas hispano-hebreas de los siglos XI a XIII, encantadoras cancioncillas de amor puestas en boca de una muchacha: lamentos de ausencia, súplicas al amado, apasionadas confidencias a su madre y hermanas.

El increíble hallazgo trajo su secuela de comentarios y nuevos descubrimientos. Emilio García Gómez, el propio Stern y otros investigadores han ido desenterrando más jarchas de las moaxajas hasta el punto de que hoy conocemos 76 jarchas (que no son muchas) cuya lengua es el mozárabe, es decir, el dialecto románico hablado por los cristianos que vivían en la España musulmana, por los judíos y por los árabes bilingües. Aislado del resto de dialectos peninsulares, no evoluciona a la par de ellos y mantiene muchas formas arcaicas; por todo ello, unido a nuestro incompleto desconocimiento del mozárabe, ha impedido que todas las jarchas sean completamente descifradas. Están escritas, además, en caracteres hebreos y árabes y la falta de signos para ciertas vocales, en ambos alfabetos, y las frecuentes equivocaciones de los copistas que desconocían la lengua romance, suelen hacer la trasliteración difícil y problemática.

Es por esto que muchos expertos como el filólogo Hitchcock abrieron una polémica en torno a la autenticidad de estos textos como representantes de la lírica románica. El problema de traducir los caracteres hebreos y árabes han hecho que muchos investigadores y filólogos las descarten como documento válido para el estudio de la historia de la lengua.

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