O'Higgins y Mackenna

Una nación puede estar oprimida por siglos mientras que la semilla de la libertad brota y germina en los corazones de los pueblos. Es por eso que solo nos gusta leer el final de las historias, ya que es ahí donde se concentra toda la acción, la pasión y amor por defeder la tierra propia. Sin embargo, no se debe olvidar que las buenas historias son historias de abuelos, padres e hijos.

Esta historia comienza en Irlanda en el año 1649. Durante siglos la familia de Roger y Margaret O’Higgins había señoreado las tierras de Ballynary, en el condado de Sligo al noreste del país, impartiendo justicia y bienestar a los miembros de su clan. Sin embargo, una amenaza acechaba la paz de su condado. Las tropas inglesas lideradas por el tirano Oliver Cromwell habían decidido invadir y conquistar su amada patria. El clan O’Higgins no pretendía rendirse ante los ingleses sin antes luchar hasta el final. Era su tierra y estaban dispuestos a dar la vida para protegerla.

Roger O’Higgins organizó sus tropas que no eran más que unos cuantos valientes aldeanos y granjeros. A su lado también se encontraba, el joven William Mackenna, un gran amigo, que había venido desde Ulster, en el norte de Irlanda, con una pequeña guarnición para ayudar a resistir. Irlanda resistió las tropas inglesas por más de nueve meses. Roger y William pelearon junto a sus compañeros, pero lamentablemente no fueron rivales para las tropas inglesas mejor preparadas y mayores en número.Después de nueve meses Irlanda cayó ante el poder de las legiones de Cromwell. Masacrados, miles de irlandeses entregaron sus vidas en el campo de batalla, sus hijos fueron descuartizados y sus mujeres violadas y torturadas. Las salvajes atrocidades que cometieron las tropas de Cromwell jamás serían olvidadas en estas tierras célticas. Roger y William defendieron su patria hasta la muerte.

Tras su muerte, el hijo de Roger, Charles, pasaría a convertirse en el líder de un clan al cual se le avecinaban tiempos difíciles. Pasarían más de trescientos años hasta que Irlanda volviera a recuperar su libertad. La guerra había dejado en bancarrota a la familia. Oliver Cromwell expropió las tierras de los O’Higgins dejándolos con apenas un pequeño cotarro para todo el clan. Incluso después de la muerte del tirano, Irlanda seguía a merced de sus opresores. El hambre, el frío y las pestes se encargaban de diezmar a la población. Tampoco había ninguna esperanza para poder mejorar su situación, ya que en su condición de católicos no tenían derecho a recibir educación, comprar tierras, u ocupar cargos en la administración. Tal fue su pobreza, que a Charles y su familia emigraron al condado de Meth, y no le quedó otra a él y a sus hijos que convertirse granjeros al servicio de la familia Rowley-Langford.

Ambrosio, el hijo más pequeño de Charles, no se conformaba con una vida de granjero y en 1751 emigra hacia Cádiz en busca una vida mejor. Durante años trabajó como un empleado en una empresa internacional de comercio. Cinco años después, vuelve a emigrar hacia el nuevo mundo en donde comercia en el Perú, la Argentina y el Paraguay. Su astucia e inteligencia le permitieron triunfar en todos sus negocios. Unos años más tarde partiría a la Capitanía General de Chile en la que trabajaría como ingeniero construyendo caminos. Luego pasaría a cargos en la administración en los que ascendería hasta convertirse en Gobernador de Chile en 1788. La administración del estado de este sabío irlandés fue ejemplar, muchas fueron sus obras, como la construcción de un camino que unió Valparaíso y Santiago, abolió el trabajo forzado de los indígenas y fundó muchas ciudades. Una de las cuales bautizaría en memoria a su ciudad natal, Ballynary, aunque con los años el nombre se castellanizaría y pasaría a llamarse Vallenar. Tan buena fue su gestión que la monarquía española lo nombró Virrey del Perú.

Ambrosio O’Higgins muere en 1801 pero este no sería el fin de su clan. Su hijo Bernardo volvería de Europa en donde cursaba sus estudios unos años después. Ya en Chile conoce a un antiguo colega de su padre, Juan Mackenna, quién era nada más y nada menos que el bisnieto de William Mackenna aquel joven que luchó junto al Bisabuelo de Bernardo. Ambos van a ser los protagonistas de una nueva lucha, en la que defenderán los derechos de los oprimidos de esta nueva tierra, que ahora también es la suya. Quién hubiera imaginado que Bernardo O’Higgins y Juan Mackenna tendrían la oportunidad de repetir la gesta de sus antepasados. En lugar y época distintos el destino los llamará a luchar contra la misma tiranía y opresión a la que sus bisabuelos se habían enfrentado hace más de 150 años.

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