Pablo is minding the gap

Cuando llegué a Londres, me propuse no utilizar el metro tan seguido, así conocería mejor la ciudad desde arriba. Pero no hay caso; me meto al tubo londinense al menos tres veces en el día. Mind the Gap, es lo que está escrito en cada plataforma y lo que escuchas por los altavoces de cada línea; para que tengas cuidado ya que en algunas líneas hay un espacio entre el puerta del metro y la plataforma de la estación. Aunque es entretenido mirar todas las publicidades del metro; en general son para películas y obras de teatro, algunos anuncios hasta se mueven. Bueno, saliendo a la superficie, cada día a eso de las tres suelo ir a los jardines del palacio de Buckingham o a los parques que se encuentran al lado del río Támesis. Me suelo echar en la hierba por unas horas a veces con gente y otras veces solo. Me gusta estar de las dos formas; cuando estoy con gente, me encanta hablar, discutir, escuchar y animar a gente que acabo de conocer; de hecho, no puedo creer toda la gente que he conocido esta primera semana en Londres, especialmente los tres primeros días, en que dormí en un albergue: entre las personas que conocí había un griego que me preguntaba a cada hora dónde podría encontrar maría; tres daneses, que se tiraban los eructos más grandes que he escuchado en mi vida; cuatro australianas a las que no les importaba cambiarse de ropa en frente de todo el mundo; dos fineses que debido a su pelos largos y caras de niño, me costó darme cuenta que no eran mujeres. Aunque también conocí dos chicas inglesas que estudiaban filología nipona, con las cuales estuve hablando por horas acerca de los rasgos lingüísticos y fonéticos del japonés; una chica estadounidense escritora la cual me dijo que me parecía a uno de los personajes de la novela que estaba escribiendo; y también hable con estudiante de cine albanes, que acababa de llegar a Londres a buscar fortuna. Así es el Londres de hoy en día: cosmopolita, lleno de sueños y esperanzas, de vidas intensas en una ciudad que nunca se apaga, nunca se descolora.

Sin embargo, es cuando estoy solo que disfruto del aire y la experiencia londinense en su mayor intensidad. Las mañanas recorro todo el Támesis a pie y me siento en el césped de un parque a orillas del río; a veces escribo, a veces solo miro al vacío; otras duermo; y a veces miro a la gente pasar; familias, perros, uno que otro tocando la guitarra, un gran número de asiáticos apuntando con sus teléfonos y cámaras al Parlamento y al Big Ben que se encuentran a unos metros. Así ha sido Londres hasta ahora: una experiencia sensorial, que me ha permitido despertar, conocer mundo, meditar, pensar y a veces no pensar tanto. También he tenido la oportunidad de probar cervezas excelentes y cafés que dan pena; el té, de los mejores eso sí. Aún me quedan cosas que contar pero lo dejaré para otro día; aún quedan museos, monumentos y obras de teatro que me falta por descubrir.

1 comentario:

  1. SIMPLE...SENSIBLE...HERMOSO....TUS PALABRAS ME HACEN RECONOCER A UN HOMBRE QUE SE EMPAPA DE LO QUE LE RODEA, LO MARAVILLA Y LO ASOMBRA A LA VEZ LAS COSAS QUE POR GRACIA DE DIOS PUEDE VER....
    TU DESCRIPCION ES TAN REAL, TAN FIRME, QUE PARECIERA QUE ME TRASLADARAS A ESE LUGAR...GRACIAS
    UN ABRAZO
    MONIK

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