In the midst of the hustle and bustle

Eran eso de las once y me estaba empezando a dar cuenta que ya me tenía que ir. Me lo estaba pasando muy bien, el ambiente era agradable, pero tenía la opción de volver ahora o quedarme hasta las siete de la mañana. Quién habría pensado que iba a terminar en una residencia para estudiantes aquel viernes, (o sábado, tal vez) de fiesta con un montón de españoles en la terraza de la séptima planta de una residencia. En mi piso hay un chico de Madrid que me invito a quedarme. Había mucho alcohol, como era de esperar, algo de maría también me pareció oler, mucho griterío en lo que parecía ser un oasis castellano en la capital inglesa. Parecía que en esa residencia solo había estudiantes españoles. La vista desde esa terraza era espectacular: se veía el barrio comercial desde la izquierda, por la derecha el London Bridge y el Gherkin al otro lado (es ese edificio de Londres tan famoso que tiene forma de pepino). Ya estaba oscuro así que no se veía el barrio de Westmister. Me habría gustado quedarme para ver como se veía por la mañana. Pero tenía que irme – la peña me decía, ¡No te vayas!, les dije que tenía que levantarme temprano al otro día.

Cogí el último metro de la línea Picadilly que me llevaría a casa. En frente mío estaban sentadas dos chicas inglesas listas para la noche mientras yo estaba listo para enclaustrarme en mi piso de Bounds Green. Al otro lado había unos hinchas del West Ham, gritando vítores de su equipo que no parecían ni ellos entender. Estaba un poco cansado, en ese momento; el tambaleo del metro me estaba dejando medio adormecido…

Me desperté en el parque que se encuentra en frente del Tate Modern, el museo de arte contemporáneo. Estaba acostado en el césped. La hierba estaba húmeda. El sol estaba radiante aquella tarde lo que hacía que el Támesis se viera un poco más azuleado y menos grisáceo que es como suele estar. Habían mucha gente esparcida a mi alrededor, sentada en la hierba: algunos estaban grupo conversando, algunos leyendo un libro, algunos almorzando y otros enamorados. Ahí me puse a escribir, había muchas ideas que tenía ganas de escribir en ese momento. También tenía que decidir qué hacer. Quería ir al Globe, el teatro de Shakespeare, que sabía que está muy cerca, pero también quería ir a la torre de Londres ya que me habían dicho que esta tarde iba a ver demostraciones de tiro con arco. Pero si cruzaba el puente ya no quería volver. ¿Qué hacer? Mientras pensaba me volví a echar en la hierba para pensar. También no había considerado la opción de quedarme ahí, y entrar de una vez al museo que tenía a mis espaldas: pero ya era un poco tarde y seguro que lo cerraban en menos de una hora. Además podía volver cuando quisiera.

Seguía echado en la hierba cuando de pronto escucho el sonido de caballos galopando detrás de mí. Tambores, flautas también se escuchan cada vez más fuertes: era la guardia de la reina. Al parecer ya no estaba a orillas del Támesis, sino en los jardines del Palacio de Buckinham. Me levanto a mirar y saco fotos con el teléfono. Cómo siempre las masas están siguiendo a la infantería y caballería de rojo. Hace un rato vi a uno en la entrada y me dio un poco de pena, todos sacándose fotos en frente de él, riéndose. Mientras tanto, veía como la guardia se dirigía hacia el palacio. Pienso que lo más lógico sería acercarme y ver el cambio de guardia. O también podría quedarme ahí mismo, en los jardines, sólo con los patos, pelicanos y ardillas, mientras el gentío se va a ver a los uniformados hacer lo llevan haciendo desde Carlos II. No tengo ni que decir cual escogí. Ahí me quedé, qué mejor momento para echarse una siesta en los jardines de la reina.

2 comentarios:

  1. Jajaja, que guay Pablito, buena elección, pero eres muy vago :S
    Lleva alguna vez la camara que te di y saca un par de fotos, en los jardines de la reina donde pasas tanto tiempo sentado pensando leseras,
    Te quiero mucho, nos vemos pronto:
    Tu hermanita

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  2. Chá.... y acá seguimos con el mismo paisaje, el otro día pasaba por la 'Muni' y estaban unas señoras protestándole al alcalde "Señor alcalde querimos traajo, no somo dilincuente, quirimos traajar...", no había guardia de Palacio ni césped donde 'pajarear' había que seguir paso firme agradeciendo a Dios que sí tengo trabajo y no como esas pobres mujeres... que seguían reclamando su derecho al famoso permiso para ser vendedor de feria... en fin estamos realmente al final del mapa y nos falta mucha cultura para que en dos o tres cuadras a la redonda tengamos la posibilidad de elegir un espectáculo digno de 'la realeza'....
    Un abrazo, sácale el jugo a la tierra que pisas, aprópiate de tus ventajas y redóblalas en bien de todos los que te leemos y seguimos tus aventuras!!!
    TQMchísimo. Mayi

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