Teoría del Arte de Vanguardia, de Renato Poggioli (resumen)

El arte de vanguardia es uno de los fenómenos más importantes de la cultura moderna. El propósito de esta obra es estudiar el arte de vanguardia como concepto histórico, como punto central de tendencias e ideas. Es la anatomía o biología de su organismo lo que aquí se trata de delinear o describir y, al hacerlo se tenderá a lograr un diagnóstico. En esta obra a su vez, el arte de vanguardia será considerado tanto en su multiplicidad como en su generalidad: lo que, en el caso de un fenómeno que pertenece a la historia del arte, significa tratarlo no tanto como hecho histórico sino como hecho sociológico. El termino, arte de vanguardia, es usado con cierta frecuencia en la cultura hispana, pero en la que Ortega y Gasset es el único escritor que hasta ahora haya afrontado, si bien en una perspectiva particular, la cuestión del arte de vanguardia como problema de conjunto. Por otro lado el término se ha aclimatado mejor en Francia y en Italia lo que demuestra posiblemente que la sensibilidad a la cuestión implícita en él es más viva en las tradiciones culturales especialmente conocedoras, como la italiana, de la problemática literaria y estética; o como la francesa, particularmente inclinadas a considerar bajo el punto de vista de la sociabilidad o de la sociabilidad (o de sus contrarios) tanto arte como cultura. El término antes de ser aplicado como arte en nuestro tiempo, ya había sido adoptada como emblema o bandera de otra vanguardia: la vanguardia revolucionaria y radical. Sin embargo, esta idea quedará relegada a segundo término pasando así a tener mayor importancia, su anterior carácter mínimo de vanguardia como arte y literatura.

Por lo tanto, esta vanguardia significaba liberar o innovar la cantidad de reglas y estamentos que ya estaban establecidos por los movimientos anteriores; por eso se dice que la única regla del vanguardismo era no respetar ninguna regla. La característica primordial del vanguardismo es la libertad de expresión, que se manifiesta de manera peculiar en cada uno de los géneros literarios y de la siguiente manera: en la narrativa, se diversifica la estructura de las historias, abordando temas hasta entonces prohibidos y desordenando todos los parámetros del texto narrativo; en la lírica se rompe con toda estructura métrica y se da más valor al contenido.

El vanguardismo se manifiesta a través de varios movimientos de vanguardia, los mismos, que desde planteamientos divergentes abordan la renovación del arte, desplegando recursos que quiebren o distorsionen los sistemas más aceptados de representación o expresión artística, en teatro, pintura, literatura, cine, música, etc. Estos movimientos artísticos renovadores, en general dogmáticos, se produjeron en Europa en las primeras décadas del siglo XX, desde donde se extendieron al resto de los continentes, principalmente América.

Un movimiento se constituye ante todo para obtener un resultado positivo, un fin concreto. El resultado supremo deseado es, naturalmente, el éxito del movimiento específico, o la afirmación del espíritu de vanguardia en todos los campos de la cultura y arte. Pero algunas veces un movimiento se forma y actúa sin más fin que el movimiento mismo, como el primer movimiento de vanguardia, que quedará definido como activismo o movimiento activista. Otros movimientos son: el antagonismo o movimiento antagonista caracterizado por un espíritu de hostilidad o de oposición que son, por decirlo así, inmanentes al concepto mismo del movimiento. Estos dos, si no el contendido o la primera causa, ciertamente la forma y la causa última pueden siempre aparecer como elementos o factores racionales, del mismo modo que pueden parecer racionales en la relación entre medios y fines. Estos también parecen representar la ideología de la vanguardia precisamente porque establecen los medios y los fines de acción así como el concepto general del movimiento y a la idea misma de vanguardia parecen representar la mitología.

Una actitud semejante al antagonismo puede ser definida como antagonismo trascendental y no se puede designar con mejor nombre que con los de nihilismo o momento nihilista. Y si se mira todavía más a fondo se verá, en fin, que el ansia febril de proceder siempre hacia un más allá, el movimiento y las unidades humanas que lo componen pueden llegar hasta el punto de no tener en cuenta no sólo las ruinas y perjuicios de los otros, sino hasta la propia catástrofe y perdición: siendo capaces de acogerla o aceptarla como un oscuro o ignoto sacrificio al éxito de los movimientos futuros. Este cuarto aspecto o actitud puede ser definido con los términos de agonismo o movimiento agonista. En estos dos últimos movimientos resulta patente el irracionalismo absoluto desde cualquier punto de vista: lo que no quiere decir que no permanezcan en contacto místico y metafísico con los dos primeros.

Otros movimientos que hay que es importante mencionar son el futurismo y el decadentismo. El futurismo surge en Roma, Italia impulsado por el poeta italiano Filippo Tommaso Marinetti, quien recopiló y publicó los principios del futurismo en el manifiesto del 20 de febrero de 1909, en el diario Le Figaro de París. Aunque tuvo una corta existencia, aproximadamente hasta 1914, su influencia se aprecia en las obras de Marcel Duchamp, Fernand Léger y Robert Delaunay en París, así como en el constructivismo ruso. Los textos futuristas trajeron un nuevo mito: la máquina. Este movimiento consideraba como elementos principales de la poesía el valor, la audacia y la revolución, ya que se pregonaba el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso gimnástico, el salto peligroso y la bofetada.

EL Decadentismo, por su parte, tuvo su inspiración en las doctrinas poéticas postrománticas, denominándose decadentes a todos aquellos escritores ligados a la herencia espiritual o formal de Baudelaire, considerado el padre espiritual del decadentismo. Baudelaire descubrió la correspondencia entre perfumes, sonidos y colores y la tenebrosa y profunda unidad de la naturaleza. Fue la antítesis del movimiento poético de los parnasianos y de su doctrina (inspirada en el ideal clásico del arte por el arte), a pesar de que Verlaine, uno de sus máximos exponentes del decadentismo, había sido en sus orígenes parnasiano. El decadentismo arremete contra la moral y las costumbres burguesas, pretende la evasión de la realidad cotidiana, exalta el heroísmo individual y desdichado y explora las regiones más extremas de la sensibilidad y del inconsciente. El general el espíritu de decadencia se manifiesta mediante una posición de hostilidad hacia la civilización contemporánea.

Todos estos conceptos han venido a resumirse en la fórmula central de alienación , para reflejarse en una u otra de sus variantes: social y económica, cultural y estilística, histórica y ética. En resumen, esta síntesis histórica de la vanguardia nos demuestra que la vanguardia es la extrema reacción anticlasiscista del espíritu moderno (ya que todos los caminos del arte pueden conducir a la clasicidad): pero se trata de una reacción que es además una revolución. Todos estos conceptos mencionados anteriormente han venido a resumirse en la fórmula central de alineación, para reflejarse en una u otra de sus variantes. Así se puede decir también que la vanguardia es una de esas tendencias destinadas a llegar a ser arte, precisamente a pensar, o exactamente mediante la negación de la misma: Lo que por lo demás esmás bien frecuente en la historia del arte.

POGGIOLI, R.: Teoría del arte de vanguardia . Madrid, Revista de Occidente.

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