Postmodernidad, de David Lyon (resumen)

Esta obra trata sobre la postmodernidad en la cual se sostiene que este concepto forma parte del pensamiento social porque llama nuestra atención sobre algunos cambios sociales y culturales tremendamente importantes que se produjeron a finales del siglo XX. Así como en la película Blade Runner la que el autor nos pone como paradigma de la postmodernidad, ésta es un debate sobre la realidad. El orden industrial moderno parece dar lugar a nuevos principios organizadores estructurados en torno al conocimiento, no al trabajo y al capital, como sostenía Marx, y basados en máquinas que incrementan el poder de la mente, y no de los músculos. Esto por su parte nos lleva a la sociedad del consumidor donde todo es un show, un espectáculo, y lo único que cuenta es la imagen pública siendo el consumismo y el consumo motivos postmodernos centrales. La postmodernidad, sin duda, existe como idea o como una forma de crítica entre los intelectuales y en los medios de comunicación, pero también posee unos antecedentes sociales.

Con la “providencia” y su posterior transposición en “progreso y más tarde en “nihilismo” comienza una serie de ideas extremadamente significativas en Occidente. La providencia es el cuidado que Dios da a su creación, vigilando el proceso de la historia, de forma que ésta siempre avance hacia un objetivo concreto, como ya lo decía San Agustín, el providencialismo niega el movimiento cíclico en la historia, despertando más esperanza en el futuro. Pero ya desde el siglo XVII con el movimiento ilustrado al acentuar el papel de la razón, y restar importancia a la intervención divina, se estaba poniendo las semillas de una variante secular de la providencia, la idea de progreso. El resultado unos siglos después fue el cuestionamiento general de las doctrinas heredadas. En el mundo occidental un tremendo movimiento cultural difuminó o eliminó las antiguas demarcaciones, además ya en el siglo pasado surgieron los movimientos sociales y el progreso se difumino con el desarrollo tecnológico de nuestra era. Lo que en cierta forma parecía una bendición a medias. La razón había producido tantas pesadillas como dulces sueños y el irracionalismo de las drogas o las nuevas religiones parecía más prometedor. Los intelectuales discutieron si había que considerar la crisis una catástrofe o una oportunidad y buscaron nuevos términos para describir la nueva situación. “Posmodernidad” fue el que mejor que se les ocurrió, lo que se refería por sobre todo al agotamiento de la modernidad. Se refiere a fenómenos culturales e intelectuales. Uno de ellos es el abandono del “fundacionalismo” – la idea que la ciencia se apoya sobre la firme base de hechos observables. Aparte que se cuestionan todos los principios esenciales de la Ilustración. Otro fenómeno es la quiebra de las jerarquías del conocimiento, el gusto y la opinión, y el interés por lo local más que por lo universal. Y un tercer fenómeno es la sustitución del libro impreso por la pantalla de televisión, el paso de la palabra a la imagen, del discurso a la figura o del logocentrismo al iconocentrismo.

Por tanto, el conocimiento concebido tradicionalmente se evapora, para reconstituirse como superficies construidas o poder sobre los demás. Se cuestiona la propia posibilidad de adquirir conocimientos o explicar el mundo. Mientras que en el pasado era posible observar cómo la estructura del conocimiento reflejaba la estructura de la sociedad que lo producía, el postmodernismo niega tal estructura tanto en el conocimiento como en la sociedad. En el pasado la ciencia se consideraba la piedra de toque de conocimiento legítimo, ha perdido su supuesta unidad. A medida que produce más y más disciplinas y subdisciplinas, se hace más difícil sostener que todas forman parte de la misma empresa. Por otra parte, la llegada de las tecnologías informáticas han contribuido a poner el acento en el “rendimiento”, la eficacia y la productividad de los sistemas y a retirarlo de las cuestiones relacionadas con el valor intrínseco o los fines del conocimiento. En cuanto a lo social y lo cultural, ambos se hallan estrechamente entrelazados. Los debates sobre la futura dirección de las tendencias sociales – y globales – no pueden permitirse ignorar las dimensiones culturales. Tampoco puede entenderse verdaderamente el arte, la arquitectura o el cine contemporáneos sin una cierta comprensión de los cambios sociales que se están produciendo a finales del siglo XX. 

Esta transformación de la providencia en progreso, dando lugar después al nihilismo, no se produjo en un vacío intelectual. La historia del desarrollo capitalista, del auge de la ciencia y la tecnología, junto con las ulteriores crisis tanto del capitalismo como del industrialismo, nos ayuda a entender cómo se difundieron esas ideas, se oscurecieron o cobraron importancia.

Debido a esto podemos llegar a las siguientes conclusiones. En primer lugar, el concepto de post-modernidad representa una problemática que nos alerta sobre cuestiones clave relativas a los cambios sociales contemporáneos. Es unn concepto que invita a participar en un debate sobre la naturaleza y la dirección de sociedades actuales en un contexto globalizado, más que describir un estado de cosas ya imperantes. Se están produciendo transformaciones sociales y culturales sin precedentes; es indiferente si el término “postmodernidad” es el más apropiado o no para caracterizarles. Lo importante es comprender lo que está ocurriendo, no coincidir en un término para resumirlo. Segundo la forma en que el debate sobre la postmodernidad está inextricablemente unido al del postmodernismo nos recuerda que lo social y lo cultural son inseparables. En tercer lugar, el debate sobre la postmodernidad estimula una revaluación de la modernidad como fenómeno sociocultural. El ejemplo más evidente de los que hemos examinado es la relación entre trabajo y consumo. Aunque la estructura ocupacional continúa aportando datos importantes para comprender la naturaleza de las sociedades contemporáneas orientadas a la información, nuestra visión de la realidad cotidiana y de los significados de la vida social será más precisa si, además de a los trabajadores, tenemos en cuenta a los consumidores. Cuarto el debate postmoderno nos obliga a formar juicios – tanto analíticos como filosóficos – sobre la propia modernidad. Al secularizar la providencia en progreso ¿inició la modernidad el proceso de ruptura del tejido sociocultural que ahora asociamos al nihilismo? No es posible responder a la cuestión pero el autor considera nuestra situación actual producto de la compleja interacción de lo pre-moderno, lo moderno y postmoderno. Se están produciendo importantes transformaciones que cuestionan de manera fundamental todo el edificio de la modernidad. Hoy, lo humano está siendo descentrado y desplazado a su vez, y una vez más parece que las riendas del futuro no están en manos de nadie.

LYON, D.: Postmodernidad . Madrid, Alianza Editorial.

1 comentario:

  1. gracias pablo!!!!! me vas a salvar mañana en un parcial!!!!

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