USA - primeras impresiones


Son las tres de la mañana y no consigo conciliar el sueño. No es por el jetlag, sería un poco extraño que aún tuviera después de casi cinco semanas en los Estados Unidos. A las ocho todo el mundo se va a trabajar y me quedo aquí solo, así que generalmente me olvido que el mundo existe por la mañana y continúo durmiendo hasta e
so del mediodía. Luego me levanto, voy a la cocina y me preparo el desayuno o almuerzo, como se le quiera llamar, e inmediatamente me instalo en el salón y disfruto de las 56 pulgadas del televisor de plasma y ahí me entretengo por un rato mientras disfruto de mi tazón de cereales. Así es la vida en Estados Unidos, demasiados productos para consumir, pierdo bastante el tiempo en frente de la tele, sin hacer nada productivo con mi vida, pero así son las cosas cuando uno está de vacaciones. Sí, tampoco es cosa de volar miles de kilómetros para hacer algo que podría estar haciendo en mi cuarto. He hecho cosas entretenidas como ir de rafting, hacer senderismo y tiro al blanco con una pistola. Y no tengo ninguna foto de todas esas cosas. Es cuando estoy de vacaciones, ya el andar con una cámara por todos lados, parece mucho trabajo. Ahora que lo pienso podría decir que he hecho cualquier cosa y nadie podría probar lo contrario, como que he saltado de un avión o he participado en un rodeo yanqui. Aún así, este mes he estado flojo porque Gabe tiene mucho trabajo y la economía no está para pedir muchas vacaciones. Sin embargo, el próximo mes estará un poco más movidito con un gran viaje por toda California que estamos planeando. De todas maneras, no me puedo quejar, me he relajado más de lo necesario, y por un mes he olvidado completamente que la vida es difícil y llena de problemas.

¿Cómo describir los Estados Unidos? Sólo una palabra: inmensos. No solamente por la superficie del país, pero aquí la gente disfruta de las cosas, y mientras más grandes sean, mejor. Los menús de los McDonals y Burgers son al menos dos veces más grandes y grasientos, las casas son bastante más amplias que los apartamentos en Europa, las carreteras tienen calzadas enormes, la gente es más grande – bueno para ser más exactos, más ancha- y para qué hablar de los vehículos. Por cierto, cambiando de tema, no tenía ni idea que en los Estados también se utiliza la palabra “cojones”, aunque aquí la usan como una forma más sutil de nombrar a los genitales masculinos, cosa que es completamente contraria que el uso que se da en la Península. No tengo ni idea si lo aprendieron de los mejicanos, siempre pensé que era un argot puramente español.
En estos momentos, vivo en la capital del estado de Idaho, Boise. Es una ciudad pequeña en comparación a otras capitales de estados, pero tiene su historia. Grande fue mi sorpresa, cuando descubrí que existe una gran comunidad de vascos en la ciudad, una de las comunidades más grandes en el mundo. En el centro hay varios restaurantes vascuences y muchas casas se puede ver la bandera vasca junto a las barras y estrellas americanas, y creo que celebran una fiesta vasca cada año. La gente es muy cordial, no sé si será algo que pasa en toda Norteamérica, pero vayas donde vaya y a cualquier tienda que entre, la gente saluda y te pregunta cómo estás de una manera mucho más amigable de la que suelo estar acostumbrado. Aunque por otro lado, la gente aquí suele ser bastante conservadora para mi gusto. Hasta donde he llegado a entender, confían en Jesús para que los proteja del diablo, y en las armas de fuego para que los protejan de todo lo demás. Y están asustadísimos con la idea de que Obama vaya a poner más control en la posesión de armas.

Vivo en la casa Gabe. Para los que no lo conocen, es mi amigo americano con el que estuve viajando por muchos partes del mundo algunos años atrás. Viven con nosotros Coby, el cuñado de Gabe, Alex, un amigo de ellos que se aparece por la casa no más que un par de veces por semana, y también vive otro chico llamado John que conocí ayer ya que estaba trabajando de bombero apagando los incendios de California. Es una casa muy amplia con 4 habitaciones y un garaje muy grande. El patio también no está nada mal, aunque aún faltan algunos retoques tanto dentro como fuera de la casa, pero en general no está nada mal ser dueño de una casa a los 21 años, un sueño imposible para muchos jóvenes en el resto del mundo, incluso en Europa donde el nivel de vida es similar. Aquí en esta casa paso la mayor parte del tiempo, ya que por la tarde hay mucha actividad y siempre viene muchos amigos a instalarse y disfrutar de la tele, entre otras cosas. También he tenido la oportunidad de conocer a la familia de Gabe. Cuando él vivió en Mallorca, pasó mucho tiempo con mi familia, así que ahora me tocaba a mí hacer lo mismo. A decir verdad, la vida en los Estados Unidos no es tan diferente a la del resto del mundo, la gente está preocupada de las mismas cosas, y ven los mismos programas en la tele. Por ahora lo voy a dejar hasta aquí, estás son mis primeras impresiones la tierra del águila calva. La próxima semana estaré en California viajando de norte a sur. Ya estaré contando más cosas. Por ahora esto es todo, y me voy a la cama.