Fracaso es una palabra de tres sílabas

Nunca podré evitar que algo salga mal -lo sé – hay veces en la vida que uno sé tiene que caer y volver a levantarse muchas veces como cuando se aprende a andar en bicicleta. Aún así, se me da muy mal sobrellevar un fiasco, aunque sea uno pequeño. Cuando algo me va mal, pierdo motivación para todas las otras cosas que están pasado a mi alrededor. No quiero hacer nada, no quiero ver a nadie, y mi cabeza no hace más que dar vueltas en lo que pudo haber salido mal. Encima que soy una persona que me cuesta tener dos cosas en la cabeza y detesto comenzar algo sin haber terminado otra cosa- pero hay momentos en la vida que no te queda otra opción. Tengo muy claro que todo se puede arreglar, y siempre habrá segundas, terceras y cuartas oportunidades en esta vida. Aún así detesto una derrota. No me refiero a las derrotas que sufro cuando juego al FIFA con mi amigo David (qué le voy a hacer, él es más bueno que yo) pero las derrotas en algo que yo sé que soy bueno, en algo que sé que tengo las capacidades o el talento de llevar a cabo con éxito. Siento como si a mi alma le hubieran dado una patada en la entrepierna. A todos nos toca alguna vez probar ese trago amargo de la derrota. Ya sea cuando tu equipo queda eliminado, o cuando no quedas aceptado en la universidad que querías. En estos momentos, para ser franco, me dan ganas de poner la cabeza bajo tierra. Me dan ganas de ir a mi querida tele, ese opio del mundo moderno, y atontarme con sus incesantes luces y ruidos, reírme de lo absurdo con programas que cada día repiten la misma formula para así olvidarme que mi vida está como está y no pensar por lo menos por un rato lo duro y traicionero que puede ser esta existencia.

Confieso que es lo que suelo hacer cuando las cosas salen mal. Es una pena, siempre que las cosas van mal intento esconderme. Me gustaría a veces poder viajar por el tiempo y cambiar las situaciones para que todo salga bien. Ese es un primer pensamiento, uno muy atractivo en realidad. Evitar el dolor es uno de los mercados más rentables de esta era. Desde los antidepresivos hasta los libros de autoayuda, pasando por las drogas, el alcohol, los videojuegos, los realities, las terapias de grupo y la prensa sensacionalista todos son meros substitutos que no hacen nada más que atontarnos y hacernos esclavos de estos mismo que estamos usarnos para ser libres de la dura realidad. Recuerdo en la película Fight Club cuando Brad Pitt le echaba un químico corrosivo en la mano a Edward Norton y lo retaba a suportar semejante dolor. Edward para apaciguar el sufrimiento, intentaba utilizar esas técnicas que había aprendido en las terapias que hacían que su mente se fuera a otro lugar, mientras Brad Pitt le decía, “no, no te enfrentes al dolor como lo hacen los muertos, quédate aquí, este es el mejor momento de tu vida y te lo estas perdiendo”. Al final Brad Pitt le decía que solo cuando lo perdemos todo es que somos libres para hacer lo que queramos.

Así que esta vez lo voy a aceptar. Este es mi derrota, este es mi dolor. No lo voy a intentar apartar de mí. Es lo que tengo, y sé que al final aprender a lidiar con esto con todo el mal rato que pueda implicar es lo único que me hará crecer, madurar, ver la vida desde nuevas perspectivas y aprender a enfrentarte a las cosas como un guerrero y no como un niñito miedica. Una cosa que uno no puede evitar en esta vida es fracasar. No conozco a mucha gente que haya conseguido las cosas a la primera. Edison aprendió creo que fueron mil formas de cómo no hacer una bombilla antes que aprender a hacer una. Sé que esta vez no ha sido la primera vez que las cosas han salido mal y no será la última. El universo esta hecho de esa forma, la posibilidad que las cosas salgan mal siempre estará allí. Siempre estará en mi vida. Aprender a lidiar con esto es lo que me convertirá en un ser humano de verdad lleno de coraje, pasión, valentía y esperanza. Así vale la pena vivir.