El Tata (1930-2008)

Dos días antes de su fallecimiento hablamos por causalidad, cuando llamaba a mi madre. Fue una conversación corta ya que no lo quería emocionar mucho ya que sabía que por esos días estaba muy sensible. Jamás imaginé que esa sería mi llamada de despedida. De haberlo sabido la hubiera hecho durar por mucho más tiempo, y le hubiera dicho todas esas cosas que le dices a un ser querido cuando sabes que no lo vas a ver por un tiempo. Aquella misma noche soñé con él, estaba de pie en el comedor de su casa, aunque a esta le faltaba la mesa y las sillas del comedor. Estábamos todos los miembros de la familia pero todos parecían muy ocupados, yendo de un lado al otro. Me acerque al tata, quería decirle todo lo que me falto en esa última llamada pero él no me dejó. Me dijo que había nada que decir, que él ya lo sabía. Él tenía los ojos llorosos pero en eso mismo instante llega la mama, mi abuela que falleció hace seis años, y comienzan a bailar en el salón de la casa. En el sueño no podía escuchar la música pero parecía ser un baile muy alegre, con vueltas y giros y los dos se movían con mucho animó a pesar de que eran dos personas mayores. Al ver esta imagen creo que ha sido la primera vez que he llorado en un sueño. No podía contener el llanto, era un llanto de dicha y congoja y otra tanda de sentimientos encontrados. Estaba gozoso de verlos tan bien, tan contentos a pesar de que sabía que ese era nuestra despedida. Él sueño fue tan real, tan tangible, que sin duda, será la última imagen que me va a quedar de mis abuelos.

El Tata falleció unas horas después de haber ido a pescar con sus amigos. Estaba impresionado con la vida tan activa que llevaba a pesar de la edad. Sé frustraba mucho cuando se encontraba con algo que ya no podía hacer, pero aún así no se rendía nunca, sin dejar que la edad lo venciera en ningún instante. Aunque yo no quiero recordarlo por lo que fue durante estos últimos años ya que sé que él no querría que lo recordáramos así sus nietos. Yo lo recordare como el Tata que tuve toda mi vida a mi lado, el Tata que me iba a buscar todos los días al colegio, el que me preparaba el té con leche y el pan tostado con manjar cada tarde, el que compartía toda su sabiduría conmigo, que no era poca. Una sabiduría que a la edad de diez años me dejaba perplejo que una persona tuviera una respuesta o una solución para cualquier tipo de problema o para todo tipo de pregunta.

Tampoco olvidaré todos los momentos que pasé con él en el campo y la naturaleza. El tiempo que pasé junto a los primos y el Tata en las caminatas al cerro del abuelo Patricio, en la península de Licán-Ray, en los volcanes de Villarrica o en las reservas forestales por allá en el sur, fueron para mí (y seguramente también para Rodrigo, Sebastián y Juanjo) los mejores momentos de mi vida. Si no fuera por él, hubiera sido solo un niño mimado de cuidad pero él me enseño todo acerca de la vida silvestre. Gracias a él tengo la seguridad que sabré sobrevivir si me pierdo en el bosque, tampoco me deshidrataré en un desierto ya que me enseño a sacar agua de los cactus y a guiarme por las estrellas. Tampoco olvidaré sus innumerables historias que datan desde la Guerra del Pacífico y de cómo su tío al que llamábamos Robocop salía ileso de todo tipo de accidentes mortales.

Sin embargo a pesar que aún hay tantas cosas por las que le querría agradecer, hay una que es pero sin duda la más importante. El Tata fue una persona que me enseño a mantenerme en los caminos de la rectitud, y de la bondad hacia los demás. Él me enseño que siempre hay que estar ahí para tenderle la mano a cualquiera que lo necesite, a servir a mi prójimo y a siempre ser generoso con todos. En un mundo de gente mezquina y egoísta que solo piensa en su propio bien, en un mundo donde parece que no hay salida y no nos queda más que esperar a que el Señor nos venga a buscar, él estuvo convencido que es aquí donde hay que comenzar a hacer el bien, a ser honrado a dar amor al prójimo, incluso si solo se recibe odio, egoísmo y crueldad a cambio. Él ha dejado esté mundo, pero yo estaré aquí por un tiempo más para pregonar todo lo que él me inculco. El Tata tuvo una vida sufrida, pero con mucho esfuerzo termino siendo lo que es. Siempre se lo agradeceré. ¡Adiós Tata!, pronto nos volveremos a encontrar.

Appolinar

A Appolinar lo conocí una mañana en el penúltimo día de mi viaje a Burkina-Faso hace dos años. Al finalizar una reunión él se me acerco y me pregunto en perfecto español si podía charlar con él. Estaba sorprendido pero a la vez fascinado de poder hablar un rato en español después de casi dos meses que llevaba sin escuchar o hablar en español por ningún lado. Hablamos un rato y se entristeció mucho al saber que ya estaba a punto de volver a Europa, pero nos intercambiamos los correos y quedamos de acuerdo en quedar en contacto. Ha sido la único amigo que hice en este país africano con el que he permanecido en contacto estos años durante estos últimos dos años hemos permanecido en contacto permanente y nos hemos llegado a convertir en muy buenos amigos a través del correo electrónico. Tiene una hermosa familia como se puede ver en la foto dos retoños uno chico de nueve y una chica de cinco años. La razón por la que tiene un español perfecto es debido a que el anterior gobierno lo mando a estudiar a cuba a finales de los ochenta hasta mediados de los noventa. Lamentablemente, como suele ocurrir en muchos países de este continente, hubo un golpe de estado en que el presidente murió a manos de sus subordinados. Debido a esto el nuevo gobierno no quiso saber nada de él y de todos los que habían ido a estudiar a un país socialista y revolucionario y no pudo homologar su licenciatura en español. Ahora las cosas están mejor pero cada día me cuenta lo difícil que es para él subsistir en un país donde apenas las cosas comienzan a ir ligeramente bien o le roban o tiene algún accidente.

Me gusta hablar con él ya que así me siento que estoy en contacto otra vez con ese país que de otra manera se habría convertido solo en un bonito recuerdo. Son increíbles las cosas que me cuenta, todas las veces que han entrado a su casa a robar, las veces que lo ha perdido todo y ha tenido que comenzar otra vez. A pesar de que hace mucho que no tengo un trabajo fijo, siempre estoy intentando enviarle lo más que puedo de dinero y aún así sé que no es suficiente, aunque sé que al menos le hecho un cable para salir del hoyo. Una vez le envié un teléfono móvil pero se perdió en el camino así que continúo solo enviándole efectivo. Las cosas son duras en una zona olvidada por el resto del mundo. Ojala todos pudiéramos ayudar con algo a este olvidado país, y sé que las cosas no van a cambiar hasta que haya nuevas normas en el comercio internacional que impidan que los ricos sigan haciendo más ricos y los pobres más pobres. Sé que nos van a cambiar hasta que todos nos demos cuenta que vivimos en una sociedad que debería estar basada en el “nosotros” y no el “yo” y que es un hecho que el no ayudar al prójimo no hará más que empobrecernos a nosotros. Siempre he flipado que a todos, no importa de que país vengan o que estatus social vengan, pero siempre sienten que no les alcanza el dinero. Pero todos podemos ayudar al prójimo ya sea invitando al vecino que está solo a comer pastel o ser un filántropo y ayudar con millones a los más necesitados. El dar es un valor que debería estar más implantado en nuestra sociedad. Todo el mundo dice que si fuera millonario ayudaría a los pobres, pero el ser millonario es relativo ya que todos lo somos a los ojos de la gente en los países en desarrollo. Hay muchas cosas que tenemos que replantearnos; mientras tanto yo cumplo con mi parte y tengo la conciencia más tranquila y sé que al menos una familia lo está siendo bendecida gracias a mí, y espero poder ayudar a más personas en el futuro.