Tempus fugit

Menos de un octavo de segundo hizo falta para que mis ojos se dirigieran hacia la esquina inferior izquierda de la pantalla, para así confirmar lo que no hacía falta confirmar. No es que me importe ser algo más mayor, al fin y al cabo estos ceros y dos puntos solamente indican que todos somos un día más viejos pero no puedo negar que me hace reflexionar un poco sobre esa ingrata fulana de la vida. Tampoco me gusta el tener que acostumbrarme a un nuevo número. Ya me basta con tener que saberme el número secreto del banco, el del pin de mi móvil, el del cajero, el de la biblioteca, sin contar la combinación de números y letras que tengo en los diferentes correos y perfiles varios de internet; es que con lo bien que me había acostumbrado al dos y al tres para que ahora me vuelva a tardar un mes para tener en mi mente un dígito más.

Confieso que el vigésimo cuarto cumpleaños me trae cierto respeto. Además de ser una nueva etapa es un nuevo etiquetado. Hasta los veintitrés eres un joven a secas, pero esta noche he pasado a ser un joven adulto un etiquetado que llevaré hasta los treinta cuando pasaré a ser un adulto joven, pero esa ya es otra historia. El joven adulto es ambicioso, trabajador, osado o al menos me inclino a pensar así. Nuestros padres en su etapa de joven adulto se hicieron Hippies; y gracias a ellos, hemos aprendido que con flores y otras hierbas no se llega a ninguna parte. Un joven adulto lleno de ambiciones y proyectos es lo que aspiro a ser; Es que nunca hay que aspirar a menos, me decía mi abuelita.


Saludos a todos los que comienzan o ya comenzaron esta nueva etapa en la vida.
Ahora lo que me toca es un interesante mes lleno de exámenes finales, además de la teórica del coche. Una combinación de temor y entusiasmo me abordan estos días. Aprobarlos todos no será fácil pero se puede, una línea muy delgada separa la gloria del desastre. Sin embargo, pase lo que pase, después de los exámenes celebraré mi cumpleaños a lo grande.