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A Gabe lo conocí una tarde de septiembre el segundo día que estuve en Francia. Él había salido de los Estados hace más de dos meses, los que llevaba viajando por Francia Mónaco e Italia. Aún era verano pero él iba vestido como leñador; gorro de lana, pantalones bien anchos, zapatillas de montañista, solo le faltaba la camisa a cuadros. Tenia barba de algunos días lo que le daba un aspecto mucho mayor que sus diecinueve recién cumplidos. Estaba leyendo un libro, no recuerdo cual cuando entre al cuarto con John y Elise y me lo presentaron. Me pareció un chaval majo y abierto pero no estuve con él mucho tiempo, tenia más cosas de que hablar con mis viejos amigos.

Y hace una semana, me tocó separarme del mejor compañero de aventuras que he tenido. Y aunque solo va por tres semanas y luego vuelve por un mes, sé que ya no será lo mismo.

Él seguirá viajando por África y el mundo, haciendo sus negocios, buscando accionistas y contribuyendo a sacar adelante esos países. Tiene ambiciones muy grandes ¿no? un poco idealista que es bueno para un chaval que quiera hacer negocios, y no se vuelve avaro.

Mientras que yo, me quedaré en casa para comenzar estudios en la universidad. Lo que estoy muy contento de hacer, ya que sé que este es mi lugar, pero al terminar una era y comenzar otra es muy normal encontrarte con sentimientos cruzados. Agrado por todo lo nuevo que vas a vivir, pero la nostalgia por todas las cosas que tienes que dejar atrás.

Nuestro último viaje después de Burkina-Faso y antes de venir a Mallorca fue a Suecia y Dinamarca. Lo recordare ya que aunque fue nuestro último viaje me pareció el primero, debido a lo mal que lo organizamos y todos los contratiempos que tuvimos, aunque fue uno de los más especiales y unos de los que mas bien lo pasamos.

Era la quinta semana en Burkina Faso cuando Gabe, me dijo; ¿Que tal si hacemos un pequeño tour por Europa cuando volvamos? Ya falta poco para que volver a casa y me gustaría conocer un poco más Europa y además pasamos a ver a las chicas (Pero no era por verlas a ellas era sólo por viajar, ¡que no!). De tanto insistirme termino por convencerme y compramos billetes para ir a Suecia y a Dinamarca a visitar a Yuki y Emma. No los pensamos dos veces fuimos paginas Web como easyjey.com y ryanair.com a ver las mejores ofertas. Compramos los billetes de avión, pero los dos lumbreras no nos dimos el trabajo de pensar que a los aeropuertos no se va caminando, que hay que comprar billetes de metro o autobús hacer las conexiones etc. Pero pasamos de todo en ese momento, se nos había pegado el relajado estilo de vida africano, dejando a cada día su problema.

El tiempo paso, y un domingo por la mañana, una semana después de volver de Burkina, me desperté en la cama del hotel Formula 1, el que esta en el barrio Saint Ouen de París. Mi cuerpo me estaba cobrando factura por todo lo que comí y bebí la noche anterior. Era doble celebración; San Patricio, y París es el mejor lugar para celebrarlo después de Irlanda, y la despedida de mayoría de las chicas con las que fuimos a África. Cuando por fin logre abrir un ojo, él otro no lo hizo pasadas las diez, vi a toda la peña durmiendo donde los había pillado la noche anterior y aunque sabía que no les iba a gustar, los tuve que despertar a todos, ya que yo y Gabe nos quedaban 3 horas para llegar al aeropuerto, no teníamos reservado ningún autobús, y no sabíamos exactamente donde quedaba el aeropuerto de Beauvais.

Las despedida fue rápida y sin dolor en vista de que todos estaban medio dormidos, unos cuantos au revoir y que Dieu vous bennisee y salimos escopeteados hasta el metro. Preguntamos la forma más rápida para llegar a Beauvais y nos dijeron que solo había un autobús que teníamos que tomar en Porte de Maillot en diez minutos. Y lo conseguimos, afortunadamente estábamos a tres estaciones de distancia.

Y llegamos a la tierra de los Vikingos. En Dinamarca casi nos quedamos en la calle una noche, largas esperas, perdíamos el autobús, nos liábamos con el cambios de monedas, Yuki, nuestra amiga Noruega-Japonesa contenta de vernos y muy molesta por lo mal que habíamos organizado. Pero después de un rato nos perdono y nos hizo un espacio en su pequeño cuarto que apenas había espacio para los tres. Ella está en su primer año de medicina y se notaba como la machacaban a la pobre. Fue bueno para ella que fuéramos la ayudamos a que se despejara un poco la cabeza.

El fin de semana se fue y sin darnos cuentas ya estábamos en Goteborg, Suecia. Con nuestra querida Emma que estaba contentísima de vernos, nos recibió con gran abrazo, y su típica sonrisa con sus bellos dientes de conejo. Afortunadamente, ella no estudia fuera de casa, así que estábamos considerablemente menos estrechos que donde Yuki.

Vivimos unos días muy relajados, nos llevo a conocer toda la cuidad, las islas de los alrededores, a buenos restaurantes, cafés y bares. Probé sushi por primera vez, buenísimo, aunque Gabe no se encariño mucho con lo japonés. Las típicas bolas de carne suecas estaban blanditas y jugosas y luego su hermano nos llevo a comer un Kebab del tamaño de una pizza con queso feta y aliños raros, que para mi y Gabe fue el cielo en la tierra, tres días seguidos comimos en ese lugar.

Buenos tiempos. Y luego a casa. Gabe como no tenia mucha prisa de volver a la suya se vino conmigo. Estuvo un mes y pico, en gran medida descansando, salimos un par de veces a tomar unas copas en la noche mallorquina con mi colega David y hace una semana volvió a California, a ayudar a su tío con la remodelación de su casa. Y me quedo aquí yo solo. Aunque es lo mejor por ahora, ya que estoy preparando selectividad que la daré los primeros días de junio. Llevo estudiando muchas semanas y ahora me ya solo me quedan dos. Aunque confío que me va a ir bien, uno nunca sabe así que estoy estudiando bien duro.La próxima vez escribiré para contaros lo bien que me fue. O la amarga derrota. Lo bueno que esta vez, no tengo miedo a fallar, ya que también es parte de la vida y no más que un pequeño contratiempo antes del triunfo. Bueno chicos y chicas os quiero a todos, me voy a empollar que me falta mucho por leer aún.

Hasta un punto indefinido en el futuro.

Amplector te, Africa!

Ya ha acabo mi aventura africana, pero siento que hay muchas cosas más que me gustaría compartir.Me puse a hacer un repaso de todo lo que pasó.

Por un lad
o mientras leía este blog y mi bitácora que llevé para este viaje, me di cuenta que poseo una muy buena cualidad; la capacidad de siempre mirar el lado positivo de las cosas, incluso cuando no van bien del todo. Al escribir es exactamente lo que hago. Al menos conté la historia de los Garibú, los niños de la calle, sino muchos hubieran pensado que me estaba inventando todo.

Todos hemos escuchado lo mal que están las cosas en el continente negro. Basta con ver la publicidad de cualquier ONG para saber que hay mas de veinticinco millones de personas infectadas con sida, que la mayoría vive con menos de un dólar al día, que el próximo año mas de un millón de niños morirán de malaria, y que muchos países gastan mas dinero pagando sus deudas a los países ricos que en sacar el país adelante.

Pero hay un asunto el cual realmente me llegó al corazón y me atrevo a decir que es un drama incluso mayor que los que escuchamos a diario, bueno más que nada es una de las consecuencias de lo otro. Lo curioso es que nunca escuche a alguien planteárselo. Me refiero a vivir una vida sin esperanza, la falta de un motivo para seguir luchando . Todos necesitamos un estímulo para luchar, para seguir adelante, si es posible un sueño, una causa, una esperanza al fin y al cabo. Pero la falta de esto hace que la gente se hastíe, pierda las ganas de vivir, y se mueran por dentro mucho antes que su corazón palpite por última vez. Desde mi punto de vista, es la mayor tragedia que están viviendo en estos momentos los africanos. Vivir sin razón. La esperanza, muchas personas la perdieron hace varias generaciones y limosnas o medicamentos no pueden hacer nada al respecto.

Podemos organizar muchas campañas de ayuda y recolectar medicamento y dinero, sirve mucho, pero cuando se los demos tenemos que estar preparados para cuando nos pregunten ¿Y para que los queremos seguir viviendo?

Ojalá hubiera podido responderles esas preguntas, si bien nadie me las hizo, bastaba con ver los rostros machacados y tristes de esas personas. No estoy escribiendo para dar una respuesta a todos los males, solamente para narrar el último capítulo de esta historia. Una historia triste. Decirle a una persona para que está en este mundo, no es tan fácil como parece. Ya que a veces ni siquiera nosotros podemos encontrarle el sentido, teniendo tantas oportunidades y capacidades.

Aún así, soy optimista, arriesgándome a que me consideren ingenuo, creo firmemente que este siglo podría ser recordado en la historia por aquel que dejamos la pobreza en la historia.

Y digo podría porque por un lado sé que se puede, sé que tenemos la suficiente capacidad, fuerza e inteligencia para erradicar cualquier mal que se venga encima y no hacerlos volver nunca más. Pero para lograrlo vamos a tener que movernos de nuestros cómodos sofás y decidirnos a hacer algo al respecto. Lo que sea. Al menos darse cuenta que hay un mundo ahí fuera muriendosé.