marzo 17, 2010

Tres ciudades

El intinerario de un viaje de hace un par de semanas fue tan corto y tan variado que parece como si todo lo que recordara es un continuo que se projecta en mi cabeza dándome la sensación de que fue una travesía por un solo y extenso camino. Aquí dejo una de las sensaciones que me dejó cada ciudad:


Londres: un poema

To see a World in a Grain of Sand
And Heaven in a Wild Flower
Hold Infinity in the palm of your hand
And Eternity in an hour.

Traducción:
Ver un Mundo en un Grano de Arena
Y el Cielo en una Flor Silvestre
Coge Infinidad en la palma de tu mano
Y Eternidad en una hora.


Encontré este poema en el Underground, y le saqué una foto un poco borrosa, pero lo suficientemente clara para poder transcribirlo aquí.


París: un momento

Vino y queso en las escaleras de Sacre-Coeur. Esto combinado con el ambiente, los amigos, los colores y la música lo hace uno de los momentos más especiales de esta travesía.





Madrid: un menú

Conejo con cabeza al alí-oli. Un extraño manjar que venía en un menú de sólo ocho euros. Por supuesto venía con su cañita, gula del norte de entrada, pan, y de postre sorbete de limón.





Y por supuesto...

Don Quijote, Sancho Panza y yo. 
No podía irme de Madrid sin una foto con uno de mis héroe y un modelo a seguir en esta vida. Ya he visto la casa donde nació en Alcalá. Ahora sólo me falta ir a través de su ruta.


Ha sido un buen viaje.

marzo 13, 2010

Flor chilena

Me gustó mucho la analogía que se hizo a esta foto de una flor de Pucón en Poemas del río Wang:




El pie de página decía: "Su fuerza y perseverancia resultan ejemplares: sobreponerse a las adversidades, vencer las dificultades del entorno hostil, sin perder –a pesar de tanta lucha– la belleza, frescura y lozanía."

Sin duda, me parece un excelente símbolo de la fuerza y perseverancia del pueblo chileno.

marzo 08, 2010

Memorias en ruinas

He pensado mucho a propósito del problema del dolor estos días, acerca del dolor sin sentido. A pesar de que hay muy poco que pensar ya que respuesta se escapa de mis manos. 

Está es una de las imágenes más impactantes del terremoto de la semana pasada:



He estado pensado, sin embargo, lo que realmente me causa ver esta imagen. Christopher Bigsby, un historiador británico, dijo que después de los ataques terroristas del once de septiembre, era palpable un turbulento sentimiento de déjà vu dando vueltas en las mentes de todos aquellos que veían el evento en vivo. Puesto que estas imágenes eran horriblemente similares a películas como Armagedón o 2012. Estamos tan acostumbrados a ver imágenes como esta en la televisión y en el cine que cuando las vemos las reales parece que ya no nos afectan en nada. Ver la miseria tanto en la vida real como en la ficción nos ha insensibilizado. Lo más triste también es que en ambos casos semejantes imágenes venden.


Por otro lado, para mí, estas otras imágenes son de las más perturbadoras que he visto; puesto que son de la iglesia y el centro de la ciudad donde nací y crecí. Innumerables son los recuerdos que atraviesan mi mente por estos lugares, recuerdos de mi niñez y mi adolescencia. Fue cerca de esa iglesia donde aprendí a hablar, donde anduve por bicicleta por primera vez, donde compraba helados en la gelatería italiana, donde tuve mi primer beso. Y ahora están destruidos. Verlo sólo me hace pensar en la fragilidad del mundo en que vivimos.

marzo 03, 2010

¡Fuerza Chile!

Ahora que acabo de volver de un viaje de una semana es cuando me encuentro con las primeras imágenes de mi país en ruinas. Estuve al tanto de lo que pasaba por mis padres, pero después de semejantes imágenes quedé impactado; jamás pensé que el caos fuese tan apoteósico. Mi región no fue de las más afectadas, y mis familiares sólo tuvieron que lidiar con cortes de luz y pérdidas materiales. Por eso sé que no puedo entender el dolor que sienten los que han perdido un amigo o un familiar en el sur; mi solidaridad está con todos ellos.

Mas no me cabe duda alguna que las cualidades del pueblo chileno son capaces de resplandecer por encima de todas las dudas. Nuestra capacidad para conciliar razas, ideas y credos es un ejemplo y una garantía de nuestro propio progreso. Sé que el país saldrá fortalecido de este desastre. Chile lo superará con sus armas de siempre: su tenacidad, su modestia y su solidaridad. Ante el horror y el desastre, solidaridad y esperanza.

febrero 17, 2010

The Woods

I went to the woods because I wished to live deliberately, to front only the essential facts of life, and see if I could not learn what it had to teach, and not, when I came to die, discover that I had not lived.

“That was beautiful.” said Gabriel. “Did you write that?”

“No I didn’t. But you should know who did”, I said.

“Yes, yes, of course I know” said Gabriel.

“You just asked me if I wrote that.” I said, “It was Henry David Thoreau, by the way. Do you know him? One of the first anarchists in the USA? He refused to pay his taxes and went to jail because he was against the policies of the government at the time”

Gabriel stares at me with a little bit of anxiety for a while and then he said, “Speaking of taxes have you heard that…”

“Really?”, I said, “Are you going to move on just like that? Dude, you have got to learn you can’t be right all the time. Is it too hard to say for instance; ‘I voted for Bush. It was a lousy mistake but I learned the lesson and I certainly won’t do it again.’”

“Shut the fuck up! You know this is not true” he said.

“And what about that time in Reno when you…” I said but he just covered his ears and started to shout.

“You see?” I said. “That’s what I mean. That’s just a silly example, but the truth is that you can’t create the future in a mountain of denial. We all make mistakes. We all need someone else’s hand once in a while. You didn’t know that quote, who cares? I won’t think any less of you, my friend”

“Yes, I mean, I know… but it’s not like that. I thought you knew me better” said Gabriel grumpily.

“Do you even know you?” I asked him “The answer of that question is so big that it doesn’t matter if you know it yet. I’m still trying to figure it out in my own life. And it doesn’t matter anyways, you are not even real”

“What the hell are you talking about? He asked me.

“Frankly, you are just the product of my imagination. I missed so much the real Gabe that I have created you in my head and now I’m just having an imaginary conversation with you.” I said. “I do miss having these stupid arguments with you”

“Dude, that’s lame, you need to hook up pronto”

“¡Cállate! ... yeah, I know”

febrero 03, 2010

La enamoradiza doña Dulcinoa de Alaró

CAPÍTULO CCCLV


QUE TRATA DEL ENCUENTRO DE LA FERMOSA DULCINOA CON SU PROFESOR DE LITERATURA ANDANTE Y DE CÓMO NO FUE CAPAZ DE DIRIGIRLE LA PALABRA, CON OTRAS COSAS DIGNAS QUE SE CUENTAN EN ESTA GRAN HISTORIA.

Aconteció está historia un día de febrero en cierto lugar del campus universitario cuyo ubicación geográfica no recuerdo bien si se escribía Valldemosa o Valldemossa. No ha mucho tiempo vivía una joven estudiante de las que lleva el Pedraza en mano, claustro las mañanas, Cortázar por las más noches, va a la Riera algunas tardes y sale por el Marítimo los fines de semana. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Inoa o Ainhoa, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben. Pero eso no importa a nuestro cuento mientras no se salga un ápice de la veracidad.

Hay que saber que los ratos que estaba ociosa – que eran los más del año – se daba a estudiar filología con tanta afición y gusto, que olvidó de casi todas sus faenas cotidianas. Y de tanto estudiar, de tanto leer a Quevedo y a Góngora y de tan poco respirar aire puro que no fuese el del claustro, que se le secó el cerebro a la pobre moza. En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar con el más extraño pensamiento que jamás dio una dama en el mundo, y que fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su dicha y su servicio a la República, enamorarse del profesor de literatura del Siglo de Oro  con el que no había tenido clases desde 1998. Y con tan agradables pensamientos, comenzó a escribirle cartas y a componer poemas, a meditar en él todos los días. Vino a llamarse Doña Dulcinoa, nombre a su parecer digno de ser reconocido por su amado profesor. Soñaba con el día en el que su Profesor de Literatura Andante la tomara de los brazos enérgicamente, le susurrase cosas sublimes a oído y le dijese:

– Mi soberana y alta señora, dueña de mi corazón, hoy es menester que vengas conmigo al seminario de don Quijote y por la noche a la presentación del libro de Paco y Almudena.

En fantasear con su amor se enfrascó la famosa Dulcinoa, y llenósele de fantasía todo lo que escuchaba de su profesor, mas no osaba dirigirle la palabra.

Uno de estos encuentros ocurrió en la cafetería del Ramón Llull al mediodía. Comía Dulcinoa su croissant de jamón york y queso junto a otras fermosas zagalas; Yolanda Martorell Nicolau y su compi Patribel Simo Borrego. Fue en ese momento en que nuestra moza se levanta a por otro croissant de jamón y queso cuando se da cuenta que su afamado Profesor Andante se encontraba al lado de las maquinas de café. Estaba junto a su famoso escudero, Perfecto Cuadrado. Ahí se los podía ver al alto y delgado Profesor Andante y su regordete escudero enderezando tuertos, emendando sinrazones y ayudando a cada menesteroso con su bolígrafo y sus clases que parecían que nunca acababan. Ella se detuvo y vio a su osado caballero y pronunció en voz alta como si verdaderamente fuera enamorada:

– ¡Oh señor de este cautivo corazón! Oh, dichosa era y siglo en la que saldrán a luz las famosas hazañas suyas, dignas de entallarse en bronces. 

Yolanda y Patribel la miraban descojonadas sin entender que le pasaba a su amiga. Dulcinoa se tapaba la boca, esperando que él no la hubiese escuchado.

¡Ta, ta! – dijo Yolanda – no me digas que él es tu profesor andante.

Por supuesto – dijo nuestra moza – este es el señor de mi corazón y pensamientos al que le debo mi honor y lealtad.

Bien lo conozco – dijo Patribel –, y sé decir que es el profesor más quijotesco que hemos visto pasar por el Ramón. Dicen que es capaz de hablar del Amadís por más de cinco horas sin detenerse a respirar. Sé muy bien decir que un día mató a unos desafortunados alumnos de aburrimiento cuando les leyó La Madonna Fiometa y Cárcel de Amor con comentarios y notas de página. Sé muy bien porque es historia real, que denantes que habló de don Quijote, vino con adarga antigua y rocín flaco a ayudar a los menesterosos alumnos que no se habían leído ni el prólogo.

– Eso da igual – replicó Dulcinoa – por lo que yo quiero a mi Caballero andante, vale más que el más alto príncipe en la tierra. Pero no puedo hablarle. Me da mucha vergüenza, mas le he escrito un poema, ¿queréis que os lo recite? 

Las dos mozas dieron a entender que tenían mucho interés en conocer el poema. Dulcinoa sacó su portátil, se metió a su blog, y comenzó a decir en voz alta:

¿Pues sabes qué te digo?

Que me da igual tu pretendida
Indiferencia.

Que me gustan tus zapatos y
Tu cortado de las doce y cuarto.

Tu bufanda a cuadros rojos y
El tono grave de tu voz.

Tus huellas en los pasillos y
El punto de chulería que tienes al andar.

Que si quieres hago un máster en
Rinocentorología.

Que si quieres te recito a Wang Wei
En Hungría.

Que me aprendo los emblemas, todos,
Del Barroco español

Y

Te los escribo en un examen, así,
Sin más.

Que me matriculo a tu asignatura y
Aparezco un día en tu despacho


Te digo: “que sepa que estoy
Enamorada de usted”

(y no me ha hecho maldito caso.
No tiene corazón.)

– ¡Por la vida de mi madre! – dijo Yolanda en escuchando el poema –, que es la más alta cosa que jamás he oído! Vos, mi fermosa amiga, has de ir en este mismo instante a declarar las grandezas a aquel tan señalado Profesor Andante. 

Mas Dulcinoa no pudo hacer nada y se mantuvo en la mesa terminando su croissant de jamón y queso, imaginándose al que había dado el título de señor de sus pensamientos, mientras Antonio y Perfecto se marchaban en busca de algún otro tuerto. Mientras los veía marcharse, Dulcinoa no parecía afectada. Es más, le pareció peregrino y significativo seguir soñando con su Profesor de Literatura Andante. Y así mientras Patribel y Yolanda volvían a sus faenas puesto que habían llegado a la conclusión de que su pobre compañera se había quedado con menos sesos que los que asistieron a la clase de su amado, nuestra enamoradiza Dulcinoa se quedó bajo el hechizo de aquel distinguido señor, pensando que en un año más lo tendría para ella sola cuatro horas a la semana, cuando finalmente cogiera su clase.

enero 27, 2010

¿Cómo proteger tus ideas en la era digital?

No lo hagas.

En su lugar, créate una reputación de alguien que sabe como propagar buenas ideas.

Se puede cobrar por organizar ciertas ideas de cierta forma, pero las ideas son de todos, y así como el teorema de Pitágoras es gratis, nadie debería cobrarnos por usar ideas. Por eso creo que las leyes en cuanto a copyright han de cambiar.

Esta reflexión me vino después de leer una columna de Rodríguez Ibarra en el País.

diciembre 31, 2009

Este año nuevo quisiera mandarle muchos saludos a:


Mi amigo que se fue a Asia, le robaron todo y ahora está perdido y sin pasta; a mi amigo que pasó cincuenta y cinco horas en el hospital esperando que su chica diera a luz (¡felicidades papá!). También envío un saludo a mi amiga que no se decide con cuál de los tres chicos con los que sale quedarse, y a la que no se decide a salir con ninguno. También un saludo muy especial a mi primo que mira las estrellas, a mi primo que le gusta la Guerra de las Galaxias, al que solo le gustan los combos y los misiles y al que le gusta el reggaeton. Un cariñoso saludo a mi compañera de clase que estuvo a punto de salir con un testigo de Jehová y a la que vuelve y rompe con su novio casi cada semana. También un saludo muy especial a mi amiga con la que compartimos el coche y nos reímos de todo (que comencis s'any amb bon peu!), la que me pasa los apuntes cuando no voy, a la que siempre dejo comentarios en su blog, y la que camina como pingüinito con sus tacones de dos metros. También a esa amiga que es guapísima, pero siempre piensa que está gorda y fea. También muchos saludos a mi amigo de la infancia que está a punto de ser padre, y también a mi amigo que va por el segundo hijo. No me puedo olvidar de mi amiga irlandesa que canta y bebe cerveza mejor que San Patricio. También a la inglesa, la francesa, la sueca, la noruega y la finlandesa. También a mis amigos del verano, con los que bebo cañas, me rio, pero no sé más de ellos a parte de lo que pasa cuando vamos de marcha. Un saludo muy cariñoso a mis amigos con los que viajamos a Africa, a los que conocí en los Estados Unidos, en Inglaterra y en Francia, y a los que acabo de conocer hace poco. También envió un saludo a todos esos amigos con los que no tengo contacto hace muchos años y no tengo idea lo que están haciendo. También envió un saludo especial a todos mis enemigos, y a la gente que no le caigo bien. También un saludo a todos los amigos que haré en 2010.Y a todos los demás, que no voy a terminar si me sigo refiendo a cada uno.

Gracias a todos, ¡Feliz 2010, muchos abrazos y besos!

diciembre 24, 2009

Navidad en el hospital

Hace unos años recuerdo que para navidad, mis primos organizaron una colecta para dar juguetes en navidad para los niños más necesitados. Recuerdo el día que fuimos ese hospital, fue increíble ver la cara de esos niños al ver que esta navidad tendrían algún regalo, a pesar de que eran en su mayoría un montón de juguetes usados y gastados que la mayoría de los niños que conozco te los tiraría por la cabeza.

Recuerdo que mis primos, que tienen el corazón de la madre Teresa, se acercaban, les abrazaban, cantaban con ellos y sus madres. Yo no lo hacía. No sé por qué – bueno si lo sé… por un lado estaba pensado que en la noche tenía una fiesta… y por otro que simplemente me daba vergüenza saludar a madres y niños desconocidos.

Más tarde me avergonzaría y arrepentiría de mi propio egoísmo. Eso es lo que hacemos comúnmente. Siempre hay alguien que necesita de nuestra ayuda, nuestro cariño y nuestro tiempo – y ese alguien no suele estar más lejos que a una calle de distancia, una llamada telefónica, o un correo electrónico – pero estamos tan nublados en nuestro propio egoísmo que a veces nos perdemos la oportunidad de hacer la navidad de otro, un poquito más especial.

Feliz navidad.

diciembre 20, 2009

Walt Whitman

Era un soleado día de otoño, el follaje comenzaba a caer y los cielos estaban más azules que nunca. Pensé que sería una buena idea parar un momento en un verde llano que hallé camino a la universidad, puesto que tenía que leer un poema para la clase. Aparqué cerca del camino y fui hasta una encina que había a unos metros de ahí. Me senté bajo la sombra de ésta, sobre la hierba y las hojas secas, mientras una fresca ventisca pasaba entre mis dedos. Saqué el libro, su título era, Leaves of Grass de Walt Whitman. El primer poema se titulaba "Song of Myself" y decía:

I celebrate myself, and sing myself,
And what I assume you shall assume,
For every atom belonging to me as good belongs to you.
I loaf and invite my soul,
I lean and loaf at my ease observing a spear of summer grass.
My tongue, every atom of my blood, formed from this soil, this air, […]


¡Qué inmenso poder me hacían sentir aquellos versos! elevaba mi espíritu el sólo contemplar aquellas pequeñas cosas; el sol, la briza, el mirar crecer la hierba. El viento refrescaba mi rostro; mi mente trascendía a través de los parajes más profundos de mi pensamiento, mientras agradecía por aquel catártico momento que la vida me otorgaba.

¡Mierda! Se está moviendo…

No puedo creer que lo haya dejado cuesta arriba y que haya olvidado poner el freno de mano. A pesar de que corrí lo más rápido que pude, no pude evitar que cayera en un pequeño dique al otro lado del camino. No era muy profundo, pero sí lo suficiente para no poder sacarlo sin pdeir asistencia.

Mientras esperaba que llegase la grúa, sentí la impotencia de estar atrapado en ese desabrido llano, sin ningún entretenimiento aparte de mirar cómo crecía la hierba. El viento comenzaba a enfriarme la cara y las manos: el sol se escondía y las nubes se ennegrecían; mas lo peor de todo es que aún tenía que engullirme esos versos de aquel desabrido poema.

diciembre 06, 2009

Aliens en la Araucanía

Lo que voy a contar me sucedió hace más de trece años, aunque por ser tan vivos aquellos recuerdos en mi cabeza aún me es posible recordar ese ansioso y nervioso desconcierto que sentí con mis primos, al ser testigos de los fenómenos de aquella noche. Eran los años noventa. Solía ir de vacaciones con mis primos y abuelos a la región de la Araucanía. Ciertamente es una tierra llena de leyendas, magia y prodigios. Por esta razón mis primos y yo, que éramos muy sensibles a lo sobrenatural, manteníamos la viva esperanza de encontrarnos con algún espíritu, fantasma, trauco o caleuche merodeando por aquellos bosques, lagos y volcanes. Algún día, pensábamos, en aquellos montes bajo alguna de esas araucanas de más de mil años estaría el ánima de Lautaro o Caupolicán la cual nos transportaría por los páramos más salvajes de aquellas regiones. Sin embargo, aunque siempre creímos en la posibilidad de encontrarnos con lo fantástico, nunca imaginamos que nos fuésemos a encontrar con extraterrestres.

Rodrigo, Sebastián y yo éramos pequeños, pero sabíamos muy bien de lo que estaban siendo testigo nuestros ojos. No estábamos aterrorizados, pero sí algo nerviosos, aunque a la vez nunca habíamos sentido tanta emoción. El tibio viento estival apenas refrescaba el tenso ambiente de aquella seca noche de febrero. De cerca se sentía el sonido de las olas del lago Calafquén rompiendo las piedras de aquel peñón en el que nos encontrábamos, los pájaros carpinteros hacían sonar aquellos viejos trocos secos y el silencio se adueñó de todos nuestros sentidos. Ningún ruido en el exterior nos distraía, y ya nada nos importaba, ni siquiera el hecho de habernos escabullido de noche sin permiso de los abuelos, o de haber dejado a Juanjo sólo en la cabaña durmiendo. Por ahora, los tres mirábamos al cielo confundidos, temerosos, pero maravillados de lo que podría estar a punto de pasar. Aunque quería barajar la posibilidad de que todo tuviera una explicación lógica, no podía parar de sentir más fuerte que nunca que lo que estaba sucediendo en el cielo era un prodigio nunca visto.

– No podemos quedarnos aquí – les dije a mis primos – hay que avisarles a las autoridades lo antes posible que estamos ante una invasión marciana.

– ¿Qué te hace pensar – dijo Rodrigo – que esas intensas luces en el cielo son seres de otra galaxia? A lo mejor son satélites de la CIA, o tal vez solo son estrellas fugaces.

– ¿Y cómo sabes que son de Marte? – me dijo Seba – odio la gente que mezcla el término marciano con extraterrestre. Obviamente no son marcianos, ya que está comprobado que no hay vida en el planeta rojo. Te agradecería que hablaras con propiedad y los llamases extraterrestres o alienígenas.

– Está bien, perdona – le respondí – les llamaré alienígenas; respondiendo a tu pregunta Rodrigo, eso sería imposible, no pueden ser satélites, que yo sepa nunca van en grupo. No hay otra explicación, son alienígenas.

– Creo que tienes razón – dijo Rodrigo –y tampoco pueden ser estrellas fugaces, ya que nunca se moverían de aquella manera tan aleatoria, dando vueltas de un lado a otro pero en grupo. Es increíble que parezcan los típicos platillos voladores que se ven en la ciencia ficción. Todos brillan casi tanto como la luna. Es increíble la manera en que se mueven: juntos haciendo giros aleatorios para luego todas las naves juntas hacer círculos en el cielo.

– Créeme, estos son alienígenas. – dijo Seba – Sabía que algún día invadirían este planeta… sólo que tenía la esperanza que para entonces ya tuviéramos los medios necesarios para combatir su avanzada tecnología de combate. Esas vueltas tan extrañas son la señal que sus naves están haciendo una danza de guerra, así como las hacen los indios. Y hablando de mapuches, ¿no dije yo que la profecía de la Machi que nos encontramos en la feria artesanal era real?

– Esa no era una Machi – le dije – no era más que una señora mapuche pechugona que se quejaba de la ocupación de sus tierras.

– Sí era una Machi – me respondió Seba – tenía una tienda llenas de pócimas y encantamientos, Juanjo y yo vimos como hacía unos encantamientos para curar a un enfermo.

Fuera verdad o no que la señora fuese un hechicera mapuche (para mí y Rodrigo no era más que la señora que vendía indios pícaros) lo cierto es que es por ella que estábamos allí esa noche. Aquella tarde habíamos estado en la Feria Artesanal de Villarrica con los abuelos. Sebastián y Juan José habían ido a la tienda de la señora mientras yo acompañaba a Rodrigo a comprarse una cortapluma. Según los pequeños, ella les dijo que muy pronto sería el fin del mundo, como estaba pregonado en las leyendas de su pueblo. Y puesto que Sebastián y Juan José apenas tienen 7 y 8 años, para ellos muy pronto significaba esa misma noche, así que estaban seguros que hoy sería el fin del mundo. Yo no podía creer que fuesen tan ingenuos de creer cuentos de brujas, cuando en realidad era sólo la señora arisca que vestía un poncho y de la que ni siquiera estaba muy seguro que fuese mapuche. Al parecer también les había dicho que serían seres de otro planeta los que se encargarían de sembrar el caos y traer el fin, pero yo creo que eso se debe a que los pequeños escucharon lo que querían escuchar, incluso si fuera una machi de verdad, no me la imagino hablando de extraterrestres.

Una vez de vuelta en la cabaña, Sebastián nos insistió tanto a mí y a Rodrigo, que al final accedimos a ir a la península aquella la noche, ya que allí, pensaba, seriamos los primeros en avistar la invasión alienígena. Rodrigo era el que más se oponía en desobedecer a los abuelos, pero luego lo convencimos gracias a su amor por las estrellas, y aunque no viésemos ovnis, probablemente con la poca luz que hay, se verían todos los astros del hemisferio sur. Esperamos que los abuelos y Jimena se durmieran, y cuando al fin lo hicieron nos escabullimos. No llevamos al pequeño Juan José porque dormía como un tronco, y Rodrigo nos dijo que su hermano no tenía buen despertar.

Habían pasado veinte minutos desde que llegamos al mirador de la península, y estábamos atónitos ante los eventos que ocurrían en frente de nuestras narices. Los tres sentíamos un inquietante nerviosismo que nos provocaba desconcierto y emoción a la vez, y aunque no queríamos que los extraterrestres acabaran con nosotros y con el mundo, al mismo tiempo lo que más queríamos era ver el poderío bélico de aquellos seres.

–Tenemos que hacer algo – dijo Rodrigo – huyamos, volvamos a casa al menos para vivir estas últimas horas con nuestros seres queridos.

– Es demasiado tarde – respondió Sebastián – ya parece que han comenzado a atacar. A lo lejos escucho sus rayos desintegradores destruyéndolo todo.

– Sí, yo también los escucho – les dije – es como un rayo electrónico, como los que se ven en las películas, a lo mejor están desintegrando el otro lado del pueblo. Es verdad lo que dices Seba, probablemente no llegaremos a tiempo, antes que todo sea destruido, pero al menos deberíamos intentar volver.

– ¡No! – Replicó Sebastián – a mí nadie me mueve de aquí. Tengo una posibilidad única de ver extraterrestres en mi vida, y no la voy a desperdiciar. Sí, me van a matar, que sea así, pero al menos me iré de este mundo feliz.

– Seba no nos podemos quedar aquí– le regaño Rodrigo – ¿sabes lo que te harán sí te cogen?

–No tengo ni idea, nunca he visto a uno. ¿Y Tú?

– Bueno, tampoco no tengo idea. Pero seguro que no es nada bueno, así que mejor nos vamos.

– A ver será mejor que analicemos la situación – interrumpí – ¿Qué hacemos? ¿Corremos y vemos por última vez a la familia o morimos en manos de los aliens?

– Tenemos que volver – dijo Rodrigo – nuestras familias nunca nos lo perdonarán y además…

– ¡Qué más da! – le interrumpió Seba – Ya no nos van a poder castigar. Además creo que el Tata querrá que nos quedemos aquí y luchemos en lugar de salir corriendo. Es verdad, moriremos, pero al menos moriremos luchando como alguna vez lo hicieron los grandes Toquis que lucharon con tanta valentía en estos montes.

– Sí pero no podemos dejar de…

– ¿Y acaso tú no eres un boy scout? – le volvió a interrumpir Seba – ¿acaso no es tu deber proteger a los necesitados? Pues ahora toda la humanidad nos necesita. A lo mejor no servirá de nada, pero es nuestro deber, y hay que cumplirlo.

Ante las razones del pequeño Seba, Rodrigo no pudo discutirle más. Le ha tocado su vena de explorador, y ante todo él sabía que tenía un deber que cumplir. Era el más ordenado y cumplidor, pero también no se perdonaría jamás el haber huido. Entre todas las historias del Tata, las películas, y los dibujos animados, sabíamos perfectamente que a todos nos llegaba el momento de huir o de enfrentarse al mal.

Nuestro momento había llegado. Rodrigo saco su cortapluma y rápidamente se hizo una lanza con unas rama larga que había en el suelo. Sebastián cogió un pequeño troco redondo y ovalando por un lado, pero con una rama robusta que le salía por otro, por lo que tenía forma de maza. Yo cogí unos piñones que había en el suelo y con una cuerda que encontré en el camino, cree una especie de boleadora, bastante poco efectiva. Salimos del mirador, y fuimos en dirección a la playa chica, ya hasta allí parecía que se aproximaban las brillantes naves espaciales.

Al bajar vimos troncos caídos y mucha vegetación seca que le atribuimos a que los extraterrestres ya habían comenzado sus planes de conquista. Los alienígenas estaban acercándose. Apagamos nuestras linternas rápidamente, salimos de la ruta principal y nos escondimos entre unas araucanas, ya que eran los árboles más grandes y frondosos del lugar. Había un hueco entre las raíces en el cual nos metimos. Mientras tanto, escuchamos a lo lejos una ramita quebrándose, lo que lamentablemente no podía significar otra cosa que había patrullas alienígenas inspeccionando la península. Los pasos se hacían cada vez más cercanos, y a lo lejos una luz comenzó a dar vueltas. Estaban aquí

– Bueno aquí están –Susurré a Sebastián – por fin vas a tener tu encuentro cara a cara.

– ¡Sí! – Exclamó Sebastián con mucho entusiasmo – No se me ocurre otra manera mejor de morir. Aunque siento mucha pena que el Juanjo no esté con nosotros. ¡Qué bien nos los hubiéramos pasado!

Creo que Rodrigo y yo también teníamos mucha curiosidad de ver cómo eran estos seres. Había tantos formas de los que podían aparecer; humanoides, reptiles, gigantes, monstruos etc., que cada uno se estaba haciendo una imagen mental de lo que podía ser.

– A lo mejor no nos matan– dijo Rodrigo– a lo mejor están en fase de exploración y nos llevan cautivos a su planeta.

– ¡Sí! Aún mejor – dijo Seba – sí fuera así me gustaría que me hicieran parte de su circo, así me daría la oportunidad de conocer todo el planeta.

– No recuerdo de ninguna película que los extraterrestres tuvieran un circo – les dije – lo más probable es que te lleven a tus laboratorios a hacer pruebas.

– ¡shh! – dijo Rodrigo– se están acercado. En unos segundos aquella luz, que seguro que sale de su ojo, nos va alcanzar. ¿Esperamos que nos ataquen o atacamos nosotros?

–Atacamos – le respondí – al menos así tendremos el elemento sorpresa. ¿Seba, estás listo?

– He estado toda mi vida listo para este momento.

Los tres salimos de detrás de la araucaria y nos dirigimos hacia aquella extraña luz. Rodrigo era él primero ya que era el único que andaba con un cuchillo. Los tres teníamos nuestras improvisadas armas en posición de combate lanzando gritos de guerra, aunque con nuestras agudas cuerdas vocales de niños parecían los gritos de una mujer cantando con la voz desafinada. Lamentablemente, mientras corríamos hacia aquella luz, me tropecé con un cordón que tenía desabrochado y me caí encima de Rodrigo haciendo tropezar también a Sebastián. La luz estaba encima de nuestras cabezas, mientras yacíamos desilusionados de nuestra mala suerte. Pensábamos en lo vergonzoso que sería morir de esta forma tan torpe. Sin embargo, en lugar de un rayo desintegrador, lo que había detrás de aquella luz era una voz más que familiar.

– Por fin los encontré, estaba seguro que habían venido a la Península.

Era Juan José. El pequeño apenas de siete años nos había estado siguiendo toda la noche. Sebastián se alegro mucho de tener a su compañero de juegos en la lucha contra los alienígenas. Probablemente ya lo sabía, ya que seguro que había visto las luces de las naves espaciales. Sebastián apuntó al cielo y le dijo:

– No vas a creer lo que hemos visto – le preguntó Sebastián – Mira esas luces que hay en el cielo. ¿Sabes lo que son?

– Sí, las luces que salen de la disco que hay en la playa. ¿No te acuerdas que la tía Jimena nos lo explicó ayer?

– Ah, es verdad. Se me había olvidado.

noviembre 21, 2009

¡A los peloteros!



Mientras leíamos esta entrada con Desdemona, del blog de mi primo Sebastián, tuvimos la siguiente conversación:

(Desdemona es un nombre que me he inventado, ya que la persona con quién he tenido esta conversación no me ha dejado utilizar su nombre por motivos personales)

Desdemona: ¿Por qué tenemos que aguantarle a él sus estupideces si él no es capaz de aguantar las de los demás? ¿Acaso es dueño de la verdad absoluta?

Yo: Bueno, al menos es divertido. Voy a dejarle un comentario en su blog.

Desdemona: Pero critícalo y dile que no sea tan tonto. No vayas a decirle lo bien que escribe y que es una pobre alma incomprendida.

Yo: ¿Por qué iba a decirle yo algo así?

Desdemona: Porque te gusta hacer la pelota.

Yo: ¿Yo?

Sí, lo soy. ¿A quién voy a engañar? Por eso es que nunca escribo en contra de nadie ni nada. No me mojo la camiseta, quiero estar en buena con Dios y con el diablo. Siempre que puedo evitar conflictos con la gente lo hago, incluso cuando signifique darle la razón a otra persona que no pienso que la tenga. ¿Para qué me voy a complicar más la vida?, si ya es complicada con los problemas que tengo por el mero hecho de existir.

Me doy cuenta que estoy, incluso ahora mismo, haciendo la pelota. Me estoy haciendo la pelota a mí mismo, ya que estoy realzando mi capacidad de autocrítica y mi humildad. También se la hago al Seba, quien sí es capaz de manifestar su disgusto y aborrecimiento por prácticamente todo lo que se mueve bajo el sol. No es algo de lo que este necesariamente orgulloso, pero tampoco es algo que me importe admitir. Sí no sé reconocer mis propios fallos, estoy negando lo más intrínsecamente humano en mí.

noviembre 15, 2009

En la entrada de la Casa Usher

No sé como llegué hasta allí, pero aquella noche no pude evitar sentir una insoportable tristeza invadiendo mi ser al contemplar por primera vez la casa de los Usher. Era un cuadro tan abrumador que me imposibilitaba entender la causa concreta de mi congoja. Era un edificio estancado en el tiempo, con paredes agrietadas y enmohecidas, puertas y ventanas putrefactas y gárgolas que me hacían sentir una mezcolanza de pánico, nerviosismo y escalofríos. Parecía una casa del terror si no fuera porque el miedo era tangible y perturbador, lo que me amargaba cada instante en el que pensaba aventurarme entre esos muros. Intentaba recordar las causas por las que estaba en ese lugar mas no recordaba razón alguna, aunque toda esta escena, no hacía más que traerme una confusa impresión de déjà vu.

Al cruzar el pórtico gótico de la entrada principal, toda esta zozobra fue aun más intensa. Los misteriosos jardines que rodeaban la casa parecían un cementerio sin tumbas, cuervos que por doquier que me lanzaban una escalofriante mirada oprimían aún más mi espíritu. A medida que me acercaba, imágenes confusas y distorsionadas pasaban por mi cabeza; Madeleine – ella es una de las moradoras de este lugar. ¿De dónde la conozco? Su recuerdo era el de una dama fantasmagórica que cruzaba por mi mente y desaparecía. Estaba enferma, o muerta o algo entre medio. Vino a mi imaginación una tumba en la que ella estaba viva. En eso escuché un ruido en los arbustos que casi me mata, pero resultó no ser más que unas ratas. Estaba a punto de llegar cuando recordé a Roderick Usher. El dueño de esta demacrada morada, si bien no estaba muerto, lo veía muy enfermo y débil, con un cuerpo corrupto y una mente perturbada tocando el borde de la demencia. A pesar de esto, no lograba encajar todas las piezas, ni entendía las misteriosas razones que me habían llevado hasta allí. Esto me perturbaba aún más ya que era más inquietante pensar en lo que me podría a encontrar en ese tenebroso lugar.

Estaba solo a unos metros de la puerta principal cuando recorde que un señor sin nombre también era parte de esta historia. Mientras intentaba recordar, súbitamente, desde el interior escuché el grito más aterrador que he escuchado en mi vida. Semejante chillido me produjo un pánico que me paralizó completamente. Sin curarme de aquel espanto, vi que aquella persona la cual no podía recordar salía despavorido por la puerta principal, mientras que un enorme temblor sacudía toda la tierra. Salía tan horrorizado el pobre hombre que no notó mi presencia, y como yo aún no salía de mi espanto nos tropezamos y caímos. Rápidamente me cogió del brazo y ambos huimos despavoridos mientras él me hacía ver una grieta en el techo (la cual no me había percatado antes) se iba ensanchando. De pronto pasó un furioso soplo de torbellino, y ante nuestros ojos se desplomaron los pesados muros y tejados, y hubo un largo estruendo que ocasionó el desplome de la Casa Usher.

Mientras corríamos despavoridos, yo le preguntaba qué significaba todo esto, qué podría haber pasado en esta casa para que se hubieran desencadenado todos estos perturbadores acontecimientos. Entre el ruido que aún producían los escombros, alcancé a escuchar que Madeleine había sido enterrada viva, pero que ahora ella y Roderick estaban muertos. El resto no podía escucharlo bien, pero oí algo acerca de gemelos, endogamia, locura, sangre, muerte, desesperación, para luego escuchar solo un murmullo ininteligible que poco a poco se iba desvaneciendo, ya que me había despertado pero aún estaba en esos segundos en los que aún piensas que los sueños son reales. Abrí los ojos súbitamente y mi corazón seguía latiendo con mucha prisa como suele ocurrir con las pesadillas.

Me di cuenta que me había quedado dormido en mi escritorio.En mi portátil había un documento en blanco con el título; "Comentario de La caída de la casa de Usher" y ese mismo cuento de Poe estaba a mi derecha. ¿Y ahora qué? Perdí la oportunidad de saber si Madeleine mató a Roderick o si murieron con la caída de la casa. Sin embargo, lo que más me decepciona es que jamás sabré por qué la casa cayó en ese preciso instante – no tiene sentido, sólo le da más emoción al final del cuento.